Marruecos retirará las ventajas fiscales a grandes invernaderos
Esta medida había atraído a grupos agrícolas extranjeros e, incluso, a firmas de la provincia
El rey Mohamed VI de Marruecos ha anunciado el fin de la exención fiscal a las grandes explotaciones agrícolas que se han venido estableciendo en Marruecos y que se articulaban a través de sus denominados Planes Verdes.
En los últimos diez años Marruecos ha experimentado la llegada de grandes propietarios y grupos agrícolas que han conseguido grandes beneficios, lo que animó el debate interno sobre la necesidad de imponerles tasas. La excepción fiscal fue una medida que tomó hace casi 30 años el fallecido Hassan II, padre del actual monarca, tras unos años de sequía.
A ello se une el apoyo por parte de la Unión Europea al desarrollo económico y social del país a través de fondos comunitarios, que en la última década ha ascendido a más de 1.300 millones de euros.
El monarca alauí indicó que "seguiremos favoreciendo la excepción fiscal para la pequeña y mediana agricultura", añadiendo que, sin embargo, "su efecto vencerá a finales de este año para las grandes explotaciones agrícolas".
El rey indicó que el programa "Marruecos Verde", un ambicioso proyecto de modernización agrícola, tiene como objetivo tomar en consideración el continuo interés por los pequeños agricultores, con vistas a mejorar sus condiciones de vida.
El 40 % de los trabajadores en Marruecos lo hace en el sector agrícola y la mayoría en pequeñas propiedades individuales que no sobrepasan las cinco hectáreas.
Soprofel y Azura son dos corporaciones de capital franco-marroquí, con mayoría francesa en el accionariado, que mantienen un 'idilio' histórico con la agricultura alauita y que han sabido aprovechar los años dorados de las medidas e incentivos impulsados por el gobierno marroquí para el desarrollo de la agricultura del país, hasta llegar a un punto de avance tecnológico que nada tiene que envidiar al modelo almeriense. Al calor de estos incentivos fiscales y medidas de apoyo a las inversiones de capital extranjero también se han sumado empresas almerienses y de otras provincias andaluzas, así como de las vecinas comunidades autónomas valenciana y murciana.
Sin embargo, desde hace alguna campaña, han comenzado a batirse en retirada porque las cuentas no les cuadran. La revolución social también ha llegado a los países del sur y los trabajadores llevan ya algunos años exigiendo sus derechos, al más puro estilo occidental, atreviéndose, incluso, a desafiar el régimen establecido mediante huelgas, para reclamar mejoras en salarios y en las condiciones laborales, lo que se une a la especial dificultad de implantación de una empresa extranjera en suelo marroquí y, con ello, la gestión y control del capital humano.
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