Entrevista a Juan Antonio García, fotógrafo documental almeriense con un gran interés en temáticas sociales y de agricultura
Gente extraordinaria
Sus trabajos abarcan desde los invernaderos del Poniente Almeriense pasando por “Vietnam”, “Tokio”, hasta una colección de fotografías de pescadores artesanos
Entrevista a tres jóvenes maestros del óleo
Juan Antonio García Pérez (Almería, 1971) es un fotógrafo documental que vive en Roquetas de Mar y trabaja como gestor comercial en Cajamar. Realiza proyectos a largo plazo centrados principalmente en su entorno, en la comarca del Poniente Almeriense. A lo largo de su carrera, ha abordado temas como la intervención humana en el paisaje agrícola (“Funámbulos sobre el mar” y “Caliplástico. Un juego entre cal y plástico”), el ancestral oficio de la pesca (Donde el mar se cose) y, su última exposición, “El vertedero de los sueños”, la realidad silenciada de los niños de la etnia rohingya en Myanmar (Birmania). Esta última serie, que constituye el núcleo de la entrevista, busca despertar conciencia en el espectador, interpelar, generar preguntas incómodas. ¿Dónde están los derechos de estos niños? ¿Qué rol jugamos nosotros como observadores? ¿Qué podemos hacer? Estas son algunas cuestiones que el autor plantea en relación con el trabajo infantil que es desempeñado en los vertederos de basura improvisados en las afueras de Bagan. Una exposición que tendremos ocasión de ver en primicia en el Espacio expositivo del Consultorio de Salud Cabo de Gata, desde el 2 al 31 de marzo de 2026.
Pregunta.Juan, nos conocemos de hace muchos años y sé que tienes un grupo musical, y que sois un poco rebeldes e inconformistas...
Respuesta.Pues sí, se puede ser muy radical a partir de los 50 años, el grupo se llama “Juan García y los Sodomitas”. Tenemos bastantes canciones grabadas y un par de videoclips en YouTube, pero lo hacemos como una forma de expresión personal, con nuestras propias letras y ritmos donde la independencia predomina en todos los sentidos. Lo trabajamos todo nosotros y solo por diversión. El club de fans está esperando nuestro primer concierto. (Lo dice en tono bromista y reímos).
P.¿Encuentras algún punto en común entre tu música y tu fotografía?
R.Sí, siempre me ha gustado componer letras y expresar por medio de la música tanto mis estados interiores de ánimo como las realidades que me rodean o que experimento. La fotografía igualmente me permite liberarme interiormente. Además, a través de la fotografía puedo capturar la belleza de ciertos instantes únicos que nunca antes me había parado a observar. Así que soy como una especie de sicario por cuenta propia de la imagen y de las palabras. Pienso que todo arte tiene que ser un acto de resistencia y de rebeldía ante el conformismo imperante.
P.Comenzaste tu formación en el Taller Municipal de Fotografía de Roquetas de Mar, y más tarde realizaste dos cursos en la escuela EFTI de Madrid, uno que fue impartido por Sofía Moro y el otro por Ricky Dávila. ¿De qué manera tu enseñanza en estas dos escuelas te ha proporcionado herramientas para abordar temas de actualidad como los trabajadores anónimos de los invernaderos, entre otras cosas?
R.Empecé en este taller de Roquetas de Mar hace más de 20 años con la fotografía analógica. Recuerdo que no tenía casi ni idea de fotografía, y que sólo poseía una Olympus OM10 de mi padre (el cual en los años 60 fue retratista en Felix). Aquí cargábamos los carretes y luego los revelábamos nosotros mismos, organizando cada año una exposición en diferentes salas con los temas que elegíamos en común todos los alumnos y alumnas. Pude aprender mucho con la profesora de este taller, María José Ortega Poyatos. Con los años cuando lo digital se instaló, me compré una cámara réflex y comencé a realizar los cursos de EFTI. Hice dos, uno con Sofía Moro y otro con Ricky Dávila, quienes me orientaron tanto en la fotografía de retrato como en el documentalismo fotográfico. En mi formación aprendí a dar una coherencia visual a mis proyectos. Es decir, a no alterar el acontecimiento que estoy reflejando, influyendo lo menos posible en lo que veo.
P.¿Qué te inspira a centrarte en el aspecto documental de la fotografía?
R.Mis primeras fotografías fueron realizadas en la calle a personas que conocía. Al principio también solía recorrerme las barriadas gitanas de mi zona para hacerles fotos a ellos y a los gallos que éstos tenían. Me apasionaba lo que hacía, pero tenía que hacerme “invisible” en estos lugares. Ya con el tiempo conseguí que me aceptaran, les regalaba las fotos que les tomaba para que no me vieran como un intruso. Es ahí cuando me di cuenta de la dificultad que conllevaba hacer un proyecto fotográfico. El desarrollar un proyecto documental hace que me formule preguntas y que busque respuestas que no siempre tengo claras, pero que cuando sí lo están hacen que me siente bien.
P.Vamos a hablar ahora sobre tu primera serie fotográfica, “Funámbulos sobre el mar”. En ella muestras a gente subida en los techos de plásticos de los invernaderos, ¿qué es lo que hacen y qué es lo que pretendías transmitir?
R.“Funámbulos sobre el mar” fue mi primer proyecto que me tomé en serio. Cada verano en Almería se construyen los invernaderos y se cambia el plástico de las estructuras, con personas que caminan a 5 o 6 metros de altura sobre ellas, casi siempre sin protección. Colgados entre el cielo y la tierra, estos trabajadores son las sombras del campo almeriense. Así que fotografié esas sombras que se producían al amanecer y al atardecer cada día. Cada movimiento de estas personas era una coreografía entre el viento, el extremo calor y el riesgo. Este trabajo supone una especie de reconocimiento a estos oficios invisibles que cualquier persona que no esté familiarizada con ellos no sabe de su existencia. El proyecto “Funámbulos sobre el mar” fue expuesto en 2013 en las calles de la ciudad de Granada, dentro de la programación del Festival Internacional de Fotografía Pa-Ta-Ta. Luego, continué con el mismo, pero ya retratando las caras de estos trabajadores que iban cubiertas con máscaras para no quemarse con el sol y para protegerse del aceite que soltaba el alambre con el que trabajaban, ya que éste podía quemarles la cara. Lo acabé fotografiando sus manos callosas y heridas de tanto usar durante horas y horas las tenazas con las que alicataban las estructuras de los invernaderos.
P.Tus siguientes series surgieron en tus viajes a África Oriental y Asia. Estas son “Madagascar, aquí no hay pingüinos” y “Vietnam”. ¿Qué aspectos de la vida de las personas que viven en estos dos países querías destacar a través de tus imágenes?
R.Viajo mucho por el mundo con mi pareja. En los viajes te olvidas del cobijo y del confort del hogar y te expones a situaciones en las que tú no eres el centro de atención. Perderse es una gran opción para encontrar el rumbo de algo. Me gusta alejarme de los tópicos del lugar que sólo ofrecen falsos testimonios de lo que hay en un país. En Madagascar, donde estuve colaborando con la ONG Agua de Coco, me topé con un país pobre. Allí la gente es tremendamente cordial y no te ven como un dólar andante. Este lugar posee una naturaleza tremenda, por lo que sólo una carretera infernal recorre el país, tardando horas en hacer trayectos cortos. No me gusta fotografiarlo todo, me gusta observar, meditar y esperar la escena. Pude empatizar con los habitantes de allí ofreciéndoles mi amabilidad y una sonrisa, sin intimidaciones. Vietnam tiene los mismos ingredientes que Madagascar, siendo un país muy seguro y con personas muy sociables siempre dispuestas a echarte una mano; la diferencia es que aquí la gente no pasa hambre, por lo cual mi mirada como fotógrafo fue diferente.
P.Después hiciste algo sobre Japón.
R.Ha sido uno de los viajes que más he disfrutado. Japón es un país donde la armonía colectiva y la cortesía silenciosa definen el día a día, pero donde la soledad es tan sutil y profunda que casi la sientes. A algunos lugareños les agradaba ser fotografiados, en cambio otros no se dejaban, por lo que tenía que estar preguntándoles a menudo. Me encantó el orden establecido y las normas que tenían que no incumplían bajo ningún concepto. Incluso al andar en una dirección tienes que hacerlo en una acera u en la de enfrente. Las imágenes que tomé fueron hechas con mucho respeto y sin artificios, son cruda realidad. En ellas intenté reflejar la parte que no aparece en las postales o en los documentales turísticos.
P.Hablemos sobre tus proyectos más actuales. En este momento estás inmerso en la serie fotográfica “Caliplástico. Un juego entre cal y plástico”. Por favor, cuéntame un poco de qué va el asunto de este trabajo.
R.El asunto va de retratar a los blanqueadores, los trabajadores que cada primavera suben al techo de los invernaderos a cubrir de cal los plásticos para proteger los cultivos de la intensidad del sol. El blanco lo cubre y lo oculta todo. Congelo esos cuerpos suspendidos entre el cielo y el plástico que vomitan litros y litros de cal, donde el diálogo entre técnica y estética crea algo poético. Para ellos lo importante es saber en qué punto pisar para no caer al vacío.
P.Veo que te apasionan las temáticas de los invernaderos…
R.Totalmente. Los invernaderos son el motor económico de nuestra provincia y tienen bastante detrás como para contar historias de todo tipo. No tengo un tema predilecto o preferido, pero me nutro de lo que tengo cerca. A mí, que vivo en Roquetas de Mar, donde hay muchísimos invernaderos, me resulta realmente fácil conocer a las personas que trabajan en los mismos. Ya que te dejen fotografiarles es otra historia, porque muchos no entienden lo que haces.
P.Otro de los trabajos que actualmente desarrollas es “Donde el mar se cose”, en el que retratas a los pescadores de tu zona remendando sus redes. ¿Qué es lo que más te atrae de este proyecto? ¿Qué retos te está planteando?
R.Trabajando en la oficina del puerto de Roquetas de Mar, conseguí hacer amistad con varios pescadores que me explicaron la técnica de remendado que vienen utilizando de generación en generación, y que consiste en el arreglo de las redes rotas producidas en gran medida por los delfines cuando éstos intentan llevarse el pescado que ha caído en ellas. Me atrae la paciencia de los jubilados que realizan esa labor desde hace 60 años para ayudar a sus familiares que están en el mar. El reto es hacer algo fotográficamente entretenido sin ser repetitivo.
P.Muy pronto veremos tu nuevo proyecto al que has denominado “El vertedero de los sueños” en el Espacio expositivo del Consultorio de Salud Cabo de Gata de Almería. ¿Qué es lo que se encontrarán los usuarios de este centro público y todas las personas que visiten la exposición? ¿Y qué es lo que buscas con la misma?
R.Este proyecto fue realizado en la ciudad de Bagan, en el basurero improvisado de la ciudad más turística de Myanmar. Sólo he intentado visibilizar una de las caras más crudas de la injusticia y el abandono: la infancia rohingya forzada a sobrevivir a veces en condiciones infrahumanas. Esta etnia ha sido perseguida en Myanmar desde hace décadas obligándolos a huir a muchos, pero otros siguen atrapados sin derechos, sin ciudadanía, sin voz, entre ellos, los más vulnerables: los niños. En las imágenes de esta serie no busco crear un impacto visual inmediato, sino mostrar la honestidad de una realidad que muchas veces no queremos ver.
P.El otro día hablando me comentaste que cada persona retratada en esta serie tiene un nombre propio y una historia que contar. Los niños deberían estar jugando y aprendiendo, no trabajando. ¿Cómo quieres que se recuerde a todos estos niños por medio de tus fotografías?
R.Desearía que mis fotografías no sólo sean útiles gráficamente, sino que también sirvan a una buena causa y favorezcan el impulso a la acción, a la denuncia y a la solidaridad.
P.Bagan es una ciudad que viola gravemente los derechos del niño: la esclavitud infantil, el abuso, el no derecho a tener una identidad en el momento de nacer, etc. ¿Qué podríamos hacer si viajamos nosotros a este lugar para no contribuir de una manera u otra con esto?
R.Lo mejor es ir y ayudarles, yo les llevé comida y ropa todos los días que fui a hacerles fotografías. O contactar con las ONG que están colaborando activamente el Myanmar sobre todo ayudando a estos refugiados.
P.¿Puedo hacerte dos preguntas personales? ¿Juan, tú siempre has llevado bigote? ¿Por qué te lo has quitado ahora? (Reímos).
R.No, cuando nací no lo tenía, ahora me lo quité ya que mi pareja quería ver a “otro hombre”. (No paramos de reír).
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