Pasto entre un amasijo de alambres y plásticos
La introducción de ovejas y cabras en invernaderos afectados por el granizo permite a los agricultores ahorrar en transporte de restos vegetales Esta práctica se hace entre cada ciclo
Un ejército de 2.100 ovejas y cabras recorre los invernaderos arrasando a su paso con matas, hortalizas y otros restos vegetales tirados por el suelo. Son una alternativa 'verde' a la gestión tradicional de excedentes en invernaderos, solo que en este caso la encomienda deriva de una mala noticia: el destrozo de cientos de invernaderos por la tormenta de lluvia y granizo que asoló la parte norte de Santa María del Águila el pasado día 20 de noviembre.
Francisco y Pedro Fuentes, tercera geración de ganaderos, llevan una década haciendo 'trueque' con los productores agrícolas. En los cambios de ciclo de cultivo meten a sus ovejas en las superficies invernadas para que se coman las matas y frutos del destrío. De este modo ellos ahorran en la compra de comida y piensos, alimentándolas de forma natural, mientras que los agricultores ahorran en costes por la recogida y transporte de restos vegetales a las plantas de gestión autorizadas.
Los hermanos Fuentes, conocidos en el pueblo por el apodo 'Los Cabezones', afirman "no dar abasto" en los últimos días. "Nos llaman muchísimos agricultores para que vayamos porque tienen que limpiarlo todo lo antes posible" para volver a levantar sus explotaciones y poner su actividad en marcha desde cero.
Pedro también vio cómo se caía una de estas explotaciones, que a punto estuvo de llevarse por delante su medio de vida. "Cuando empezó a llover estaba dentro de un invernadero con los animales y al ver la fuerza de la tormenta empecé a sacarlos porque veía que se caía". Tuvo el tiempo justo. "Por unos minutos lo hubiera perdido todo".
Gracias al pastoreo 'bajo plástico' esta empresa familiar puede sobrevivir. "Es una ayuda mutua". Son malos tiempos para la ganadería por el aumento en el coste de los insumos. "Si tuviéramos que alimentar a las madres con pienso tendríamos que dejar el trabajo, no lo podríamos costear, son muchos cientos de euros cada día", comenta Francisco. Solo este concepto se lleva unos 12.000 euros en gastos, además de la paja para hacer la cama de las ovejas, los medicamentos, el veterinario... "En 10 años los piensos han subido un 200%. Hemos llegado a pagar 6 euros por cada 40 kilogramos y ahora ya va por 30 euros", asegura. En cambio, los precios en origen que ellos perciben no suben de forma proporcional a los gastos y los márgenes de beneficio son cada vez menores.
"Cobramos 50 euros por animal vivo y, con suerte, nos quedamos con 20 euros de ganancias como máximo". Y es que el recorrido para poder vender cada borrego se alarga un mínimo de cinco meses, los mismos que hay que estar detrás de la madre (es lo que dura el periodo de gestioación). Durante ese tiempo hay que extremar los cuidados. "Esto no es fácil, hay muchos que se echan a pastores y no duran ni un año. Te gastas un dineral en criar los animales pero se pueden morir, siempre hay un porcentaje de pérdidas y hay que saber manejarlo". Su explotación agropecuaria, dividida en tres ubicaciones distintas, suma casi 9.000 metros cuadrados en El Ejido. Pedro y Francisco son la cuarta generación de pastores. Su bisabuelo, su abuelo y su padre han sido pastores. El primero, de origen gallego, era un pastor nómada que llegó hace 800 años a la provincia de Almería.
Generación tras generación se fueron pasando el testigo, y Francisco, que cuenta con 20 años, siempre supo que quería seguir la tradición. "Me llama mucho la atención este mundo. Trabajar con animales es muy interesante. Son inteligentes. Si las observas descubres, por ejemplo, que se dan cuenta de que va a llover antes de que empiece. Notan todo". A pesar de las horas y las nulas vacaciones, "es muy gratificante".
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