Una carrera de obstáculos
La proliferación de “mobiliario urbano” de todo tipo afea el entorno y dificulta el paso y en muchos casos el bienestar de los vecinos residentes
El realismo contemporáneo español tiene su sede en Almería
Aceras que desaparecen, camareros que cruzan la acera sin mirar con la bandeja cargada de servicio, con el agravante que pueden chocar con personas que en ese momento transitan por entre las mesas y la salida del local, incluso hay casos que atraviesan la calle, o vecinos que no pueden entrar y salir de su portal por el amontonamiento de otras personas esperando mesa. La proliferación de terrazas en nuestra Almería es debido en parte al impulso de las Administraciones locales para apoyar a los negocios hosteleros, aprovechando la benigna temperatura, el buen ambiente en lugares donde la hostelería levita, y la cocina local a un altísimo nivel, ha avivado el conflicto ente vecinos perjudicados, la hostelería y visitantes puntuales a cual o tal negocio atraído por su cómoda situación, una terraza agradable y una cocina del gusto de la gente.
La reactivación del negocio hostelero en el centro de la capital salta a la vista con “mobiliario”, mayormente con publicidad de bebidas refrescantes o cerveceras, de todo tipo que dificulta el paso y estrecha la zona de espacio de paso de los viandantes. Sin entrar en calles, o placitas, ni establecimientos consagrados o de nuevo cuño, ni de amigos y conocidos por el tiempo de su implantación como hosteleros, el centro y lo que no es el centro de la capital, se encuentra con aceras repletas de mesas, las calles peatonales ganadas a los vehículos quedan constreñidas con todo tipo de mobiliario para uso de la hostelería, que se sitúan a lo largo de nuestras intrincadas calles y que, en muchos casos y ocasiones, hacen imposible ver el espacio urbano en el que se ubican y que tanto costó rehabilitar en su momento. Hay quien me dice que hay zonas que cada vez que se sale a dar un paseo se convierte en una prueba de salto de obstáculos, y no digamos para las personas de movilidad reducida.
El continuo malestar entre los vecinos residentes en esas zonas, sin llegar a las mal denominadas denuncias, las chapuzas tan ostensibles que estamos viendo y viviendo, convergen con el mal gusto por parte de unos, la falta de sensibilidad de nuestros munícipes y el sentido común de quien dependen las licencias, hacen que la ocupación de la vía pública esté por la experiencia de andar cada día por nuestra ciudad, echando por tierra lo que siempre hemos llamado “política de buena vecindad”.
Si no son pocos los elementos de mobiliario urbano que se dispersan por nuestras calles (papeleras, mupis, jardineras, etc), para colmo, desde hace unos años, se ha puesto de moda la disposición de todo tipo de pizarras, como si de la vuelta al cole se tratara. Y como vemos, las susodichas pizarras las hay de todo tipo, grandes, pequeñas, bien rotuladas, de colores, de madera o de plástico, pero eso sí, si algo tienen todas en común es que están colocadas sin “ton ni son”, invadiendo el espacio público, extralimitando la ocupación permitida, haciendo, en muchos casos, que sea cada vez más difícil pasear por muchas de nuestras calles.
Los hosteleros, y otro tipo de profesionales comerciantes que deciden abrir una terraza o su comercio del ramo que sea, deben conocer al dedillo el rosario de deberes legales que regula el asunto si quieren evitar problemas con la administración local. La norma general es que ésta marque los límites de lo que está permitido y lo que no en sus ordenanzas municipales. Por poner un ejemplo, y es una cuestión que levanta ampollas y se da principalmente en las zonas periféricas del centro y en los barrios, es costumbre de dejar el mobiliario en la calle cuando el bar está cerrado. ¿Esta costumbre es una práctica legal? La mayoría de las ordenanzas no permiten apilar el mobiliario de las terrazas en el exterior del establecimiento. Sin embargo, la normativa puede prever un régimen de excepción para aquellos hosteleros que lo soliciten. Si el dueño cuenta con este permiso extraordinario, lo común es que las sillas y las mesas no pueden estar encadenadas en árboles, barandillas públicas o incluso bancos y deban ocupar el menor espacio público posible. En definitiva, estos “nuevos” elementos de “mobiliario urbano”, por llamarles de otra forma, contribuyen a que la accesibilidad sea cada vez más complicada, cortando no solo el paso, sino creando a veces auténticas barreras al concentrarse varias de ellas, dando una imagen nada propicia y que, si no se van controlando por parte de quien corresponde, más que leerlas tendremos que aprender a saltarlas. La Administración Local tiene el deber de “inspeccionar, corregir y sancionar” a los propietarios que no cumplan la normativa. Se puede entender que los bares con espacio para terraza son negocios que mueven la economía de la localidad y dan vida tanto a sus trabajadores como a los muchos visitantes que acudimos a ellos, pero no están en su derecho de saltarse las normas impuestas por la Administración, que en muchas ocasiones “mira hacia otro lado”.
Las quejas de la sociedad en general en este caso tienen razón. Cada vez hay más obstáculos y se hace más complicado el caminar.
También te puede interesar