Ni Amazon le encuentra: 20 años viviendo en la calle sin nombre de Almería
El vecino de Cabo de Gata que recibe sus paquetes en el bar y solo es ‘localizable’ para la Agencia Tributaria
José López Jiménez, Pepe, buscaba el paraíso y terminó en un limbo administrativo. Este ceutí de nacimiento y gaditano de corazón decidió que la costa almeriense sería el refugio perfecto para una jubilación besada por el mar de Cabo de Gata. Sin embargo, su retiro en la Almadraba de Monteleva se ha convertido en una carrera de obstáculos que dura ya más de dos décadas. El motivo es tan surrealista como asfixiante: oficialmente, su calle no existe.
“Soy invisible”, afirma Pepe con una mezcla de resignación y hartazgo. Un fantasma en su propio hogar. Su vivienda forma parte de un complejo de tres bloques de apartamentos construidos hace veinte años. En su día, la promotora bautizó la vía como avenida Mirador, dada sus envidiables vistas a Las Salinas. La empresa instaló el rótulo correspondiente —que todavía hoy preside la fachada— y se realizaron los trámites ante el Ayuntamiento de Almería. Pero, por algún error nunca subsanado, el nombre jamás llegó a formalizarse en el registro oficial. Y simplemente no existe.
Lo que podría parecer una anécdota burocrática es, en realidad, un castigo diario. Pepe describe su situación como vivir en “modo supervivencia”. En la era de la hiperconectividad, él no puede contratar ni fibra óptica ni telefonía fija; cuando introduce sus datos, el sistema de las compañías rechaza la dirección por “inexistente”.
Este aislamiento no es solo digital, sino también físico y administrativo. El temor es constante ante una posible emergencia, pues si Pepe necesitara una ambulancia o los bomberos, estos difícilmente lograrían localizar su vivienda en situaciones donde los minutos pueden ser vida.
El bar, la oficina 'amiga' de Correos
La logística diaria es igualmente caótica: “Amazon tiene autocompletado de calles, así que no soy válido”, explica con frustración. ¿La solución? “Tengo que recurrir al bar, bendito bar”, comenta sobre el establecimiento local que hoy hace las veces de su particular oficina de correos. “Vivir en una calle sin nombre es muy bohemio, pero el repartidor de Amazon ya me llama ‘el del calleión del misterio’”, ironiza.
Una comunidad de 48 residentes en la misma situación
El problema no es solo recibir paquetes; la falta de registro oficial impide la contratación de servicios básicos como internet de alta velocidad o telefonía fija, y complica críticamente la llegada de servicios de emergencia como el 112 Andalucía en caso de necesidad. Pepe es la cara visible de esta situación, pero no él único. Son 48 los residentes en estos tres bloques de viviendas, que esperan todavía respuesta del Ayuntamiento al escrito enviado como comunidad después de la petición desatendida formulada por Pepe hace ahora un año.
Paradójicamente, la Agencia Tributaria es el único organismo que parece no tener problemas para localizarle, aunque la falta de un buzón oficial provoca que Pepe se haya tenido que enfrentar a recargos por notificaciones ordinarias que nunca llegaron a sus manos. A pesar de sus múltiples intentos por regularizar la situación, la respuesta de la administración siempre es la misma: “No es nuestro problema que su calle no esté registrada”. Mientras tanto, sigue atrapado entre un rótulo que promete una avenida y una realidad oficial que le niega el derecho a existir en el mapa.
Mientras el mundo avanza hacia ciudades inteligentes y mapas por satélite que ven cada rincón del planeta, Pepe López sigue anclado en un vacío cartográfico que le roba derechos ciudadanos básicos. No pide lujos, solo la dignidad de tener un domicilio donde el cartero llame a su puerta y no a la de un bar y dejar de ser ese fantasma en su propio hogar.
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