Los ecologistas otorgan el 'Premio' Carbón a la construcción de un hotel y 1.600 viviendas en Almería

Tirón de orejas del GEM al alcalde de Cuevas. Premian a ONGs por su trabajo en los asentamientos y vencejos

Almería teje una red de ‘hogares de acogida’ con 'hotel' incluido para vencejos

Playa de Quitapellejos.
Playa de Quitapellejos.

Como es ya tradición desde que hace 39 años fueran instituidos, el Grupo Ecologista Mediterráneo ha dado a conocer en la festividad de los Reyes Magos los destinatarios de sus Premios Duna, correspondientes al año 2025, y también de las menciones Carbón. Los primeros reconocen cada año la labor de personas, entidades o instituciones que destacan por su labor en favor del medio ambiente, la conservación de espacios y de especies, del patrimonio natural, arquitectónico o cultural. Las segundas tratan de poner el acento en quienes, con sus acciones u omisiones, destacan por todo lo contrario y se convierten así en un riesgo contra el entorno natural, económico y social almeriense.

En esta última edición, desde el GEM se ha pretendido destacar a aquellas personas que trabajan para mejorar nuestras vidas y las de los que acuden a la provincia en busca de un mejor futuro, lo que calificamos como “personas que cuentan”, porque desde su labor y desde su compromiso ayudan a tratar de solventar problemas tan diferentes, pero al mismo tiempo tan impactantes en el día a día como la supervivencia de las aves silvestres (auténticos indicadores del cambio climático), la precaria situación de miles de seres humanos en campamentos de chabolas, o la colaboración de activistas ecológicos, agrícolas e instituciones en la recuperación de la agricultura tradicional, de sus sabores y de la salubridad de sus productos.

Desde que en 1986 fueran entregados por vez primera, en aquella ocasión al Hermano Rufino de La Salle y al periodista Miguel Ángel Blanco, los Premios DUNA no han faltado a su cita anual ni un solo año. Propuestos por los socios del Grupo, fueron elegidos en una reunión de Junta Directiva, celebrada el pasado mes de diciembre, con presencia de varios socios especialistas en diferentes temáticas. La elección fue la siguiente.

Premio Duna 2025 a la Fundación Almería Tierra Abierta. - Una organización nacida en Almería para hacer frente a un problema de índole social; la presencia de asentamientos en varios municipios rurales, áreas de chabolas pobladas por migrantes llegados desde países la mayoría de ellos castigados por los efectos del cambio climático.

Lo que se inició hace algo más de dos años con un grupo de almerienses sensibilizados por este problema, que acarrea problemas ambientales, económicos, reputacionales (Almería vive en gran medida de la producción hortofrutícola y, con frecuencia, la penosa situación de esos asentamientos es resaltada negativamente en los mercados de destino) se ha convertido en una Fundación con más de un centenar de miembros activos; personas que unen sus fuerzas en defensa de la dignidad de los migrantes, de su derecho a una vivienda digna, con acciones destinadas a buscar las más justas soluciones para un amplio colectivo que malvive en esos asentamientos.

Premio Duna 2025 a la asociación “SOS: remontando el vuelo”. - Organización que reúne a un colectivo de personas que dedica sus esfuerzos a la recuperación, el cuidado y rehabilitación de aves heridas o en peligro, buscando ayuda para proporcionarles lugares de acogida, tratamientos o transporte. Trabajan paralelamente en programas de educación ambiental y conservación de los ecosistemas donde habitan.

En verano de 2025 encabezaron una serie de actuaciones encaminadas a la defensa de una de las aves amenazadas por el urbanismo, en este caso ejemplares de ‘Vencejo pálido’ que habitaban en la estructura de la antigua estación intermodal de Almería. Junto a otros colectivos se logró paralizar esa actuación y se impulsó la construcción de una torre destinada a albergar a esas aves y evitar con ello su desaparición en Almería.

Premio Duna 2025 a Ana Martínez Ocaña (La Simiente). - Ana es una abulense de Abla que iba para ingeniera técnica agrícola… pero en el camino se le cruzó la conciencia. No podía creer que para producir hubiera que renunciar a la agricultura de toda la vida, a los sabores auténticos o al respeto por la tierra y los que la trabajan día a día.

De su mano nació ‘La Simiente’, una pequeña tienda en su pueblo que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en la Red Agroecológica de Almería, que ya reúne a más de una treintena de productores, elaboradores, comerciantes y entidades de una quincena de municipios. Se muestra al público cada segundo sábado de mes, en la Plaza de Los Burros de la capital, con su Eco mercado, donde los consumidores pueden encontrar ese tomate que sabe a auténtico, y toda una serie de productos que cumplen las exigencias y los anhelos de Ana, la de producir cuidando el entorno, respetando los ciclos naturales y valorando a las personas que trabajan y aman la tierra. El nuevo paso ya se está dando y es la creación del Sistema Participativo de Garantía, que ofrece al consumidor la visita a las fincas para ver con sus propios ojos cómo se cultiva lo que comen.

Mención ´CARBÓN’ 2025

Cada año el GEM tiene que elegir qué personas, entidades, organizaciones o instituciones han sido merecedoras de ese particular tirón de orejas que suponen las menciones Carbón para quienes no están desarrollando labor positiva alguna hacia el medio ambiente o los recursos naturales. Este último año ha estado presidido sin duda por los efectos y la resaca de destrucción que dejó la DANA a su paso por Valencia y otras provincias andaluzas y españolas. Por ello nos centramos en una de esas labores que menos nos gustan a los ecologistas, la de lanzar las advertencias que con frecuencia merecen actuaciones irracionales como, en este caso, permitir la ocupación de las zonas inundables, lugares en los que todos los estudios avanzan que habrá riadas más tarde o más temprano y, por tanto, construir en esas zonas se convierte en un hecho estúpido. De ahí la concesión de la Mención Carbón 2025 a:

Alcalde de Cuevas de Almanzora Antonio Fernández Liria por su apoyo al ’Caso Quitapellejos’, otro atropello urbanístico. - Es el último de una serie de episodios con una raíz común, la búsqueda de un desarrollo urbanístico tan voraz como irresponsable. Así es el proyecto de la Playa de Quitapellejos, en la franja costera de Cuevas del Almanzora, donde se planea la construcción de un gran hotel y de alrededor de 1.600 viviendas. Un dispendio doble por cuanto la proyección poblacional no justifica tal volumen de construcción y porque la parcela elegida está afectada por varias circunstancias limitantes que no se han tenido en cuenta a la hora de tramitar permisos y licencias: se encuentra en una zona inundable marina y junto al campo radioactivo de la pedanía cuevana de Palomares.

Al Grupo Ecologista Mediterráneo la preocupa especialmente el desprecio que algunos de nuestros gobernantes parecen sentir por la ruina de quienes pueden perderlo todo como consecuencia de una más que probable inundación, y especialmente la indiferencia ante la posible repetición de hechos como los de Valencia a finales de 2024, donde más de 200 personas perdieron la vida y muchos miles más sus casas, sus hogares y gran parte de su presente y de su futuro. Meses después de lo acaecido en Valencia en la provincia de Almería se siguen concediendo licencias en zonas declaradas oficialmente como inundables con alto riesgo de riadas. Proyectos en otras zonas litorales de Almería, pero muy especialmente en Pulpí que están dañando gravemente el litoral, poniendo en riesgo a miles de personas, de familias, que finalmente comprarán en esas zonas de alto riesgo, sabiendo o ignorando a los peligros a los que habrán de enfrentarse en un futuro.

En el GEM llevamos muchos años pidiendo una Ley de Responsabilidad Ambiental que profundice en la sentencia de que “el que contamina, paga”, yendo unos pasos más adelante, de forma que sean los promotores de esos planes irresponsables y aquellas administraciones que, por acción u omisión, den vía libre a proyectos que atentan claramente contra el medio ambiente y la seguridad de las personas, las que deban hacer frente a las costosas facturas que nos presentan periódicamente las catástrofes naturales que, nos guste a no, se van agravando a medida que el cambio climático (ese que los irresponsables niegan) se va haciendo presente con fuerza en nuestro territorio. No es de recibo que la irresponsabilidad de unos pocos tenga que ser sufragada, vía impuestos, por el conjunto de los ciudadanos, en principio inocentes de tales acciones.

Probablemente una ley de este tipo frenaría las ‘ligerezas’ de quienes sabrían que tendrán que hacer frente a los gastos derivados de su irresponsabilidad.

Pero en cualquier caso desde el Grupo Ecologista Mediterráneo reiteramos nuestro deseo de que nuestro Carbón sirva para hacer recapacitar a los mencionados y, en el futuro, sean merecedores de un Premio Duna por las bondades de su gestión ambiental. Ese sería, para nosotros, el mejor resultado posible de estas menciones.

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