La odisea de Moree MK, el mítico DJ de Maui, para escapar de la guerra en Oriente Medio
El garruchero, autor de "Mujeres, mojito, Mojácar", se vio rodeado de bombas en Baréin y tuvo que huir con lo puesto y atravesar cuatro países para coger un vuelo a Europa
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Unos días antes de que estallase la guerra entre Irán e Israel-Estados Unidos, el garruchero Moree Mk estaba pinchando música en uno de los locales más distinguidos de Baréin, en el Golfo Pérsico. Allí había firmado un contrato de un año como DJ pero todo se truncó la mañana del 28 de febrero, cuando las bombas iraníes comenzaron a caer a escasos metros de su hotel.
Moree Mk es uno de los DJs más importantes de la provincia de Almería. Durante muchos años fue el residente en Maui Beach, durante los años dorados de Mojácar. Fue el autor de la famosa Mujeres, mojito, Mojácar, una canción que se convirtió en el himno de aquella Mojácar de inicios de los 2010. Actualmente reside en Londres aunque trabaja por todo el mundo. Esta no era la primera vez que pinchaba en Oriente Medio.
"A las 10:00 de la mañana empecé a escuchar los cláxones de los coches sin parar. Algo dentro de mí me decía que Estados Unidos iba a atacar esos días, pero jamás imaginé que pasaría, y mucho menos a dos calles de donde estaba", cuenta Moree. Se alojaba y actuaba en el barrio de Juffair, en Munama, la capital de Baréin. "El primer bombardeo fue en la base militar que tiene Estados Unidos allí en Juffair. En ese momento entendí que estaba dentro de una guerra".
Lo que vivió después no podrá borrarlo jamás de su mente. A escasos metros de donde estaba los drones kamikaze volaban por el cielo y bombardeaban los rascacielos. El fuego y el humo se mezclaban con el sonido de las alarmas y el desconcierto de miles de personas que no sabían qué hacer o a dónde ir. Los vídeos que grabó (y que ilustran esta noticia) muestran el terror de la guerra en plena ciudad.
"En un primer momento me acerqué a la ventana y vi todo el caos fuera. Tráfico colapsado, gente corriendo y el cielo negro de humo", relata el garruchero. Con las bombas explotando muy cerca de su hotel decidió coger su pasaporte, el cargador del móvil y una mochila con lo justo. Dejó todo lo demás atrás: su ordenador, su música, objetos de valor....
"La habitación vibraba con las bombas", cuenta. Tuvo que salir del hotel rompiendo una puerta de emergencia y fuera todo era caos. "Había calles bloqueadas, internet iba lentísimo, no había taxis ni Uber. Así que hice lo mismo que todos: caminar en la misma dirección y fuera lo que Dios quisiera".
Dos noches durmiendo en la playa y huida hacia Arabia Saudí
Caminó durante 5 km hasta que un amigo logró recogerlo fuera del barrio de Juffair, donde seguían cayendo bombas contra la base militar y el aeropuerto. "Pasamos dos noches durmiendo en la playa, mirando hacia el mar que separa Baréin de Irán. El aeropuerto estaba destruido y la única salida era cruzar el puente hacia Arabia Saudí".
Estuvo tres días esperando respuesta del Consulado, pero no llegó jamás. Así que tomó la decisión de cruzar el puente del Rey Fahd andando. "Salí de Baréin a las diez de la noche y a las 2:00 de la madrugada había cruzado la frontera hacia Arabia Saudí. El día anterior Irán había amenazado con destruir ese puente, pero lo crucé", relata Moree.
Llegó a Al-Khobar pero el objetivo era ir hasta Riad. "En Arabia Saudí me esperaban 600 km de camino, una recta de autovía en mitad del desierto que parecía interminable. En mitad del camino escuché en las noticias que Irán había atacado el edificio de la CIA en Riad". La odisea para volver a Europa continuaba entre taxis, Uber y cualquier medio de transporte que lograse coger.
Su idea era coger un vuelo en Riad hacia Estambul, pero lo cancelaron cuando Irán atacó Turquía. La segunda opción era volar a Omán, pero también cancelaron el vuelo. "Después de tres días en Arabia Saudí la ansiedad y la desesperación me llevaron a cruzar Jordania por tierra hasta llegar a Egipto y desde allí volar a Europa".
Tras largas jornadas de viaje atravesando países, desiertos y con la incertidumbre de qué podría pasar por el camino, al final llegó a El Cairo. Pudo coger un vuelo a Suiza y desde allí llegó a Francia, donde vive uno de sus hermanos.
"Fue una odisea en la que atravesé cinco países en una semana; guerras, fronteras, desiertos, verano e invierno, aeropuertos imposibles y algún café que otro amargo", cuenta a Diario de Almería. Y no solo fue un viaje peligroso, sino también muy caro. "Prefiero no hacer cuentas, pero entre taxis, hoteles, vuelos perdidos y demás me habrá gastado unos 3.500 euros", asegura.
Ahora, ya más tranquilo, ha decidido contar su historia. Está deseando viajar a Garrucha, donde viven sus padres y su hermana. Y allí, tomarse un café mirando al mar sin el temor de que desde el otro lado de la costa puedan llegar más misiles o drones.
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