La mascota que más crece en Almería no es la que llena las calles

Almería parece igual en la calle, pero no lo es cuando se mira el censo

Crónicas del hogar moderno: el auge animal en Málaga y Córdoba frente al enigma de Almería

El Paseo Marítimo de Almería capital es uno de esos lugares donde se pasean buen parte de los perros, y también se abrazan. / Marian Leon

A simple vista, Almería no ha cambiado. Basta con caminar por el Paseo Marítimo a media tarde para pensar que todo sigue igual. Correas tensas, paradas breves, pasos cortos. Perros por todas partes. Lo curioso es que, mientras la calle sigue sonando a perro, el animal que más crece en la provincia no se ve.

En los registros oficiales hay ahora mismo 184.601 animales de compañía en la provincia de Almería. La mayoría siguen siendo perros: 156.596 frente a 28.005 gatos. No hay sorpresa ahí. El perro sigue multiplicando por más de cinco al gato y mantiene su dominio sin discusión. La rareza está en otra parte.

Porque cuando se mira la evolución y no la foto fija, el dibujo cambia. Y bastante.

Desde 2012, el número de perros en Almería ha crecido alrededor de un 24 %. Es un aumento constante, sin sobresaltos, apoyado en la costumbre y en un modelo de vida muy ligado a la calle. En ese mismo periodo, el número de gatos se ha multiplicado casi por cuatro, con un crecimiento acumulado cercano al 270 %. No desplazan al perro, pero avanzan a otra velocidad.

Ese crecimiento no se percibe en los parques ni en las aceras. Se produce puertas adentro.

Donde no se ve el cambio

El perro sigue marcando el ritmo urbano. El clima, la vida exterior y el paseo diario juegan a su favor. Más del 84 % de los animales de compañía registrados en la provincia siguen siendo perros, una proporción que apenas se ha movido en más de una década. La hegemonía se mantiene.

Sin embargo, el gato ha encontrado su espacio en otro sitio. No compite por la calle, compite por el interior de los hogares. Pisos donde antes no había mascota ahora tienen una. No por moda ni por sustitución, sino por encaje. Menos espacio, menos tiempo, menos obligación de rutinas exteriores.

Ese cambio es silencioso. No genera escena urbana. No altera horarios visibles. Pero se acumula año tras año en el registro.

En clínicas veterinarias de barrios como El Zapillo o Nueva Andalucía lo comentan casi como una observación rutinaria. Siguen entrando muchos perros, pero la proporción de gatos es claramente mayor que hace una década. No es un boom repentino. Es una suma lenta, constante.

Crecen los dos, pero no igual

El perro crece por inercia. Año tras año suma animales sin grandes saltos, sostenido por un modelo de convivencia muy asentado. El gato, en cambio, crece rápido porque parte de una base pequeña y porque responde mejor a determinados perfiles de hogar.

No hay sustitución directa. El gato no desplaza al perro. Se añade. Y lo hace, casi siempre, sin ocupar la calle.

Ese patrón también se refleja en el ritmo general del registro. Las nuevas altas de animales de compañía han perdido fuerza respecto a años anteriores. Quien decide incorporar una mascota lo hace ahora con más reflexión. En ese escenario, el gato encaja mejor en ciertos hogares donde antes no se planteaba ninguna opción.

Almería sigue siendo tierra de perros

A primera y última hora del día, cualquier zona verde lo confirma. El perro sigue organizando la rutina urbana. La ciudad está pensada para él y él sigue ocupando ese espacio sin discusión.

Dentro de ese grupo hay un apartado muy concreto que apenas se mueve: los perros potencialmente peligrosos. En la provincia hay alrededor de 1.800 registrados, una cifra estable que no ha crecido de forma significativa. Las razas más frecuentes siguen siendo el pit bull terrier, el rottweiler, el american staffordshire terrier y el staffordshire bull terrier, con presencia menor del dogo argentino y el akita inu.

Su evolución está muy condicionada por la obligación de licencia, seguro y medidas de seguridad. No participan del crecimiento general.

Más discreta aún es la presencia de otros animales como los hurones, que también forman parte del cambio silencioso. En la provincia hay varios centenares registrados. No ocupan espacio público ni generan escena, pero aparecen cada vez más ligados a perfiles muy concretos de propietarios.

Más animales, más control

El aumento del número total de animales tiene reflejo administrativo. En el último año se han intensificado las actuaciones de inspección relacionadas con identificación, licencias y tenencia responsable. Más registros implican más controles y más expedientes cuando no se cumplen las obligaciones.

Nada de esto se traduce en una sensación de cambio visible en la calle. Y ahí está la paradoja.

Mientras el paseo sigue dominado por perros, el crecimiento más rápido ocurre donde no se ve. Dentro de los edificios. En pisos sin correa ni horario. En una convivencia más silenciosa que, poco a poco, va dejando huella en el censo.

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