La Almería que yo conocí

Memorias

Paseaba tomando el sol por la Rambla de Almería cuando me vino a la mente el recuerdo de mi infancia

Almería en la VIII Feria Internacional del Campo de Madrid de 1970

La Molineta
La Molineta / D.A.
Juan Uribe Salmerón
- Profesor Técnico de Enseñanza Secundaria

16 de enero 2026 - 23:30

Mi familia vivía en la calle Padre Santaella, antes de 1939 se llamaba calle de La Crónica, paralela a la calle Rueda López, antes calle de la Vega y perpendicular a la calle Javier Sanz y Reyes Católicos, frente a la antigua Escuela de Artes hoy IES Celia Viñas, nombre de la joven profesora de Instituto que yo tuve el honor de conocer como alumno, en 1946.

Aquella rambla que en esos años separaba la ciudad de la Vega, fue embovedada según el proyecto realizado por el arquitecto D. Antonio Góngora en la década de 1990 a 2000 previo la construcción de ocho presas en la cabecera de las cuencas. En la actualidad, “La Rambla” Avenida Federico García Lorca es una principal avenida cubierta de árboles y fuentes merecedora de todos los elogios. La rambla que se cruzaba por un puente de hierro que comunicaba la Avda. de la Estación con el lateral de la Escuela de Artes, calle Eguilior.

Recuerdo que en el espacio que hoy ocupa el edificio de Sindicatos, calle Javier Sanz, cuando aún no había llegado el asfalto, había dos herrerías de propietarios distintos, una al lado de la otra, donde se construían en la fragua las herraduras y en la misma calle se herraba a los caballos y burros con unos clavos que tenían una cabeza poliédrica.

En estos años los niños jugábamos al futbol, las porterías estaban marcadas por dos piedras, en medio de la calle sin pavimentar, con una pelota de trapo y tiras de goma de las cámaras de las ruedas de los pocos coches o camiones que había en la ciudad, bailábamos el trompo, competíamos a las canicas, corríamos con un aro o bajábamos a la Rambla a subirnos en las moreras a coger hojas de mora para los gusanos de seda que guardábamos en una caja de zapatos y observábamos como se encerraban en capullos de los cuales poco después salía una mariposa que ponía unos minúsculos huevos y volvía a realizarse el ciclo vital de su especie pasados unos meses.

También hacíamos otras travesuras un tanto peligrosas. En el puerto se desembarcaba azufre a granel que era usado para curar las parras, de tal manera que podíamos coger un puñadito de azufre sin que nadie nos regañara. En casa solía haber clorato potásico para tratar las heridas de la boca, mezclábamos el azufre y el clorato y obteníamos un explosivo que al darle con una piedra detonaba con estruendo.

Otros días jugamos a policías y ladrones dentro de los refugios que diseñó D. Guillermo Langle, nos introducíamos por alguna de sus bocas y salíamos por otra. Nos íbamos al puerto a echarle pan a los peces desde la escalinata real, o a ver entrar o salir a los barcos desde el morro o el faro del puerto.

En la calle Padre Santaella había un taller mecánico “Autógena Cuadrado” donde empecé a trabajar a los 14 años, en el que además de tornos y otras máquinas herramientas existía un espacio con pulidoras para restaurar piezas cromadas o plateadas sustituyendo el recubrimiento con un baño de níquel.   

 En el espacio no cubierto estaba la sección de soldadura eléctrica y autógena más una fundición de cubilote en la que además de palear la arcilla roja refractaria para los moldes, se partían a golpes con un marro de 8 kg. los lingotes y la chatarra de hierro colado para fundir.

El Hogar Juvenil de la calle General Segura, centro de reunión de los chicos pertenecientes al Frente de Juventudes también era un sitio al que podías frecuentar a jugar al Pin Pon si tenias suerte de encontrar la mesa sin ocupar. Estaba enfrente del Cine Hesperia, donde por muy pocas pesetas podías ver una película sentado en el gallinero, espacio este en el piso superior, equipado con bancos de madera sin respaldo y con un fuerte olor a Zotal.

En verano, por la mañana nos íbamos a la playa, a las Almadravillas o a San Miguel y nos guardaban la ropa en un chiringuito de madera y cañas por un módico precio, tiempo después al Club Náutico. Por la noche solíamos ir a la primera proyección en la terraza del cine del Tiro Nacional ubicado al pasar el puente de la estación, o al cine Versalles, donde hoy está la Plaza de los Derechos Humanos.

En 1946 se inaugura el Estadio de la Falange, un espacio en la vega al que acudíamos a ver los partidos del Moto Aznar o a hacer atletismo con Emilio Campra.

Frente al Estadio se estaba construyendo la Ciudad Jardín, 1941/1947 pero no se llegó a asfaltar la calle hasta después de 1960. Afirmo esto por que en lo que hoy es la plaza de D. Francisco Saiz Sanz, magnífico profesor de matemáticas que tuve el honor de conocer como profesor y como compañero en la Escuela de Formación, se celebraban los exámenes prácticos para la obtención del carnet de conducción de motocicletas, examen que aprobé en la primera convocatoria, con una Lambreta de 150 cv. 

Mi tío José, aficionado a la Entomología me llevaba a coger mariposas a la Molineta. En esa época era una espaciosa elevación del terreno producido posiblemente por tierras aluvión depositas por la rambla de Belén al norte de la ciudad de Almeria. Además de mariposas se podían observar lagartijas e insectos menores, pero lo mas interesante eran las vistas de la ciudad, que se agolpaba bajo la monumental Alcazaba.

No hacía mucho que las cuevas y terraplenes de la Molineta habían servido de refugio cuando sonaba la alarma por los bombardeos que en 1937 hicieron el acorazado Canarias y el crucero Deutschland, cuando la capital almeriense terminaba en la rambla. Aún quedaban vestigios del paso animal y humano por aquellas colinas, por las que era frecuente ver a un pastor de cabras pasar con su pequeño rebaño.

Terminada la Guerra Civil, aquella Almería que había sido republicana hasta el final de la guerra, la que había acogido a los miles de malagueños que huían de las tropas de Franco en la famosa y cruenta “desbandad” buscando la ayuda del Socorro Rojo fue tratada con mano dura, vilipendiada y menospreciada por el nuevo régimen durante muchos años.

Ni la natural riqueza minera de la provincia de Almería, con sus minas de oro de Rodalquilar, plata y plomo en Sierra Almagrera y Enix, que dejaron cantidad de divisas para el estado, ni los mármoles de Macael y Olula del Rio, ni las canteras de yeso de Tabernas, mayores exportadoras del mineral en el mundo, ni la ingente cantidad de barriles de uva que se exportaban a Inglaterra, fue suficiente para elevar el nivel medio económico de la población, declarada en los años 50 y 60 como la provincia más pobre de España.

El 2 de octubre de 1951 empiezan las clases en La “Escuela de Formación” como se la conocía en el argot de la capital y provincia la cual se inauguró el 11 de mayo de 1952 con la asistencia del ministro D. José Solís Ruiz.

Aquella Institución Sindical de Formación Profesional, fue un magnífico centro de enseñanza que acogía en su internado a los mejores chicos de los pueblos de la provincia, niños que de otra manera nunca hubieran podido salir del terruño y a los adolescentes de la ciudad de Almería, todos ellos hijos de familias que en los años de la posguerra crecían en un régimen de subsistencia y la posibilidad de quedarse a comer y a merendar en la Escuela era una gran ayuda para las casas.

Los 200 alumnos que iniciaron su formación en las instalaciones de la Escuela asumieron desde el primer día el régimen pro castrense de su estancia en ella. Antes de entrar a clase se formaba por grupos en el patio y se cantaba el Cara al Sol. En fila de a uno se marchaba a clase o a talleres y antes de entrar se formaba en el pasillo, el jefe de grupo le daba la novedad al profesor y le comunicaba si faltaba algún condiscípulo.

Cuatro años después emerge la primera promoción de oficiales de la industria, torneros, fresadores, ajustadores, matriceros, electricistas, bobinadores, soldadores, forjadores, fundidores, carpinteros, ebanistas, tallistas, modelistas.

En este contexto y con una inexistente posibilidad de empleo en Almeria aparece la emigración de muchos jóvenes a los centros de la incipiente industrialización de España, Altos Hornos de Vizcaya, fábrica de camiones Pegaso, fábrica de camiones Barreiros en Madrid, Seat en Barcelona. Otros marcharon a Europa, principalmente a Alemania y Suiza.

No obstante, la capacidad de resiliencia del pueblo almeriense su facultad de adaptación, trabajo e innovación también tuvo una repercusión importante en el sector primario. Otros jóvenes nacidos en pueblos donde la agricultura empezaba a florecer se quedaron en sus orígenes haciendo que poblaciones como el Ejido, Roquetas de Mar, el campo de Nijar, y la vega de Almería, llegaran a ser grandes exportadoras de hortalizas a toda Europa.

No fue fácil desde el principio. Se de primera mano que en 1952 un pariente mío taxista en Valencia, recibió en herencia una importante finca en Roquetas, A mi pariente, poco versado en agricultura, se le ocurrió hacer en el predio una plantación de naranjos que trajo de Alcira.

Los naranjos no llegaron a florecer, entre la salinidad del terreno y los vientos las plantas se quemaron. Los volvió a plantar otro año cerrando previamente la parcela con setos de cañas para preservarlos de los vientos y otra vez los tuvo que arrancar porque los naranjos no prosperaron. La salinidad de la tierra y el agua de riego procedente de pequeños pozos también impedían crecer todo aquello que no fuera una higuera o una palmera.

Poco después, el Instituto Nacional de Colonización, dependiente del Ministerio de Agricultura, ente creado en 1935 por el Gobierno de Franco para restaurar la agricultura perdida en la Guerra Civil, entre otras grandes actuaciones como la creación de nuevos poblados agrícolas, realizó una serie de pozos de gran calado con los que suministrar agua de mejor calidad para regar toda la zona del Poniente de Almería.

En el año 1955, corrió como la pólvora el rumor de la experiencia perpetrada por el agricultor D. Juan Sanchez Romera, el cual había extendido varios camiones de arena sobre un bancal de la tierra salitrosa de su finca, habiendo logrado un importante rendimiento. Así es que, imitando la actuación de dicho agricultor, los colonos de Aguadulce y Roquetas y posteriormente en otras zonas de suelo similar vertiendo arena de las playas cercanas sobre sus fincas obtuvieron una mayor producción de hortalizas.

En 1950 Aguadulce contaba con 27 casas y 300 habitantes, al día de hoy viven en Aguadulce unas 20.000 personas ya que su proximidad con la ciudad la ha convertido en residencia habitual a un importante grupo de almerienses, además de ser en verano una excelente ciudad turística.

El campo de Roquetas que, igual que el de Aguadulce tenía un suelo de excesiva salinidad, poco a poco fue recubierto con arena obtenida en las playas cercanas y puesto en producción. En esa década de 1950 con la utilización del Plástico para la fabricación de invernaderos, y la utilización del riego por goteo, sistema inventado en Israel, el crecimiento de la producción agrícola fue extraordinario.

En 1953 el Instituto Nacional de Colonización aprueba el Plan General de Colonización del Campo de Dalías y desarrolla San Agustín y Las Norias de Daza, a donde los colonos llegan en 1956. Como consecuencia, a mediados del siglo XX, El Ejido que contaba con algo más de 3000 habitantes se convirtió en el mayor ejemplo de la agricultura intensiva de la provincia de Almería donde el sector primario genera prosperidad y empleo.

En abril de 1960, viajaba en moto desde Almería a Adra a diario para cubrir mi puesto de Maestro del Taller Escuela. A partir de El Parador de las Ortichuelas hasta Santa Maria del Aguila donde había unas casitas, no había una sola vivienda. Solo al llegar al Ejido que, hasta 1981 fue dependiente del Ayuntamiento de Dalías, el terreno edificado era mínimo. Una línea de casas a cada lado de la carretera, calle principal, que terminaba al final en una pequeña gasolinera.

Aquella revolución agrícola supuso para Roquetas, El Ejido y otras zonas de la provincia, un importante aumento de la población venida principalmente de la Alpujarra, creándose pueblos agrícolas construidos por el Instituto Nacional de Colonización en el Campo de Dalias, Guardias Viejas, San Agustín, Las Norias de Daza, y Campo Hermoso en el Campo de Níjar,

En la actualidad El Ejido es la tercera ciudad más poblada de la provincia de Almería solo precedida por la capital y Roquetas de Mar. En el año 2025 la población del Ejido asciende a más de 91.000 personas de las cuales casi el 32% son extranjeros principalmente procedentes de Marruecos.

También en Roquetas de Mar el aumento población fue exponencial, de manera que en 2025 supera los 111.500 habitantes, siendo por ello el mayor municipio de la provincia de Almería. En la actualidad Roquetas de Mar se ha consolidado como destino turístico para ciudadanos de toda Europa, que en vuelos chárter llegan durante todo el año al aeropuerto de Almería inaugurado en 1966.

Actualmente la zona de invernaderos de Roquetas, El Ejido y el resto del poniente Almeriense se conoce como La Huerta de Europa, también Mar de Plástico. Esta última denominación se debe a que la NASA observó que la gran extensión de invernaderos es la primera estructura creada por el ser humano perfectamente visible desde el espacio, antes incluso que las pirámides de Egipto.

Es notoria la evolución de Almería y su provincia en estos últimos 80 años que yo he residido en ella y me orgullezco como almeriense de su progreso. Y que esta Rambla de Belén siga por muchos años siendo el lugar de encuentro de amigos y visitantes tomando el Sol que siempre alumbra la ciudad.

Mar de plástico
Mar de plástico / D.A.
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