Almería

73 añosdel bombardeo nazi a Almería

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Todos los muertos son iguales y a todos se les llora por igual, sean del color que sean. Por eso es tan legítima la reivindicación de los "perdedores" de enterrar dignamente a sus deudos después de localizarlos. Sin embargo, no todas las muertes son iguales. Se puede entender la baja de un soldado en el combate o la violencia sobre personas de especial significación política e ideológica. Pero no la masacre de una población civil alejada de las trincheras. Así ocurrió en Almería de manera indiscriminada durante tres años: 50 bombardeos fascistas, 202 muertos, centenares de heridos, 500 edificios destruidos… Ruina y desolación sobre una ciudad indefensa y abierta al Mediterráneo por donde penetró la Escuadra nazi sembrando el terror. Se impone, en su homenaje, el recuerdo de lo ocurrido aquella mañana de hace hoy justo 73 años y en otras muchas mañanas de dolor.

Cronología de luto

El goteo de enterramientos en el Cementerio Municipal capitalino fue incesante. Comenzó el 8 de noviembre del 36 con el ataque a la Campsa y siguió con el alevoso de la mañana de Reyes siguiente: siete personas sacadas de los derrumbes, incluidos dos párvulos. El 12 de febrero de 1937, cuando mayor número de refugiados de Málaga se concentraban en calles, plazas y Puerto, a las siete de la tarde cinco trimotores (Saboias italianos y Santa María españoles ostentaron el triste récord de vuelos) "arrojaron unas cuarenta bombas graduadas de gran tamaño y potencia". Los daños físicos fueron cuantiosos aunque el número de fallecidos es, cuanto menos, controvertido. Diario de Almería afirma que horas después habían extraído de entre los escombros "unos ocho muertos, la mayoría mujeres". Un informe del Gobierno Civil dice que causó "medio centenar de muertos y cerca de cien heridos". Nuestra sorpresa es mayúscula al revisar los Libros de Enterramiento del Archivo Municipal y los del Registro Civil (oficiales y exhaustivos): en ninguno se inscriben los 50 del informe gubernamental ni los ocho del Diario. ¿Por qué no se hizo; cuántas bajas hubo realmente?

Ahora la metralla se ceba en dos barcos atracados en el Puerto. El ataque del 12 de marzo al mercante "Monte Toro" se salda con dos defunciones. El siguiente conmociona a la ciudadanía y aún hoy es recordado con emoción y rabia por quienes fueron testigos del lance. Al amanecer del 27 de mayo otra escuadrilla de cinco trimotores invade nuestro cielo alcanzando al acorazado leal Jaime I: 6 marineros muertos y veinticinco heridos. El sepelio desde el Hospital constituyó una multitudinaria manifestación de duelo popular.

Metralla nazi

El 26 de abril del 37 la Legión Cóndor masacró desde el aire al pueblo vasco de Guernica. Y el 31 de mayo Adolfo Hitler ordenó repetir -desde el mar- la experiencia con Almería capital, como si se tratara de un ensayo general ante la conflagración mundial que se avecinaba. Dado que el episodio y las presuntas causas que lo originaron (hundimiento de un barco alemán en aguas de Ibiza) han sido suficientemente repetidas, me limitaré a un breve resumen. A las 6 :30 de aquel día -alineados como a doce kilómetros de la escollera del Faro- el acorazado de bolsillo Admiral Scheer y los destroyers Albatros, Leopard, Seadler y Lluchs, escoltados por dos submarinos, iniciaron su misión devastadora. Baste decir que durante tres cuartos de hora arrojaron, en parábola y abanico, 300 proyectiles en forma de obuses y granadas rompedoras. Con total impunidad. De La Chanca a la Plaza de Toros, y de ahí para abajo, hasta el Parque, sus huellas se hicieron visibles en edificios civiles y ninguno militar, porque no los había: Estación, Cruz Roja Internacional, Socorro Rojo, Hospital Provincial, Ayuntamiento, teatro Cervantes, Catedral, iglesias de San Sebastián y San Pedro… Y lo irreparable: 30 mujeres y hombres, de distinta edad, al Cementerio y un centenar a curar las lesiones. ¡Qué difícil se nos hace el perdón a pesar del tiempo transcurrido!

Trampas mortales

Además del informe gubernamental nombrado existe otro (AMAL, 23 de mayo 1939) que amplía el estadillo de los bombardeos sufridos por la capital, daños y víctimas. Aquí contabilizan dos desgracias de las que hasta ahora, que yo sepa, nada se había escrito. Ambas tienen a la boca de los refugios como protagonistas. Quien los haya visitado sabe que las escaleras de bajada son angostas y muy pronunciadas, por tanto debe hacerse con precaución (Orden, orden, orden era la recomendación). Esto no ocurrió la noche del 2 de marzo de 1938 (7 bombas, 2 edificios dañados) ni la del 18 de febrero de 1939, próximo a concluir la guerra. En la primera hubo, al intentar acceder precipitadamente, 19 víctimas por ¡Asfixia! En la segunda, coincidiendo con la movilización de la llamada "quinta del saco", subió dramáticamente a 45 (el mayor contingente del trienio), pisoteadas, magulladas y, en definitiva, muertos por asfixia y politraumatizados en su afán de salvarse prontamente de la metralla. De ellos 22 niños de entre 3 meses y 15 años. Malditos sean los hombres de mala voluntad. Maldita su barbarie y cobardía.

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