Juan Cerezo | Director editorial de Tusquets "La literatura siempre se renueva desde los márgenes"

  • El granadino Juan Cerezo es el sucesor de Beatriz de Moura al frente de Tusquets, el sello que ella fundara en Barcelona hace ahora 50 años

Juan Cerezo junto a Beatriz de Moura en la fiesta de los 50 años de Tusquets. Juan Cerezo junto a Beatriz de Moura en la fiesta de los 50 años de Tusquets.

Juan Cerezo junto a Beatriz de Moura en la fiesta de los 50 años de Tusquets. / Efe

El sello fundado por Beatriz de Moura (Río de Janeiro, 1939) ha cumplido medio siglo y apagó velas la semana pasada en una fiesta celebrada en un castillo de Esplugues de Llobregat. Allí, la editora que mejor ha encarnado la idea de la Barcelona cosmopolita reunió a autores, colegas, libreros... y al arquitecto y diseñador Óscar Tusquets, su primer marido y socio. El sello le debe más que su nombre y ella se lo agradeció presentándolo en la Torre dels Lleons como "mi gran amigo, qué más se le puede pedir a tu ex". En la historia de Tusquets son indispensables también dos ausentes:el segundo marido de Moura, Antonio López Lamadrid, fallecido en septiembre de 2009, y José Manuel Lara Bosch, "que nos ayudó siempre y al final nos convenció a Toni y a mí de que si algún día vendíamos fuéramos con él".

Desde 2012 Tusquets pertenece al Grupo Planeta y tiene como director editorial a quien fue durante años la mano derecha de Moura, el granadino Juan Cerezo (Montillana, 1964). Con él conversamos sobre los retos que debe afrontar un catálogo que descubrió a Kundera, Murakami, Duras, Landero, Grandes, Orejudo, que lanzó El primer hombre de Albert Camus... y sigue empeñado en alojar títulos que mantengan su espíritu lúdico y un tanto ácrata, más atento al placer del lector que a la crítica.

-¿Qué le sugería Tusquets cuando comenzó a trabajar a principios de los 90 como corrector?

-Era un lugar bastante mítico donde pasaban cosas que me parecían envidiables, por el catálogo ya publicado y por los libros y colecciones que se entrecruzaban. Me fascinaba que fuera la editorial que había publicado a Woody Allen, Kundera, Duras, Irving y que hubiera dado a conocer a esa joven tan potente y revolucionaria como era Almudena Grandes con Las edades de Lulú. Al mismo tiempo, tenía la colección Marginales donde te podías encontrar desde Cioran a la antología de Antoni Marí El entusiasmo y la quietud, a Groucho y yo en Ínfimos y la incipiente colección de ciencia dirigida por el añorado Jorge Wagensberg. Esa mezcla irresistible de placer y de conocimiento, el estar en contacto con ideas de vanguardia y autores que te daban a publicar libros que podían ser futuros clásicos era una fascinación permanente.

-¿Recuerda el primer libro de cuya edición fue responsable?

-Aunque no llevé la contratación, uno de los primeros libros que edité y sentí que iba a ser mágico fue Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda, que hoy es uno de nuestros long-seller.

-¿Qué consejo le dio Beatriz de Moura sobre cuál debe ser la relación ideal entre autor y editor?

-Beatriz me decía que no debía ser amigo de los autores sino sólo un buen profesional, también para salvaguardarme de las futuras decepciones. Me recordaba que no hay que cambiar los planos porque se corre el riesgo de caer en el error de esos padres que se empeñan en ser amigos de los hijos. Personalmente creo que como editor tienes que ser el mejor socio y vigilar tu ego, porque a veces parece que los libros son de Gallimard pero los ha escrito un autor, y a mí no se me olvida que son los autores, su talento y creatividad, la materia prima de nuestro negocio. He llegado a la conclusión de que lo ideal es darles la suficiente confianza para que nos vean como los socios con los que seguir adelante para la publicación de su libro y de toda la obra que está por venir.

"Bioy Casares le dijo a Beatriz que una editorial que no publicaba poesía no era seria"

-Y esa filosofía se mantiene tras la inclusión en el Grupo Planeta.

-No ha cambiado para nada porque Planeta respeta ese trato cercano y de colaboración estrecha que tenemos con los autores, que es parte de nuestra idiosincrasia, y seguimos manteniendo nuestra cartera de representados. Pero sí es cierto que gracias a Planeta hemos podido introducir nuevos formatos como el libro digital o el audiolibro y hemos llegado con más fuerza al mercado latinoamericano, además de tener más facilidad para buscar posibles adaptaciones audiovisuales.

-De Moura trabajó cuatro años en Lumen para su cuñada Esther Tusquets pero dejaron de entenderse y aquella relación acabó "como el rosario de la aurora". Su salida propició que creara Tusquets en 1969 en un piso de 70 metros. ¿Qué admira más de esta mujer emprendedora?

-Más allá de lo atractiva y simpática que todos dicen que era, admiro su carácter y su increíble fuerza de voluntad. En 1969 no era fácil para una mujer en España tener piso propio o acceder a cuentas bancarias, lo que logró al casarse con su pareja Oscar Tusquets. Lo curioso es que, pudiendo haberse dedicado a otra cosa, teniéndolo todo en contra, no cejó en su empeño y buscó entre los amigos a quien le aconsejara, como Sergio Pitol, y a quienes como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez le aportaran textos que acabarían salvando la editorial, como ocurrió con Relato de un náufrago. Vargas Llosa es quien la animó a publicar a Ribeyro y para ello contrató a un joven Enrique Vila-Matas, que llevó a París los originales como si fuera el correo del zar, un encuentro entre dos tímidos que apenas intercambiaron palabra.

-Tras aterrizar en Tusquets vivirá en primera persona la consolidación del sello y el papel esencial de Toni López Lamadrid.

-López Lamadrid, el segundo marido de Beatriz, entró como socio por horas en la empresa. Se divertía tanto que renunció a su negocio textil para ser el gerente y director financiero de Tusquets, que dejó de ser un sello artesanal para convertirse en una empresa. Y este proceso se consolidó cuando nos mudamos a esa coqueta villa con jardín, estanque y perro de la calle Cesare Cantù, en la parte alta de Barcelona. Toni López era un espíritu magnífico y nos inculcó la idea de que éramos como una banda de jazz donde todos tienen su momento de protagonismo pero lo importante es que todos toquen conjuntados y sigan la melodía.

Foto de familia de los autores de Tusquets junto a Moura y Cerezo. Foto de familia de los autores de Tusquets junto a Moura y Cerezo.

Foto de familia de los autores de Tusquets junto a Moura y Cerezo. / Efe

-Aunque el emblema del sello es Andanzas de narrativa la poesía tiene un papel muy especial.

-Nos llena de orgullo porque ha cumplido 30 años y aunque no suele salir en la lista de más vendidos es parte de nuestra esencia desde que Bioy Casares le dijo a Beatriz que una editorial no era seria si no publicaba poetas. Al principio la dirigía Antoni Marí para evidenciar que éramos una editorial literaria. Tenemos autores buenísimos, como Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Francisco Brines, Antonio Gamoneda, Álvaro Valverde, Carlos Marzal, que se dio a conocer con nosotros, e hispanoamericanos importantísimos como Ida Vitale. En un panorama donde la poesía se convirtió en campo de disputa de distintas tendencias practicamos un sincretismo interesante y ninguna escuela podía reprocharnos nada porque en Tusquets convivían desde Juan Ramón Jiménez a Felipe Benítez Reyes. Hemos buscado buenos libros y nada más.

"Julián Rodríguez ha sido un editor modélico y la prueba de que al final lo importante no es la sede sino la voluntad”

-¿Siguen dándose en Barcelona las condiciones idóneas para ser la capital española de la edición que alumbró a Tusquets, Anagrama, Seix Barral...?

-Barcelona reunió sin darse cuenta todas las condiciones para ser un sitio privilegiado donde las empresas culturales pudieran salir adelante. Al no ser capital se volcó en la cultura de manera más libre, también para convertirla en negocio y siempre en manos privadas, sin tener en cuenta las editoriales oficiales. Era un crisol cultural enriquecido por los latinoamericanos y los autores que firmaban tanto en castellano como en catalán. Aquí surgió Planeta y el otro grupo que hoy forma parte de la multinacional Random y empezó con sellos como Plaza & Janés y Grijalbo, y se generó un tejido de profesionales en torno a la edición como diseñadores, impresores, correctores... Las condiciones se siguen dando en Barcelona, donde además han aparecido muchos sellos que editan en catalán y son todo un acicate porque trabajan con muchísimo gusto. Aunque aparentemente la situación política distorsione el entorno la voluntad de las editoriales es la misma: sacar libros interesantes destinados a un público lo más amplio posible. En Barcelona estamos acostumbrados a abrir puertas y quien quiere ser excluyente va a ver a medio plazo cómo se le cierran oportunidades.

-¿De dónde pueden venir las mayores sorpresas editoriales?

-La literatura se renueva siempre con grandes sorpresas que vienen de los márgenes y un pequeño editor siempre tiene tantas posibilidades como otro poderoso de encontrar ese libro revelación con el que todos soñamos y por el que estamos en este negocio. Además, desde que existe internet, un sello puede surgir en cualquier parte, como ocurrió en Extremadura con Periférica. Con su director Julián Rodríguez hemos perdido a un colega modélico, uno de los mejores, el ejemplo perfecto de cómo, cuando hay un editor con talento y vocación, al final no es tan importante el lugar donde tienes tu sede sino tu voluntad por seguir adelante.

José Creuheras, presidente de Planeta, Fernando Aramburu, Almudena Grandes y Juan Cerezo. José Creuheras, presidente de Planeta, Fernando Aramburu, Almudena Grandes y Juan Cerezo.

José Creuheras, presidente de Planeta, Fernando Aramburu, Almudena Grandes y Juan Cerezo.

-Los autores que trabajan en Andalucía están muy presentes en Tusquets y en sus apuestas, como ocurre con el sevillano Daniel Ruiz, el gaditano Eduardo Mendicutti o el madrileño afincado en el sur Antonio Orejudo.

-Daniel Ruiz es una de nuestras apuestas para el próximo otoño y dará que hablar porque El calentamiento global es su novela cumbre, aborda los entresijos de una gran empresa con esos personajes suyos siempre extraordinarios e imborrables. A Eduardo Mendicutti habría que hacerle ya un homenaje: alguien que sin ir nunca de víctima, sino todo lo contrario, ha contado desde hace 30 años con una coherencia y un uso de la lengua extraordinario lo que es la literatura desde una perspectiva homosexual, naturalizando la temática LGTI como se dice ahora con grandes creaciones literarias. Y no creo que haya nadie que haya renovado la literatura española más que Orejudo, que no se repite nunca. La pena es que es un autor lento que entrega una novela cada tres o cuatro años pero vamos a lanzar una edición de bolsillo de Ventajas de viajar en tren a raíz del estreno en otoño de la película de Aritz Moreno, que tiene una pinta estupenda.

-¿Qué supuso ser el editor de Patria de Fernando Aramburu?

-Patria superó todas mis expectativas, todos se reían cuando dije que podría vender 100.000 pero desde el principio supimos que no era un libro corriente sino emocionalmente muy potente. Todos soñamos con conseguir que el libro se convierta en objeto de conversación y eso ocurrió con Patria y estoy seguro de que algún día alguien va a escribir una novela sobre el procés que nos pillará a todos por sorpresa.

-¿Y por qué ha calado tan hondo Lluvia fina de Luis Landero?

-Lluvia fina es una novela tremenda que nos sorprendió a todos porque Landero es autor de humor cervantino y personajes un poco desastres, perdedores de grandes ideales, y aquí ha escrito una tragedia. Todos tendemos a creer que nos merecemos más pero leyendo esta novela te das cuenta de cómo funcionan tus mecanismos y los de tu entorno a la hora de crear agravios. Vivimos en nuestro país y en Cataluña un momento donde hay relatos -de ti mismo, de tu familia, tu comunidad- que se han alimentado de pequeñísimas manipulaciones que te atrapan como una bola de nieve que no se puede frenar. Esta novela magistralmente escrita cuenta de manera muy gráfica que esa actitud de reprochar siempre acaba mal.

"En este país necesitamos llevarnos muy bien con los ex, ya sean maridos, parejas, socios... o autores"

-¿Perdura en Tusquets el dolor por los autores que, como Javier Cercas, se marcharon del sello?

-No, ese dolor ha cicatrizado y ahora podemos entendernos muy bien con la distancia. Me gustó mucho lo que dijo Beatriz de su primer marido, que se ha convertido en un excelente amigo. En este país necesitamos más llevarnos bien con los ex, ya sean maridos, parejas, socios… Con los autores pasa lo mismo y mi filosofía no pasa por robar autores a otros sellos sino por el juego limpio.

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