Cocina taiwanesa con acento andaluz en tetería Sin Lin
El negocio organiza un curso de cocina tradicional y vegetariana de cuatro horas una vez al mes · Los precios son muy asequibles, por 18 euros los participantes pueden participar y cenar
Sopa de medicina china, rollito de maíz, fideos de arroz, soja con tomate... una decena de participantes aprenden hoy a cocinar comida vegetariana al más puro estilo taiwanés en el taller que organiza la Tetería Sin Lin. Su propietaria, Meiju Lai, abrió el negocio en 2002 y dos años después lo trasladó a la ubicación actual, en Avenida de Vilches número 33. Es un local de pequeñas dimensiones, pero concentra un cúmulo de sabores que solo se pueden encontrar allí, y es que en Almería todavía no hay ningún restaurante taiwanés.
La idea de organizar los cursos de cocina surgió por casualidad, cuando Meiju Lai observó el interés por parte de sus clientes. "Venían a la tetería y al probar los dulces preguntaban si también había comida". Fue entonces cuando comenzó a darle forma a los talleres, desde entonces ha organizado una treintena.
En grupos de entre 10 y 15 personas, los participantes aprenden los secretos de la gastronomía taiwanesa colaborando activamente en la preparación de los platos. Así, descubren que la denominada sopa de medicina china obtiene el nombre de las propiedades beneficiosas de sus ingredientes, plantas aromáticas y hierbas medicinales que otorgan un "sabor peculiar pero bueno y nutritivo", como lo define la gerente.
Entre los ingredientes más utilizados están la soja, el arroz o las algas típicas de la cocina oriental, junto con verduras almerienses y aceite de oliva de la provincia, todo un descubrimiento para Meiju Lai. "En mi país la ensalada se acompaña con mayonesa, es muy diferente. Me gusta el toque que le da el aceite de oliva, es nutritivo y más ligero", comenta.
El curso dura aproximadamente cuatro horas. Una vez listos los platos, los alumnos los degustan y luego descubren los secretos de la ceremonia del té en Taiwán, "similar a la de China pero algo más alejada de la japonesa".
El ritual es metódico y se realiza en silencio. Primero se vierte agua a unos 80 grados en la tetera de cerámica o barro previamente calentada, y se deja reposar junto al té verde durante un minuto. Después se vierte el líquido en vasos, que se vacían en un recipiente de barro sobre el que descansan, para perderse por tres agujeros a otro recipiente que hay a continuación. La operación se repite dos veces más y finalmente se presenta el té en los vasos sobre un pequeño plato y cubiertos por los pequeños cuencos de barro. Con precisión y rapidez el cliente debe girar rápidamente el vaso para beber el té del cuenco mientras huele la fragancia del té del vaso. "Siempre se huele primero para saber si el té es bueno o no y nunca se le echa azúcar, si no no se aprecia el sabor auténtico de la bebida", desvela la propietaria.
La carta de tés es muy amplia: hay variedades típicas de China (Formosa, de trigo, Longing o pozo de dragon...), aromáticos, de flores, especiales, sin teína, de frutas o fríos. También se pueden degustar batidos naturales con leche de soja o de vaca y soja verde y roja, chocolate, cacahuetes..., granizados y batidos especiales con propiedades específicas. Ejemplos de ello son el de remolacha, melón y kiwi, que evita el estrés; de chirimoya y leche para dormir bien; o de kiwi y melón para niños inapetentes.
Para los más golosos hay dulces típicos como galletas de mantequilla rellenas de frutas, pan al vapor con soja verde y roja o bolas de chocolate cuya traducción literal del taiwanés sería "huevos de caballo calientes".
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