Tribuna

Una monarquía en precario

  • Se pretende hacer creer a la opinión pública que el rey sólo representa a las derechas, llámense Ciudadanos, Vox o Partido Popular, algo totalmente alejado de la realidad

Una monarquía en precario Una monarquía en precario

Una monarquía en precario

Durante los últimos días, y tras el paréntesis provocado por la crisis sanitaria de la que tan dañados vamos a salir, se percibe un nuevo ataque por parte de ciertos sectores hacia la Corona, concretamente dirigido hacia el rey emérito por las supuestas comisiones percibidas procedentes de Arabia Saudí, pero que a su vez, no solo se circunscribe a don Juan Carlos, ya suficientemente vilipendiado pese a un reinado excepcional de casi cuatro décadas que de largo han sido positivas para España, sino a dañar la imagen de la Corona y el prestigio del actual rey, objeto de caceroladas populares y mordaces críticas promovidas por Podemos.

Se nos presenta, por tanto, un otoño caliente en lo que se refiere a ningunear y anular la figura del actual Jefe del Estado, pues tras estas incipientes muestras de acritud y tras el siempre sosegado estío, al inicio del otoño y del curso político el clímax puede llegar a cotas inimaginables y el descrédito de la Monarquía puede desencadenar gran inestabilidad política y enfrentamiento parlamentario, algo que sumado al hundimiento económico que ya se percibe, puede resultar catastrófico para una España siempre falta de grandes consensos.

Se intenta, por tanto, acabar con la Monarquia, aunque no por republicanismo

Tampoco hace falta decir que ese debate que se quiere promover entorno a la Monarquía se utilizará, de hecho ya se está haciendo, para apartar de primera línea informativa las responsabilidades del gobierno en la gestión de la pandemia y sus efectos económicos; efectos que no se harán realmente patentes hasta después del verano. Los tiros, permítanme la expresión, van a ir en dos direcciones, aunque convergentes. En primer lugar se pretende hacer creer a la opinión pública española que el rey sólo representa a las derechas, llámense Ciudadanos, Vox o Partido Popular, algo por otra parte totalmente alejado de la realidad, pero que puede calar como agua fina auspiciada por un conglomerado político formado por Unidas Podemos, partidos independentistas y un sector minoritario pero muy visible de los socialistas. Aunque estos no deberían olvidar que en los momentos mas determinantes para la institución monárquica el PSOE siempre ha apoyado, sin fisuras y con gran responsabilidad, a la primera magistratura del Estado; no olvidemos el apoyo mutuo que desde 1982 se dio entre Felipe González y Juan Carlos I ni Ia evolución del PSOE a partir del Congreso de Suresnes (1974), tampoco la labor impagable que Alfredo Pérez Rubalcaba realizó en 2014 para que la sucesión en la Jefatura del Estado se realizase sin sobresaltos, relevo que de producirse en la actualidad, debería sortear tremendas dificultades.

El Rey Felipe VI y su padre, el rey emérito Juan Carlos I El Rey Felipe VI y su padre, el rey emérito Juan Carlos I

El Rey Felipe VI y su padre, el rey emérito Juan Carlos I / D.A. (Almería)

En segundo lugar se pretende menoscabar la imagen de la Corona hasta el punto de que el ciudadano la perciba como algo prescindible por caduco, y esto no es algo nuevo en la historia de España, pues ya en 1935 José Antonio Primo de Rivera, si bien a posteriori y en el discurso pronunciado en el Cine Madrid (antiguo frontón de gran capacidad) afirmaría que “nosotros entendemos que la Monarquía Española cumplió su ciclo, se quedó sin sustancia y se desprendió como cáscara muerta el 14 de abril de 1931”, aunque dicha afirmación fue pronunciada con cierto sentimiento de respeto, pese al desafecto que le producía el trato poco decoroso del rey Alfonso XIII hacia el general Miguel Primo de Rivera, su padre, pues no obviaba la nostalgia que para muchos falangistas suponía la fenecida monarquía alfonsina. Dejando el pasado y ateniéndonos al tiempo presente, muchas de esas afirmaciones, ya muy manidas, las estamos volviendo a ver en nuestros días. Desde el inicio de la crisis sanitaria que aún padecemos la actividad de Felipe VI ha sido ejemplar y diaria con multitud de actos tanto presenciales como a través de video conferencia, pero no han llegado a la generalidad de los ciudadanos.

La mayoría de medios de comunicación públicos han obviado esa información o la han ofrecido de forma parcial, y también parte de los privados (bendecidos con decenas de millones de euros en plena pandemia). Por tanto, se ha hecho creer que el rey ha estado casi desaparecido para la sociedad española durante esta gravísima crisis. Esa es precisamente la imagen que se pretendía, y se ha conseguido. Y una vez ninguneada la Corona (ya no sirve para nada) el siguiente paso es atacarla. ¿Cómo? Hay múltiples y eficaces mecanismos para ello. Esta misma semana la revista Sapiens, a la que la Generalitat de Catalunya inyecta vergonzantes cantidades de dinero público traía en su portada el siguiente título “Borbones. 300 años de corrupción”.

La mayoría de medios de comunicación públicos han obviado esa información o la han ofrecido de forma parcial

Pero esto, tampoco lo sobrevaloremos, es pecata minuta. Lo realmente relevante es el acceso de un partido al que muchos tildan de comunista, cuando en realidad es peronista, al Centro Nacional de Inteligencia. Y aquí es básico tener muy presente que Pablo Iglesias ha podido acceder recientemente a la presidencia de la Comisión Delegada para Asuntos de Inteligencia - el órgano que controla el espionaje español - gracias al Decreto Ley que modifica la ley del CNI, un real decreto, que no olvidemos, pretendía tomar medidas urgentes para paliar los efectos económicos del coronavirus, pero que simultáneamente se ha utilizado para poner a Iglesias al frente de la inteligencia española, con todo lo que ello conlleva y que supone el acceso a información restringida por parte del mayor enemigo, no ya de la Monarquia, sino del sistema democrático actual; las informaciones y filtraciones sesgadas y parciales, para adecuarlas a sus intereses, son imaginables.

Se intenta, por tanto, acabar con la Monarquia, aunque no por republicanismo, ideología totalmente lícita en un Estado democrático, sino porque la institución representa la clave de bóveda que cierra el sistema constitucional español, y caída la Monarquia ese sistema tendría una correlativa sustitución por otro organigrama político que se nos esconde, pero que si tenemos en consideración el pensamiento político de sus impulsores, podemos fácilmente adivinar. No es ya la Monarquia quien corre peligro sino el conjunto del sistema de libertades consecuencia de la Constitución de 1978.

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