Apoteosis con Miguel de Tena y Antonio de Quero en El Morato

Crónicas desde la Ciudad

El Morato vivió el pasado viernes las espectacular actuación del cantaor Miguel Ángel de Tena Martínez con Antonio de Quero a la guitarra

Magnífico inicio de curso en la peña El Morato

Miguel de Tena y Antonio de Quero
Miguel de Tena y Antonio de Quero / D.A.
Antonio Sevillano Miralles
- Cronista. Edición: David Cuesta

27 de enero 2026 - 07:00

Aunque se trate de una verdad propia de Perogrullo, conviene no olvidarla: el flamenco nació, creció y se desarrolló en Andalucía. Andalucía fue su útero y cuna. Latitud sureña que tuvieron muy presente los expertos de la UNESCO a la hora de incluirlo en el selecto Catálogo de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en su sesión anual celebrada en noviembre de 2010 en la ciudad keniana de Nairobi.

Pero es tal su grandeza que supo aflorar auténticas gemas artísticas en territorios bien alejados de su origen. Es el caso -por concretar a alguno de ello a título de ejemplo- de los bailaores Vicente Escudero (Valladolid), Carmen Amaya (Barcelona) y Antonio Gades (Alicante); los guitarristas Agustín Castellón “Sabicas” (Pamplona) y Ramón Montoya (Madrid) o los cantaores Rafael Farina (Salamanca), Juan Varea (Castellón), Ángel Sampedro “Angelillo” (Madrid) y el toledano Israel Fernández (¡qué inmensa velada nos brindó no hace demasiados meses!). Tanta grandeza como notoria su influencia en los gustos musicales de dos comunidades limítrofes: Región de Murcia (Campo de Cartagena) pese a que aquí su máximo exponente, Rojo el Alpargatero, era alicantino, de Callosa de Segura. Y como no, Extremadura, la recia tierra que enarbola como santo y seña a Porrinas de Badajoz, al Marqués de Porrinas, antecesor y paisano de Miguel Ángel de Tena Martínez (Ruescas, 1976), Lámpara Minera en 2006 entre otros preciados galardones. Rotundo cantaor que, con la sonanta de Antonio de Quero, arrancó sucesivas oleadas de ovaciones en el transcurso del recital con el que nos obsequió el pasado viernes. Una actuación que superó con creces las expectativas creadas entre los socios e invitados que por enésima vez colgaron el cartel de “no hay billetes” en la sede-cueva de la peña morata, hospitalaria y respetuosa.

Tuve el placer de presentarlo en el carbonero castillo de San Andrés en el marco del magno festival en homenaje al cabal aficionado Antonio Segura al que concurrió un nutrido y excelente elenco de cantaores y guitarristas en la noche del pasado 7 de agosto. Honor que se repitió compartiendo mesa con su viuda Antonia López, a quien Miguel le dedicó uno de los temas predilectos de su esposo: Canto a Córdoba (letra del pastor poeta Julián Sánchez Prieto y música del maestro de maestro Pepe Marchena) ¡cinco minutos en los que se pararon los pulsos del respetable! Emoción que se repetiría con la milonga, de Angelillo, a su compungida suegra a la que serví de anfitrión. O en el fandango de El Americano que le solicitó Antonio F. García en recuerdo a su padre, quien en la Cueva de los Medinas la aprendió en una de aquellas radiogramolas perdidas en la memoria tecnológica y con el que solía arrancarse (con buen gusto) en reuniones de amigos y familiares.

El repertorio de Miguel de Tena resultó tan extenso como intenso, rematando con interminables tandas de fandangos cada una de las dos partes de la velada. Debo confesar que, en mis muchas décadas de vivencias en este mundillo del cante, toque y bailes no he conocido a otro intérprete que dominaran las mil y una variante por tal “palo”. Solo, quizás, al buen amigo que ya nos abandonó, el almeriense Juan Gómez Belmonte: de Palanca, Gordito de Triana, Gabriel Moreno, Marchena, El Americano, Valderrama, Pepe Pinto, etc. Con el añadido de la canción aflamencada “Noche de Reyes” que tanto éxito alcanzo en la voz del marido de Pastora Pavón Cruz “Niña de los Peines”.

Y en el ínterin: peteneras, la caña, granaínas, alegrías (Miguel Vargas, La Perla, Juan Villar), tientos-tangos y una solemne soleá (¡qué bonita está Triana cuando le ponen al puente banderas republicanas!) coronada al modo y uso de Antonio Mairena. Resumiendo: en la cuarta ocasión en que el pacense Miguel de Tena pisó el escenario de la peña El Morato cuajó un recital de los que solo entran cuatro en la media docena y quedan grabadas en el alma. Todo ello merced a su voz poderosa y jonda; prodigiosa y plena de registros y melismas tonales propios de una técnica respiratoria inconmensurable que le permite alargar o acortar los tercios según demande cada estilo abordado, siempre ligados y compás. En su debe -sin que ello suponga desmérito alguno dado su generosa entrega- nos quedamos con el deseo de escuchar un taranto en homenaje a nuestra tierra. Y ciertos problemillas de sonido que podían haberse subsanado con un ensayo previo con el bueno de Manolo Portillo, responsable de la mesa de mezclas.

Para la ocasión contó con el acompañamiento de Antonio de Quero en la que por vez primera fue su pareja artística. Antonio se supera día a día en conocimientos y versatilidad musical. Sabiendo darle el debido sitio al cabeza de cartel y atento en todo momento a las indicaciones del maestro extremeño. Tono ajustado y falsetas brillantes. La programación reglada continúa y para el viernes 30 se anuncia el cuadro flamenco granaíno de María Gómez “La Canastera”. Y al siguiente, día 6 de febrero, el regreso de la bailaora Suleima, con las voces de Cristo Heredia y Edu García y la guitarra de José Bellido. Salud y suerte.

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