“La actividad máxima del americio en Palomares se producirá entre los años 2030 y 2033”

Carlos Sancho y Yolanda Benito han liderado durante décadas las investigaciones del Ciemat y en sus valoraciones a lo largo de los años de la situación radiológica han incidido en que no ha habido ni habrá riesgo para la población

Palomares cumple 60 años con el plutonio aún bajo tierra y sin salida cerrada

Técnicos de Estados Unidos y el Ciemat en una visita conjunta a Palomares
Técnicos de Estados Unidos y el Ciemat en una visita conjunta a Palomares / Carlos Barba / EFE

Una delegación de técnicos de Estados Unidos e investigadores del Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) vieron sobre el terreno la realidad de la “contaminación radioactiva” de Palomares en visita conjunta en febrero de 2011. Una etapa en la que las dos administraciones se unieron para perfilar un plan de limpieza de las zonas afectadas que quince años después no se ha llegado a materializar. Dos de los científicos que han liderado durante décadas la fiscalización de la situación radiológica de esta pedanía de Cuevas del Almanzora de apenas 2.000 habitantes, Carlos Sancho y Yolanda Benito, explicaban en una entrevista a este periódico la realidad empírica de su labor investigadora en Almería a los tres años de aquella visita que hicieron con los americanos.

En el informe elaborado por el Ciemat se indica que existen alrededor de 50.000 metros cúbicos de tierra contaminada con concentraciones de americio (241Am) con valores superiores a los niveles de referencia para uso sin restricciones establecidos por el Consejo de Seguridad Nuclear. Al ser preguntados por el riesgo real para la población, Carlos Sancho dijo lo siguiente: “Desde su inicio, el Programa de Vigilancia Radiológica Ambiental y Personal en Palomares ha consistido en la revisión del estado de salud y el control de la posible contaminación interna de aproximadamente 150 personas al año. Entre 1967 y 2013, se examinaron 1.158 personas y se realizaron 5.446 pruebas médicas y controles de bioeliminación. Los resultados de los exámenes no han mostrado ningún resultado que haga sospechar una morbilidad específicamente inducida por las radiaciones ionizantes. El accidente no ha tenido incidencia sobre la salud de los habitantes de Palomares, si bien existe contaminación residual en el entorno. El mantenimiento del Programa de Vigilancia Radiológica Ambiental y Personal asegura un control del riesgo en la zona”.

En sus investigaciones no se ha constatado ningún riesgo, si bien al ser preguntado por esa contaminación y su evolución temporal, Sancho exponía unas claves que no deben pasar desapercibidas ahora que se van aproximando las fechas señaladas: “El nivel de radiación en Palomares lo motiva el americio descendiente del plutonio (241Pu). La actividad del americio irá aumentando con el paso del tiempo, en tanto que la del plutonio disminuirá. La actividad máxima del americio de Palomares se producirá 73 años después de la purificación del combustible de las bombas, es decir, entre los años 2030 y 2033, aunque ya en el año 2010 se produjo el 95 % de la actividad de ese isótopo. En todo caso el nivel de radiación de Palomares es insignificante, tal y como se deduce de los informes elaborados por el Ciemat”.

Visita de los investigadores americanos a la pedanía de Palomares
Visita de los investigadores americanos a la pedanía de Palomares / Carlos Barba / EFE

El americio es un isótopo con radiaciones del tipo gamma, lo que quiere decir que puede generar riesgos para la salud superiores a las del tipo alfa porque son más penetrantes -eletrcomagnéticas- y afectan a los que estén cerca del área contaminada sin necesidad de que inhalen el polvo. ¿Por qué 2030 si las bombas cayeron en 1966?. El accidente dispersó el material, pero no iniciaba el reloj nuclear. La producción en serie de las bombas termonucleares B28 por la Guerra Fría se produjo en 1958, de forma que cuando ocurrió el accidente sobre el cielo de Almería podían contar con un envejecimiento radiológico de un mínimo de ocho años.

Años más tarde, en 2022, se jubilaba Carlos Sancho con la condición de emérito y Yolanda Benito Moreno se convertía en la directora general del Ciemat. En un nuevo balance del estado de la investigación explicabalo siguiente: “La situación no ha cambiado significativamente respecto a la de antes. No ha habido ninguna exposición ni ningún riesgo para los ciudadanos. Efectivamente en los próximos años la actividad de americio aumentará con respecto al tiempo (para luego volver a descender), pero este incremento de actividad no influirá en el riesgo radiológico”. Tanto Sancho como Benito han defendido en todas y cada una de sus intervenciones que "los resultados son perfectamente compatibles con la vida normal en Palomares", por lo que no existe ningún riesgo para las personas ni los animales y productos agroalimentarios de esta comarca.

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