La imagen de Radio Almería

Juanjo Del Arco

14 de enero 2010 - 01:00

CUANDO llegué a la radio, a finales de los años setenta, todo el mundo le llamaba CURRI. Por eso, casi nunca le llamé Paco Cruz. Una vez le pregunté que de dónde venía eso de CURRI y me lo resumió, como los buenos comunicadores, con muy pocas palabras: "del cariño que me tienen"-me contestó. Después me contó que por azares del destino su nombre y sus apellidos eran muy largos, Francisco José Cruz López Aramburu… y así hasta seis o siete apellidos más. Por eso insistía en que era mejor llamarle CURRI.

En aquellos inicios míos en Radio Almería, cuando realizábamos al mismo tiempo la programación de la RUEDA DE EMISORAS RATO y de la CADENA SER, le veía hacer el control técnico de algunos programas y leer las guías comerciales. Era rarísimo que se equivocara en la lectura de uno solo de aquellos anuncios. Desde entonces una de mis metas profesionales en la radio fue no equivocarme nunca cuando me dirigiera al micrófono. Aún sigo intentándolo, por cierto…

El CURRI ha sido la imagen de Radio Almería en cualquier rincón de la provincia en el que ha tenido que estar la radio. En las plazas de los pueblos a los que acudíamos a realizar los programas en directo; en las conmemoraciones oficiales; en las retransmisiones de Semana Santa; en las comidas sociales… Porque el CURRI sabía, sobre todo, vivir. Tenía un pronto ciertamente áspero pero sólo era un pronto. En el fondo era un tipo divertido. Cuando se encendía la luz roja del locutorio y empezaba a hablar era capaz de mantenerse serio incluso en los momentos más desternillantes. Los demás compañeros podían estar revolcándose de la risa pero él mantenía la formalidad que sólo alguien que ha sufrido en sus carnes los duros años de la posguerra era capaz de mantener. Era solemne, recto, a veces marcial, pero en el fondo era un buen tipo.

Cuando llegábamos a cualquier pueblo para emitir en directo, todo el mundo lo conocía de inmediato. En sólo unos minutos se hacía amigo del alcalde, de los concejales, del dueño del bar, del cura del pueblo. Todos le veían como la imagen que representaba el señorío de un medio de comunicación como la radio.

Su voz era un portento, te infundía respeto, seriedad. Marcó una época, una manera de hablar. Ahora, y mira que me duele decirlo, es ya sólo pasado. Pero su voz forma parte ya del patrimonio sentimental de miles de almerienses que nacieron, crecieron y vivieron escuchándole.

Este es uno de esos momentos para los que nunca está uno preparado: el momento de hablar de un compañero que se te ha ido para siempre y con el que has compartido casi treinta años de radio, tantas vivencias, tantos episodios buenos y menos buenos. Un amigo que ya no está y del que no volveré a escuchar su frase preferida cada vez que llegaba por la mañana a la radio: ¡Qué buena persona eres, todo el mundo lo dice!

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