Almería

VÉLEZ RUBIO. Damas Catequistas

Dolores Rodríguez Sopeña

Entre los altos edificios de la calle Reyes Católicos, la iglesia de la Sagrada Familia es el principal vestigio del paso por Almería capital de las Damas Catequistas, fundada por Dolores Rodríguez Sopeña y Ortega. Beatificada por Juan Pablo II en marzo de 2003, la Congregación para las Causas de los Santos corroboró “la curación milagrosa del obrero Victoriano Herrero Pérez, realizada en 1957”. En Vélez Rubio dos obras del escultor Juan de Avalos la hacen presente ante sus paisanos: busto en la parroquia de La Encarnación y estatua de bronce en la plaza del Rey.

Dolores Rodríguez Sopeña Dolores Rodríguez Sopeña

Dolores Rodríguez Sopeña / vallecastodocultura.org

Vino al mundo el 30 de diciembre de 1838 en la casa-palacio que en la carrera del Mercado poseía José Joaquín Álvarez de Toledo Silva, marqués de Los Vélez. La razón de su cuna se debe a que el padre, Tomás Rodríguez Sopeña, era su administrador general. Como magistrado residió con sus hijos y esposa -la palentina Nicolasa Ortega- en localidades de La Alpujarra, hasta 1865 en que fue destinado como juez a la Audiencia de Almería.

Un nuevo ascenso los llevó a Santiago de Cuba y Puerto Rico, donde Dolores abrió escuelas de alfabetización para nativos. De regreso a Madrid, en 1877 contactó con el jesuita López Soldado, reemprendiendo su labor benefactora. Sempiterna viajera, a sugerencia del obispo Ciriaco Sancha fundó su primera Asociación de Apostolado Seglar que pronto se extendió por Andalucía, consolidándose la Obra de las Doctrinas. En 1901 firmó el acta constitucional del Instituto de Damas Catequistas “Dolores Sopeña” y seguidamente la Obra Social y Cultural “OSCUS”. Las tres ramas de las que se compone la Familia Sopeña en España, Italia y América.

La llamada “madre de los obreros”, falleció en Madrid el 10 de enero de 1918. En Almería, además de OSCUS, queda su nombre en el rótulo de una calle y en la capilla-casa rectoral de Reyes Católicos. Proyectada por el arquitecto López Rull, se adorna con pinturas de Carlos López Redondo. La tarde del 18 de marzo de 1903 fue bendecida por el prelado Santos Zárate. Propiedad del Obispado, hace unos años la cedieron al culto católico bizantino. La hoy beata también visitó la ciudad pero no tuvo reflejo en la prensa local. Solo una desconsiderada reseña en el Boletín Eclesiástico: (…) Llegó al palacio episcopal doña Dolores Sopeña, una señora de voz varonil…

La tiplecita de la voz de cristal

El investigador laujareño Florentino Castañeda fue el primero en contar y cantar los éxitos de Laura Nieto Oliver, bautizándola como “la tiple de la voz de cristal”. Aunque retomó los escenarios, por amor los abandonaría definitivamente. Nacida en Vélez Rubio el 16 de abril de 1907, aquí falleció el mismo día y mes de 1989. En diciembre de 1933 suspendió su carrera de triunfos tras casarse con el médico Rafael López García. Se establecieron en Taberno pero, movilizado por la República en la guerra, sería dado por desaparecido en Castellón, quedando viuda con un hijo, Rafael.

Laurita Nieto caracetrizada Laurita Nieto caracetrizada

Laurita Nieto caracetrizada / D.A.

Siendo alumna del colegio María Inmaculada, Laurita ya apuntó las condiciones que la convertirían en una de las líricas más grandes de su tiempo. En 1928 marchó a Madrid, matriculándose en el Conservatorio de Música y Declamación, en el que impartía clases el actor Enrique Chicote, su descubridor y mentor. Pronto destacó en unos estudios que simultaneaba como solista con la Orquesta Filarmónica, Cultural de Música y Sinfónica de Madrid, con la que en junio de 1929 ofreció un concierto memorable. Con ambas estrenó La Nochebuena del Diablo y Las canciones playeras, antes de que el maestro Benedito la recomendase a la Masa Coral de Madrid. Tanto en España como en Argentina y Uruguay, donde viajó contratada por el maestro Guerrero, sus triunfos operísticos y de zarzuela (en las que no desdeñaba intercalar jotas, peteneras y fandanguillos) ocuparían páginas en los periódicos: teatros Cómico, Eslava, Zarzuela, Fuencarral… En marzo de 1932 estrenó Luisa Fernanda (música de Torroba) en el Calderón. Y con la compañía del Teatro Lírico Nacional hizo lo propio con Las Golondrinas, de Usandizaga (con esta obtuvo resonantes éxitos en Buenos Aires al interpretar su versión operística). Antes, en abril de 1931, en el Ateneo de Madrid y con asistencia de Manuel Azaña, su presidente, tuvo que bisar hasta en tres ocasiones el Himno a la República -letra de Antonio Machado-, arropada por la banda del Cuerpo de Alabarderos.

Tras la guerra se reincorporó a los escenarios. Inédita en Almería, la expectación se hizo patente al incluirse en el programa de Feria de 1943, anunciada en función de gala: domingo 22 de agosto, teatro Cervantes. La primera parte la cubrió la Banda de Música de la Aviación de Madrid y la segunda, Laura Nieto Oliver, la tiple de la voz de cristal. Acompañada al piano por Rafael Barco, desarrolló un amplísimo repertorio de música clásica y popular española. Noche que quedó en los anales del coliseo.

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