Rezos colombianos como arma contra los secuestros

La comunidad de Colombia se reunió en la Iglesia de San Ignacio para exigir el fin de las atrocidades de la FARC

Instante en que todos rezan en la Iglesia de San Ignacio.
Instante en que todos rezan en la Iglesia de San Ignacio.
Juan R. Belloso / Almería

21 de julio 2008 - 01:00

Aunque se encuentran a miles de kilómetros de Colombia, no olvidan el significado de sus raíces y sienten el mismo dolor que quienes todavía se encuentran inmersos en un régimen déspota, donde pierde sentido cualquier sinónimo de paz y libertad.

Con motivo de la celebración del Día de la Independencia de Colombia, medio centenar de personas se reunieron ayer en la Parroquia de San Ignacio de Loyola, en Piedras Redondas, para celebrar una misa en conmemoración a todos los compatriotas que se encuentran secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Mujeres, padres, ancianos y niños fueron testigos de una emotiva eucaristía donde dieron a conocer las atrocidades que se cometen diariamente en un pueblo castigado por la historia.

Cuando finalizó la misa, impartida por el párroco Carlos Huelín, los colombianos unieron sus manos y rezaron un Padre Nuestro. Minutos después, el silencio se apoderó de aquel instante y resonó por primera vez en Almería el himno Nacional de la República de Colombia. "En estos momentos nuestro país se encuentra en un proceso de recuperación muy lento. Nuestros campesinos se encuentran en manos de las mafias, las guerrillas y los paramilitares. Desafortunadamente los trabajadores se ven obligados a dar comida a los guerrilleros. Cuando los paramilitares se enteran, los tachan de colaboradores de la guerrilla y los asesinan a todos", reconoce el colombiano Alberto Bothert Montolla.

Los testigos denuncian que en muchas ciudades y barriadas colombianas la guerrilla y el ejército están afiliados. "La mayoría de los que estamos aquí hoy salimos de nuestro país por las constantes amenazas de secuestro. Tengo la esperanza de que Uribe acabe de una vez por todas con la delincuencia y la violencia colombiana", indicó Esperanza Sandoval, una mujer procedente de Cali que trabaja actualmente para la Asociación Almería Acoge, encargada, también, de la organización del evento.

Cuando finalizó la eucaristía ofrecieron un espectáculo con los bailes más típicos de su país: La Cumbia, el Sanjuanero, el Bambuco y la Marimba. Esta última, fue representada por cinco mujeres y dos niñas.

Vestidas con falda ancha teñida en blanco impoluto, las mujeres movían elegantemente sus caderas, creando una variedad de figuras características de esta danza de cortejo. El hombre que baila la Cumbia lleva sombrero, pantalón y camisa blanca. La única prenda de color es un pañuelo rojo, con el que rodea a las bailarinas mientras revolotea alrededor de ellas. "Cada baile tiene un traje típico. Las faldas llevan dibujadas los paisajes de las diferentes ciudades de Colombia. Es un baile que aprendemos desde que somos niñas, porque forman parte de la religión y la cultura de nuestros antepasados", indicó María Alensis, quien se encargó, también, de ofrecer una amplia variedad de comida con los platos más típicos de la gastronomía colombiana. "He cocinado mancitas de chodo, una comida elaborada con maíz, harina, leche y huevo. Es el plato típico del Valle del Cáucaso. Las empanadas también son de maíz y de trigo y he traído una bebida refrescante llamada Champús que aquí no se toma, pero que nosotros conocemos desde niños", admitió Alensis.

Después de comer, en la sobremesa, los mayores contaban sus historias y sus impresiones tras la reciente liberación de Ingrid Betancourt. "Creo que se ha dado un paso hacia adelante muy importante. Los secuestros en Colombia casi nunca acaban con un final feliz. Eso quiere decir que el Gobierno de Uribe está haciendo muy bien su trabajo. Creemos en él porque es un luchador y algún día, si le dejan hacer su trabajo, podrá acabar con la mafia y las guerrillas de una vez por todas", señaló Bothert.

Al finalizar la mañana todos volvieron a sus casas con la esperanza de que descienda el número de secuestrados de la FARC, que este año ya asciende a las 2.800 víctimas que residen en el territorio colombiano.

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