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El crimen de la calle Cordoneros

  • Disparos. Una familia se disponía a cenar tranquilamente cuando el marido de la hija de los dueños de la vivienda llegó armado con una pistola y una fuerte discusión acabó con un trágico tiroteo

La barriada almeriense de Pescadería fue el triste escenario de este suceso. La barriada almeriense de Pescadería fue el triste escenario de este suceso.

La barriada almeriense de Pescadería fue el triste escenario de este suceso. / d.a.

Eun horrible crimen tuvo lugar en la barriada almeriense de Pescadería la tarde del 11 de septiembre de 1921 en la vivienda del matrimonio formado por Rafael Ramos de 58 años y Adelina Rodríguez de 53 años quienes en esos momentos se hallaban acompañados de su hija mayor Encarnación Ramos de 17 años y otros dos hijos de corta edad. Todos ellos se encontraban alrededor de la mesa dispuestos a cenar cuando de imprevisto se presentó en el domicilio familiar el marido de la joven quien tras una breve conversación con la muchacha que poco a poco fue subiendo de tono, alternándose los gritos y reproches, desembocó finalmente en la tragedia. La pareja se encontraba en un pequeña habitación anexa al comedor de la vivienda con la puerta abierta. En un momento determinado el individuo sacó de entre las ropas un pequeño revolver comenzando a disparar a discreción contra los familiares en torno a la mesa. Fueron unos momentos dramáticos y de enorme confusión ya que a punto estuvo de herir o matar a toda la familia.

Adelina Rodríguez, la madre, que salió a defender a su hija falleció en el acto al recibir un disparo a boca jarro que le destrozó la cabeza. Su hija Adelina, la joven mujer del agresor, tuvo que ser asistida de otra herida grave en el pecho, resultando milagrosamente ilesos tanto el marido como los otros dos niños pequeños que despavoridos se habian ocultado debajo de la mesa del comedor.

Adelina Rodríguez, la madre, salió a defender a su hija y falleció en el acto de un disparo

El suceso ocurrió pasadas las siete y media de la tarde en una vivienda de planta baja de la calle Cordoneros. El autor de los disparos, identificado como José Quintana, se presentó en la casa acompañado de un hermano suyo, un niño de 12 años a quien utilizó como "gancho" para que el matrimonio no recelase y le abriera la puerta sin desconfianza y que se fue tras serle franqueada la entrada a la casa. Una vez en el interior de la vivienda, la familia invitó al furibundo marido a sentarse con ellos a la mesa negándose el joven, a la vez que desaforadamente echaba en cara a su mujer que llevara cinco días ausente del domicilio conyugal, ya que la muchacha había decido dejarlo definitivamente y volver con sus padres porque el sujeto la maltrataba y le daba muy mala vida siendo frecuentes las palizas y agresiones.

El individuo, cada vez más furioso y como excusa, comenzó a reclamar las cosas de su propiedad que tenía la joven, mediando entonces la madre, momento en que sacó de entre las ropas un revólver Smith de cinco balas calibre 7 milímetros empezando a disparar contra el grupo agotando el cargador. Tras caer abatida Adelina Rodríguez, su hija fue alcanzada de otro disparo en el hombro cuando se arrodillaba sobre la madre caída fulminada en el suelo intentando reanimarla. Varios de los disparos impactaron contra los muebles y las paredes de la vivienda. Sin pérdida de tiempo, al darse cuenta de la gravedad de los hechos, el individuo abandonó la casa y salió precipitadamente corriendo hacia la calle despareciendo de la zona en dirección al puerto.

La gente comenzó a salir de las casas. Adelina Ramos fue trasladada en brazos por los propios vecinos de la calle hasta la Casa de Socorro "La Obrera" y de allí tras una primera cura de urgencia por uno de los practicanetes de guardia, al ver la gravedad de su estado fue evacuada al Hospital Provincial donde fue intervenida quirúrgicamente y quedó ingresada permaneciendo varias semanas hospitalizada.

La Guardia Civil mientras tanto ya tenía entonces parte de conocimiento de los hechos alertados por un grupo de jóvenes del barrio que se encontraban cerca de la casa y que vieron de lejos huir a un muchacho y que escucharon las detonaciones.

Los agentes se desplegaron por distintos puntos estrategicos del barrio y del puerto intentando localizar al autor de los disparos. Una hora y media más tarde, José Quintana se presentó junto al arma homicida en el destacamento de los Carabineros existente en la zona del puerto pesquero donde derrumbado y apesumbrado confesó su atroz crimen. Una vez que prestó declaracion ante los Carabineros fue llevado a presencia del juez y tras dormir en los calabozos del acuartelamiento, a la mañana siguiente fue traslado hasta carcel ubicada entonces en la calle Real de la capital.

Dos años antes hubo otro caso sonado de violencia machista en la provincia. Ocurrió en la cortijada de La Parra del término municipal de Adra el 12 de octubre de 1919. La negativa de una muchacha a seguir manteniendo relaciones sentimentales con otro joven de la localidad derivó en un furibundo ataque del despechado novio quien a boca jarro le descerrajó dos tiros a la muchacha.

El hecho sucedió en el propio cortijo de Rosario Galdeano Fernández, de 22 años de edad, a donde había acudido Miguel Rodríguez Valverde, de 26 años para insistirle una vez más a la muchacha de que no lo abandonase ya que sería capaz de pegarse un tiro. La joven se mantuvo firme en su actitud de rechazo lo que provocó una acalorada discusión entre la pareja a la que ella quiso poner punto y final dándole una fuerte bofetada. Miguel Rodríguez al verse ofendido y sin ninguna posibilidad de que su noviazgo volviese por sus cauces, sacó de su bolsillo una tercerola Remington disparando sobre el pecho de Rosario. La muchacha murió casi en el acto abandonada en el cortijo, mientras el asesino huyo de la casa. Según confesó ante la Guardia Civil a quien se entregó, durante el camino pensó pegarse un tiro en la cabeza pero le faltó valor.

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