Giro en el crimen de La Térmica: el autor material acepta seis años de prisión tras un pacto
Dos de los acusados admiten los hechos e ingresan la responsabilidad civil, mientras la acusación particular exige que el conductor de la fuga sea condenado como cooperador necesario
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La Sección Segunda de la Audiencia Provincial ha sido escenario este miércoles de un vuelco absoluto en la primera sesión del juicio por el violento tiroteo perpetrado en la zona de ocio de la Avenida Cabo de Gata en abril de 2022. Dos de los tres hombres que se sientan en el banquillo, entre los que se encuentra el individuo que apretó el gatillo, han alcanzado un acuerdo de conformidad con las partes, asumiendo su culpabilidad y procediendo a la reparación económica del daño infligido a la víctima.
El letrado Karim El Marbouhe El Faqyr, que ejerce la defensa de estos dos procesados, ha explicado que la decisión responde a la voluntad de hacer valer la vertiente reparadora del Código Penal. Tras ingresar la responsabilidad civil en las cuentas del tribunal y entonar el 'mea culpa', las penas a las que se enfrentan se verán drásticamente menguadas. El principal implicado, para quien la Fiscalía solicitaba inicialmente un total de 16 años entre rejas, verá reducida su condena a unos cinco años por el intento de asesinato y un año más por la tenencia del arma detonadora modificada. El segundo individuo que ha suscrito el pacto, en calidad de cómplice, aceptará dos años por su implicación en el asalto y otro por el arma, allanando el camino para solicitar la suspensión de su entrada en prisión.
El debate se centra en el conductor del vehículo
Con el autor material confeso y conformado, el proceso judicial se circunscribe ahora a dirimir en exclusiva el papel que jugó el tercer procesado, el individuo que se encontraba al volante del vehículo empleado en la fuga. Para el abogado de la acusación particular, Leo Marfil, el pacto alcanzado por las otras partes no altera la gravedad de lo ocurrido aquella noche. Marfil sostiene con firmeza que el conductor del Mini Cooper que aguardaba en doble fila no fue un simple cómplice circunstancial, sino un cooperador necesario sin cuya participación no se habría podido perpetrar el delito con las mismas garantías de impunidad para el tirador. Esta calificación jurídica es crucial, puesto que equipararía sus penas a las del propio autor de los disparos, una visión que difiere notablemente de las exigencias más atenuadas que plantea el Ministerio Público.
El terror, relatado desde detrás de un biombo
El momento más sobrecogedor de la jornada matinal se ha vivido con la comparecencia de la víctima, quien ha desgranado los minutos de pánico protegida de las miradas de sus agresores por un biombo judicial. Su pesadilla comenzó a fraguarse a media tarde, sobre las 19:30 horas, momento en el que se encontraba prestando servicio en el conocido pub La Térmica. Fue entonces cuando recibió las inquietantes llamadas de su expareja. La mujer le advirtió de que el procesado principal "estaba alterado, había comprado una pistola y le quería matar".
A la advertencia telefónica le siguió un intenso acoso a través de la aplicación WhatsApp. Según ha detallado la víctima, el acusado le mandó mensajes amenazantes instándole a que saliera para verse a solas. El joven accedió a dialogar con la condición de que el encuentro fuera pacífico, recordando un altercado previo en el que había mediado un cuchillo. Sin embargo, no hubo oportunidad de articular palabra.
Al salir del establecimiento para su descanso, la tragedia se precipitó. "En cuestión de segundos me lo veo de frente a menos de un metro; veo que directamente saca el arma de al lado del pantalón y me pega un tiro", ha relatado con crudeza el joven, confirmando que el primer impacto le dio a bocajarro en el pecho.
Pese a la gravedad de la herida inicial, el instinto de supervivencia le empujó a buscar refugio en el interior del pub, desatando el caos entre los clientes. El atacante le siguió los pasos y detonó de nuevo su arma sin éxito, obligando al herido a salir de nuevo a la calle para intentar zafarse del acoso escondiéndose entre el mobiliario de la cafetería Sultán. Fue en esta agónica carrera donde recibió dos nuevos balazos que le destrozaron el antebrazo y la muñeca.
La bala que le iba a mandar "al cementerio"
La sangre fría del atacante llegó a su clímax cuando el arma prohibida se encasquilló. Atrincherado junto a una mesa con cachimbas mientras la clientela se apartaba horrorizada, la víctima observó cómo el pistolero sacaba munición de sus bolsillos, le mostraba una bala y le espetaba la amenaza final: "Esta es la que te va a mandar al cementerio". Los nervios al tratar de recargar la pistola y el providencial sonido de las sirenas de emergencia interrumpieron el macabro plan.
El agresor giró sobre sus pasos y corrió hacia el vehículo que le aguardaba con los intermitentes de emergencia encendidos. Un testigo presencial ha certificado ante la sala cómo el tirador, antes de escabullirse, gritó hacia el interior del turismo: "Arranca, arranca, ya le he dado". Acto seguido, saltó al asiento del copiloto de un inconfundible Mini Cooper que desapareció por la Avenida Cabo de Gata a una velocidad vertiginosa.
Con las declaraciones de la víctima y de este testigo clave, las defensas y acusaciones han decidido prescindir de más interrogatorios ciudadanos. La resolución de esta vista oral queda emplazada a una nueva y definitiva sesión, señalada para el mediodía del próximo 16 de marzo, donde el testimonio del instructor del atestado policial aportará la luz técnica y pericial necesaria para que el tribunal pueda dictar sentencia sobre esta violenta noche que estuvo a punto de costar una vida.
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