Cicatrices de plutonio: el nexo radioactivo entre Almería y Groenlandia
El 21 de enero de 1968, dos años después del accidente nuclear en la costa de Palomares, se produjo otro 'broken arrow' cerca de la base aérea norteamericana de Thule que sería el final de la operación 'Chrome Dome'
Palomares cumple 60 años con el plutonio aún bajo tierra y sin salida cerrada: Almería espera respuesta
Palomares, laboratorio vivo para estudiar los efectos de la radioactividad por Estados Unidos
Dos años separan el célebre baño de Fraga en Palomares tras la caída de cuatro bombas nucleares de un bombardero B-52 de los Estados Unidos del mayday emitido por otra de las aeronaves de la Fuerza Aérea Norteamericana que sobrevolaba la bahía de Baffin y acabaría estrellándose en el gélido mar de la población de Moriusaq, cerca de la base aérea de Thule en Groenlandia, cuya construcción había acabado dos décadas antes con un territorio de caza de los inuits. El incendio en la cabina provocó un nuevo siniestro nuclear que se saldó con una muerte, uno de los siete tripulantes, el único cuyo asiento no era eyectable. El cuerpo sin vida fue encontrado en North Star Bay -actual Qaanaaq-. Precisamente los inuits fueron los primeros en llegar al lugar del accidente con sus trineos de perros. El metro y medio de hielo del fiordo danés amortiguó el impacto del avión y evitó una catástrofe mayor aquel 21 de enero de 1968 porque ninguna de las cuatro bombas atómicas que transportaba el B-52 llegó a explotar, aunque se esparcieron partículos radioactivas en un radio de 30 kilómetros de distancia.
Palomares y Thule forman una hermandad trágica y están conectadas por la cicatriz del plutonio que se dejaron los americanos en dos de sus incidentes denominados 'broken arrow' (flecha rota). El bombardero accidentado en el norte de Groenlandia seguía las mismas pautas de vuelo ininterrumpido que el de Almería durante la Guerra Fría. De acuerdo con un informe de los Estados Unidos, de los seis kilos de metal radioactivo que contenían las bombas sólo se recuperaron tres cuartas partes, lo que confirmó las sospechas de las autoridades danesas, que esperaron hasta el año 2000 para reconocer que una de las bombas permanecía todavía en paradero desconocido. Durante meses, un operativo formado por más de 1.500 liquidadores norteamericanos, daneses e inuits trabajó en la retirada de más de 50.000 toneladas de nieve contaminada y hielo con fragmentos de plutonio. Según investigaciones posteriores, aquel invierno la tasa de mortalidad en la base de los americanos en Thule fue un 40% superior a la normal. Nacieron bueyes almizcleros con pezuñas deformes y muchas focas de la zona perdieron el pelo.
Este accidente nuclear, unido al de Palomares dos años antes, marcaron el final de la operación 'Chrome Dome' por el que los aviones cargados con bombas termonucleares sobrevolaban a todas horas el Círculo Polar Ártico y el Mediterráneo ante la inminente amenaza de una tercera Guerra Mundial. El accidente de enero de 1968 abrió un conflicto diplomático con Dinamarca, país que tenía una política oficial de zona libre de armas nucleares, y supuso el fin de la hegemonía norteamericana sobre Groenlandia, en la que había instalado 33 bases militares al término de la segunda Guerra Mundial. Las protestas masivas obligaron a los Estados Unidos a cancelar definitivamente los vuelos de alerta con armamento nuclear a bordo, cambiando su estrategia de defensa global, porque ambos episodios en Thules y Palomares demostraron que el sistema de seguridad de los B-52 era vulnerable y las consecuencias podrían haber sido nefastas para la humanidad. Dos cicatrices de plutonio en una conexión trasnacional entre España y Dinamarca.
También te puede interesar
Lo último