La élite entrena en Mojácar

Movistar, Blanco, Rabobank femenino, Netapp Endura y la selección belga femenina están concentrados en el levante Los hoteles cuidan al detalle la preparación de los equipos

Un mecánico saca una bicicleta del autocar.
Ricardo Alba Mojácar

20 de enero 2013 - 05:02

Las nueve de la mañana de un día, pongamos, como el de ayer. Los componentes de los equipos ciclistas Movistar, Blanco, Rabobank femenino, Cycling Team NETAPP ENDURA, y la Selección femenina belga, acumulan energías con un generoso desayuno en los distintos salones que el hotel Marina Playa de Mojácar ha adecuado para cada uno de los cinco conjuntos que figuran entre la élite mundial del ciclismo. Mientras los deportistas apuran su ingesta matutina, los directores deportivos y técnicos perfilan los últimos detalles de la jornada. A algunos equipos les esperaba la carretera, en tanto que, por ejemplo, para el Movistar era día de visita al circuito de Tabernas. En fin, lo de visita es un eufemismo, en realidad se trataba de entrenar series contrarreloj individual o por equipos, y tácticas que para ellos quedan en el secreto del sumario.

Acabado el desayuno, cada cual a lo suyo: los que marchan al circuito, Valverde y compañía, lo hacen en flamantes autobuses y con el chándal puesto del que se despojarán una vez que comiencen a pedalear por la pista. Aquellos que salen a la carretera, caso del Team Blanco, antes Rabobank, bajan a los vestuarios a todo lo contrario, a quitarse el chándal, calzarse las zapatillas -¡ojo! calzado altamente especializado, específicamente diseñado para pedalear y no para caminar con ellas-, ajustarse el casco, sacar la burra del soporte, subirse a ella y al asfalto.

De regreso al vestíbulo del Marina Playa, su director, Ricardo Escudero, cuenta y no para multitud de anécdotas cazadas al azar y que por discreción no deben salir a la luz pública. Simón, un chavalón muy majete que tiene una tienda dentro del hotel, se suma a la narración de sucedidos. Un rato entretenido de espera mientras los deportistas suben unos a Velefique, otros a Bédar, y otros que vaya usted a saber por cuál carretera andarán. La visita al inmenso aparcamiento del hotel es el recorrido por siete años de historia del ciclismo en Mojácar. Siete años y parece ayer cuando por primera vez un equipo profesional del ciclismo, el Rabobank de entonces, eligió el municipio mojaquero para la puesta a punto de la maquinaria humana y técnica del grupo.

La luz diurna se amortigua poco a poco con tonos violeta rosáceo de color puesta de sol. Ducha, descanso, masaje y tiempo libre hasta la hora de la cena, cita gastronómica a la que acuden todos los equipos entre las ocho y las nueve de la noche. Arroz y pasta es la base alimenticia de la última comida del día. Algunos de los equipos vienen con sus propios cocineros para seguir unas pautas calóricas muy estrictas. El amplio y surtido buffet no se acaba nunca por mucho que los corredores coman, siempre se repone la bandeja.

A medida que cada cual termina de reponer las energías gastadas en los pedales sale del restaurante, es el rato previo antes de ir a la cama para conversar, llamar por teléfono a la familia, mirar algo de la tele, en definitiva, lo habitual en una concentración deportiva que, al decir de Juan Manuel Gárate, "cuesta un poco al ser la primera concentración tras un largo periodo en casaHemos tenido seis horas de entrenamiento en un terreno bastante duro y las piernas duelen un poco". La pretemporada se hace larga, muchos días con actividades idénticas, con las mismas personas. Gárate y Luis León, ambos del Blanco Pro Team, aprovechan para "echar un café porque cada uno vamos en un grupo y en todo el día no solemos estar juntos y, en la mesa, el resto de compañeros hablan todos el holandés y con nosotros hablan en inglés". Los del Movistar, al haber retrasado la hora normal de entrada a su salón, son de los últimos en salir. Alejandro Valverde y sus compañeros, tras 170 kilómetros ayer y 70 en el circuito hoy, "se hacen gracias al entrenamiento y a la buena alimentación, pero la verdad es que llega una hora en que lo único que apetece es descansar". Durante unos minutos, los ascensores del hotel no tienen tregua; suben y bajan cargados de ciclistas con dirección a sus habitaciones. Mañana será otro día de más kilómetros.

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