ruta mediterránea de los estupefacientes
  • El Servicio de Vigilancia Aduanera registra un aumento de transbordos en el litoral de Almería

  • Crece el número de personas que suministran combustible por mar a los narcotraficantes

El hachís deja el Estrecho para regresar a aguas de la provincia de Almería

Dos embarcaciones intervenidas por Vigilancia Aduanera después de que colisionasen entre sí intentando escapar. Dos embarcaciones intervenidas por Vigilancia Aduanera después de que colisionasen entre sí intentando escapar.

Dos embarcaciones intervenidas por Vigilancia Aduanera después de que colisionasen entre sí intentando escapar.

D.A. (Almería)

Escrito por

M.M.

Durante los últimos años, la principal puerta de entrada a Europa de hachís ha sido la conocida como ‘ruta del Estrecho’. Ello debido a que España, por su cercanía a Marruecos, que es junto a Afganistán el mayor productor mundial de hachís, es el punto perfecto para desembarcar y posteriormente trasladar por tierra esta sustancia.

Sin embargo, esta tendencia está cambiando y los narcotraficantes están volviendo a utilizar otras rutas que conllevan su paso por el litoral de la provincia almeriense. Así lo confirman a Diario de Almería fuentes del Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria, que certifican el aumento de operaciones en el último año. Explican que hasta 2011, aproximadamente, Almería era un punto de entrada “muy caliente”, con numerosos desembarcos de hachís y traslados en mercantes y pesqueros, dentro de la “famosa ruta del Mediterráneo”. “Hubo muchos alijos en playa, si no todos los días, prácticamente casi todos”. Sin embargo, la presión que se ejerció en Almería y provincias cercanas como Murcia, Alicante o Málaga hizo que los narcos optasen por el Estrecho.

Embarcaciones listas para zarpar. Embarcaciones listas para zarpar.

Embarcaciones listas para zarpar. / D.A. (Almería)

Pero, efectivamente, desde hace aproximadamente un año esta ‘ruta del Estrecho’ se ha “desinflado” y se ha vuelto a alijar en Almería, Granada, Málaga o Murcia. Eso sí, según apuntan desde el Servicio de Vigilancia Aduanera, ahora se producen menos desembarcos y alijos en playas, aunque el incremento del tráfico de embarcaciones cargadas de hachís es notable. ¿Y a qué se debe esto? Pues a que el principal “modus operandi” en la actualidad es el de los transbordos de la droga a obras embarcaciones, sobre todo pesqueros y las destinadas a su uso recreativo, que son las responsables en última instancia de colar la droga en puertos o playas.

También existe una “tercera vía”, la de los fondeos a cierta distancia de la costa, dejando bajo el agua el estupefaciente con una boya. Si es poca cantidad, no hace falta mucho para sacarla a una lancha cuando pasa cierto tiempo, y si el alijo es mayor, entran en funcionamiento los buceadores. Al final, el objetivo es el mismo: Que el hachís llegue a tierra.

La droga procede, como es obvio, de Marruecos. Desde este país parten embarcaciones semirrígidas, las conocidas en el argot de los investigadores como “gomas”, de 8 a 15 metros de eslora, con un mínimo de dos motores de 250 caballos de vapor. Y esa es la potencia mínima. Son las que entran en playa y alijan o transbordan a pesqueros y recreativas la droga a 12 millas náuticas, fuera de las aguas territoriales españolas. Si consiguen su meta, de una u otra forma, cuando el estupefaciente se encuentra en la provincia hay que trasladarlo a su destino final, porque hay mercados como Alemania, Francia o Países Bajos que dejan mucho más dinero. Esto se hace por carretera, incluso con el hachís oculto en camiones con fruta o mercancía legal.

Pero el Servicio de Vigilancia Aduanera ha detectado otra problemática que se desarrolla en paralelo a la llegada de las neumáticas con droga. “Tenemos una gran infraestructura de recreativas que se dedican a suministrar combustible. Sabemos fehacientemente que al menos entre 20 y 25 embarcaciones se dedican a esta labor. El problema es que se puede intervenir el combustible. Pero salvo que haya una investigación abierta sobre esas personas o se las pilles suministrando a una de las naves cargadas con droga, no están cometiendo un delito. Si los cazas con 50 garrafas de combustible, únicamente están infringiendo normas administrativas”, resaltan.

Una lancha cargada de combustible destinado a los narcotraficantes. Una lancha cargada de combustible destinado a los narcotraficantes.

Una lancha cargada de combustible destinado a los narcotraficantes. / D.A. (Almería)

Para ello, llegan a trasladar este combustible a incluso 30 o 40 millas de la costa, muchas veces a unas 10-14 millas náuticas de la isla de Alborán. Así intentan evitar las aguas territoriales españolas. El perfil de estos “petaqueros”, como son denominados por los profesionales que luchan contra el tráfico de estupefacientes, es muy similar al de los que participan en los transbordos del hachís. “Gente sin ingresos ni trabajo. Muchos están dados de alta como agricultores. Personas con edades desde los 20 hasta los 50 años de los que no consta que hayan trabajado en su vida pero tienen muchos ingresos y de una a tres lanchas. Mantener una lancha y un punto de atraque cuesta dinero, y repostar también. Se trata de personas que cuando las detienes, no tienen bienes”, aclaran.

En el caso concreto de los petaqueros el perfil es básicamente el mismo pero también se ha detectado “la presencia de mucho extranjero, rumanos, albaneses, polacos; extranjeros sin ocupación que tienen muchas embarcaciones y las cargan sin rubor de ‘petacas’ y se van a repartir”, señalan.

Además, es raro encontrar en estos alijos otro producto que no sea hachís. Hace años se encontró algún fardo de cocaína “en un par de ocasiones”, pero es una circunstancia anecdótica. Tal vez por ello, los tripulantes de las “gomas” intentan siempre escapar cuando son sorprendidos por el Servicio de Vigilancia Aduanera, la Guardia Civil o cualquier otro cuerpo que pueda mandar al traste la operación. En este sentido, juega a su favor la potencia de sus “gomas”, que pueden desarrollar entre 45-50 nudos.

La balanza se equilibra para los garantes de la ley en caso de que aún vayan cargados o que ocurra como durante la madrugada del pasado 14 de mayo. En una operación conjunta con la Policía Nacional, el Servicio de Vigilancia Aduanera detectó una lancha semirrígida de 15 metros de eslora y tres motores fuera borda de gran caballaje, navegando a gran velocidad hacia la costa de Almería. Como en otros casos, emprendió la huida durante dos horas, siendo detenidos sus cuatro ocupantes, dos de ellos heridos, cuando se produjo una explosión en la zona de los motores. En este caso, se logró rescatar uno de los fardos, que en su interior contenía 30 kilos de polen de hachís, porque se primó la atención sanitaria de los arrestados.

Momento en el que explota uno de los motores en la embarcación en la que fueron detenidos cuatro hombres, dos de ellos heridos. Momento en el que explota uno de los motores en la embarcación en la que fueron detenidos cuatro hombres, dos de ellos heridos.

Momento en el que explota uno de los motores en la embarcación en la que fueron detenidos cuatro hombres, dos de ellos heridos. / D.A. (Almería)

Al tratarse de una sustancia que “no causa grave daño a la salud”, el conseguir una pena elevada si los detenidos son condenados depende en gran medida que se puedan probar otros delitos como que sean aparte de una organización criminal, resistencia o atentado a agentes de la autoridad, además del inevitable delito contra la salud pública por tráfico de drogas. Con sólo este delito y dependiendo de la cantidad, pueden ser impuestas penas de tres a siete u ocho años. En función también de si reconocen los hechos y llegan a algún tipo de acuerdo con la Fiscalía. Por ello hay “históricos” que llevan “toda la vida” dedicados a esta actividad. Y eso por no hablar de que sólo el trasladar “petacas” de combustible puede suponer ganar unos “cuantos miles de euros” en una noche. Así que, “¿para qué se van a arriesgar a tocar el chocolate?”. Porque, recuerden, esto por sí solo no es un delito.

Y aún así, la valoración oficial del hachís es de 1.981 euros por kilo, cifra que sube a los 6.100 euros por kilo si se vende por gramos. “Y no es el mismo valor de ese precio si se coge en una playa que si se pone en Ámsterdam, dónde se puede multiplicar por cinco. En la calle un talego se vende por 6 u 9 euros y eso puede ser de uno a tres gramos”, apuntan.

En lo que va de año, el número de intervenciones en las que se ha evitado la entrada de la droga, persecución mediante, es ingente. También el de actuaciones contra “petaqueros”. Hablando sólo de hachís y de operaciones cerradas de forma positiva, entendiendo esto con detenciones, ha habido cuatro. Por ejemplo, la operación ‘Matiné’, desarrollada con Policía Nacional en la Balsa del Sapo con seis arrestos. También la ‘Carla’, con dos detenidos y 940 kilos intervenidos a 30 millas al sur de Almería. En la punta del Río Adra fue detenido un magrebí con un alijo de 1.350 kilos, y en el caso de la lancha que explotaron los motores, se recuperó un fardo de 30 kilos y se detuvieron a sus cuatro ocupantes.

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