Tragado por el mar

El lado oscuro de la Transición

Aún se desconocen las causas de la desaparición en 1989 del helicóptero encargado de vigilar la actividad, posiblemente relacionada con el narcotráfico, de unas embarcaciones en la zona del mar de Alborán

José Ángel Pérez / Periodista

28 de junio 2009 - 01:00

EN una de las habituales labores asignadas a los efectivos del Servicio de Vigilancia Aduanera a través de sus medios aéreos, dentro de la programación de servicios de control y vigilancia de costas, fue demandado uno de los helicópteros de esta Unidad dependiente del ministerio de Hacienda, asignándosele para la primera quincena del mes de diciembre trasladar en comisión de servicio su base operativa al aeropuerto de Almería. Su misión especifica era la de controlar entre la capital almeriense y la provincia de Málaga, cualquier incidente relacionado con el mundo del narcotráfico, que se pudiese detectar en el mar de Alborán.

Empezaba a oscurecer y la dotación del helicóptero empezó a llegar al aeropuerto de Almería. Dentro del plan de trabajo para la noche del 15 de diciembre de 1989, se le había participado al comandante de la aeronave Alfonso Blanch la orden de sobrevolar el mar de Alborán en misiones de vigilancia, al detectarse cierto movimientos de embarcaciones recreativas, próximo a la zona de la mar Chica en aguas marroquíes cercanas a Melilla sospechosas de su posible implicación en temas del narcotráfico.

El helicóptero no logró llegar a su destino, el mar se lo tragó. Lo que pudo ocurrir, tras el paso de los años, continúa siendo un misterio. Las causas que provocaron la desaparición de la aeronave en alta mar, no llegaron a ser esclarecidas técnicamente en un cien por cien.

Alfonso Blanch, piloto e instructor de vuelo, antes de pertenecer a Helipsa con base en Madrid, la empresa a quien el Servicio de Vigilancia Aduanera le tenía asignada la contratación de los medios aéreos, tenía en su currículum una notable hoja de servicios profesionales con varias miles de horas de vuelo y una gran experiencia desarrollada tanto en Europa como en los Estados Unidos. En esas fechas, Allfonso Blanch estaba próximo a cumplir la edad reglamentaria para seguir desarrollando su actividad profesional como piloto.

La aeronave salió del aeropuerto de Almería, en torno a las siete de la tarde. La noticia de la desaparición del helicóptero se conoció horas más tarde, una vez que el mecánico de vuelo que se encontraba en tierra, no pudiese establecer contacto con el helicóptero al transcurrir las cuatro horas de autonomía de vuelo del aparato.

Tras establecerse comunicaciones con los aeropuertos más cercanos de Málaga y Melilla, se comprobó que el helicóptero no había tomado tierra en ninguno de ellos durante ese tiempo por lo que se activó de inmediato el plan de emergencia para su localización.

La operación de búsqueda y localización se centró frente a las costas de Almerimar. La impresión tenían las autoridades aéreas, fue que el helicóptero sufrió el accidente, unos veinte minutos más tarde de despegar del aeropuerto de Almería. Desde el viernes 15 de diciembre, más de un centenar de personas empezaron a movilizarse rastreando un amplio radio de millas frente a las costas del poniente almeriense. Embarcaciones de la Armada, Vigilancia Aduanera, Guardia Civil e incluso algunos pesqueros almerienses, unieron esfuerzos para rastrear la zona donde se sospechaba que pudo haberse producido el accidente, desplazándose desde Algeciras varios helicópteros del SVA y un avión del Servicio Aéreo de Rescate. Esa noche la búsqueda fue infructuosa.

A las siete y media de la mañana del sábado 16 de diciembre, a unas ocho millas, en donde se sospechaba que pudo haberse producido el siniestro, uno de los marineros del pesquero almeriense "Las Marías" con base en el puerto pesquero de Roquetas de Mar, detectó el cadáver de uno de los tripulantes del helicóptero, flotando boca arriba y con los brazos en cruz a escasamente dos millas de la costa de Cerrillos.

El cadáver no presentaba signos de rigidez y correspondía a Asdrúbal Ferréiro Niño, de 30 años de edad, natural de Madrid y copiloto de la aeronave. En su chaleco de aviador, figuraba el numero profesional del fallecido. 407-5672200, perteneciente a la empresa Helipsa, concesionaria de estas unidades para el Ministerio del Interior.

El copiloto fue rescatado, por la dotación del pesquero, trasladando su cadáver hasta el puerto de Roquetas. A juzgar por los detalles que presentaba, se calculó que el accidente se produjo unas siete u ocho horas antes y las primeras hipótesis, apuntaron a que el helicóptero- que no ha llegado a ser localizador, ni el cadáver del otro tripulante tampoco- no llegó a explotar, sino que por causas no determinadas, se habló de un posible despiste, o una avería súbita en los altímetros hizo que el aparato perdiera estabilidad cayendo al mar en picado ya que al parecer volaba muy bajo.

De nuevo y durante unas doce horas se volvió a rastrear la zona de este a oeste en un amplio radio entre Adra y la playa de Cerrillos con resultado negativo. Los familiares del piloto y del copiloto se desplazaron hasta Almería para seguir de cerca todas las labores de búsqueda y ocuparse del traslado del cadáver de Asdrúbal Ferréiro hasta su localidad natal en Galicia.

Los años han ido pasando y no se ha llegado a aclarar meridianamente que fue realmente lo que provocó el accidente. El helicóptero continúa en el fondo del mar y el cadáver del comandante piloto Alfonso Blanch, atrapado en su interior dentro de la estructura del aparato. Ni avezados pescadores de la zona, junto a especialistas y buceadores del buque de la Armada "Guadalmedina" equipados con cámaras hiperbáricas, que durante dos semanas rastrearon toda la zona, encontraron restos algunos del aparato que posibilitara el rescate del cadáver del comandante o de la aeronave siniestrada.

Tres años mas tarde se produjo en la provincia almeriense otro accidente de helicóptero de funestas consecuencias. Fue el 18 de septiembre de 1992. Ocurrió en una zona próxima al poblado de Las Menas de Serón Dos personas resultaron muertas y otras cinco heridas de diferentes pronósticos al estrellarse y posteriormente incendiarse un helicóptero del IARA cuando los ocupantes regresaban a la base después de intervenir en la extinción de un pequeño conato de incendio declarado en la sierra de Los Filabres. En los primero momentos se pensó, dadas las circunstancias del accidente que no hubiese supervivientes.

Una imprevista y fuerte tormenta que en esos momentos descargaba en la zona provocó que el piloto perdiese el control sobre el aparato y la caída de la aeronave, donde murieron Miguel Cano Pérez de 56 años de edad y Pedro Antonio Membrives Rubio de 33 años, ambos vecinos de Serón. Tanto los fallecidos como los heridos, excepto el piloto, formaban parte de un reten del INFOCA, plan contra incendios forestales en la comunidad autónoma andaluza.

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