• Juan Muñoz se jubila tras 40 años en la calle Alcalde Muñoz

  • Le gustaría que alguien siguiera con el negocio

Historias de la capital de Almería El Desván, la boutique del regalo almeriense se despide

Juan y Jaly muestran imágenes históricas de su negocio, que ahora cierra. Juan y Jaly muestran imágenes históricas de su negocio, que ahora cierra.

Juan y Jaly muestran imágenes históricas de su negocio, que ahora cierra.

Javier Alonso (Almería)

“Comencé mi andadura como empresario en 1.980, dejando a un lado mi carrera de maestro para un 1 de diciembre abrir mi tienda, El Desván”. Así comienza su despedida de los almerienses Juan Muñoz Martínez, un vecino de la capital de esos que ha marcado la vida de varias generaciones desde su negocio en calle Alcalde Muñoz, 7. Y es que, quien no ha pasado por esta tienda en más de una ocasión. O mejor dicho, en muchas. El Desván ha sido durante más de 40 años el templo del regalo de los almerienses. Ese lugar al que todo el mundo ha recurrido para comprar ese detalle al ser querido o esos presentes en época navideña. Siempre era una apuesta segura, nunca fallaba.

Juan Muñoz y su esposa Jaly pueden estar orgullosos de ser unos pioneros en este ámbito del comercio local almeriense, pero sobre todo, de gozar del cariño y el reconocimiento de todos sus vecinos tras tantos años de esfuerzo, cercanía y de hacer un poco más felices a los demás.

Comenzaron siendo adolescentes a vender figuras de barro en el Paseo, junto a Regente

Juan ha decidido poner en este, un año extraño y marcado por una dichosa crisis sanitaria que centra la atención y el miedo de todos, punto y final a su andadura como comerciante. Se jubila para dedicarse en cuerpo y alma a otra de las muchas facetas que siempre le ha realizado y a la que no ha podido ofrecer el tiempo que ha querido, como es “ayudar a los demás. A los más necesitados. Y sé cómo hacerlo y a donde ir para ello. Hay mucha gente en la capital que pasa necesidad y que necesita de asesoramiento y ayuda. También hay muchas personas marginadas que no saben, por sus circunstancias de vida, que pueden trabajar y llegar mucho más lejos de lo que imaginan. Hay que ayudar”, explica Juan.

Ahora que El Desván, para desgracia de muchos, porque siempre ha formado parte de su vida, la capital pierde uno de esos templos de un comercio local capitalino maltrecho en los últimos tiempos. Una empresa con una clientela fiel, que seguía funcionando, y que servía de atracción y proximidad para otros. Por eso, a Juan Muñoz le gustaría que El Desván no quede en el olvido, “y alguien coja las riendas, aunque de momento nadie quiere hacerlo. Aprovecho esta oportunidad para ofrecer la posibilidad de adquirir un negocio que amo, y que es rentable para que una familia viva cómodamente”.

Y es que es normal que el propietario del Desván desee que su tienda perdure, más aún al conocer su historia.

Todo fue casi por casualidad. Juan y Jaly eran dos jóvenes que se conocieron en el instituto y comenzaron a estudiar en la Universidad. “Era otra época”, recuerda Juan, ya que tuvieron que sacrificarse mucho para tener acceso a sus estudios por falta de financiación, y se les ocurrió hacer figuras artesanas con barro que compraban en Manos y que vendían en Navidad y otras épocas festivas “para ganarse unas perrillas”. Nos colocábamos con una mesa de playa plegable en el Paseo de Almería, equina con Marín Rosa y Joyería Regente. Para su sorpresa, esos presentes que realizaban a mano se vendían de inmediato.Este éxito, junto con las clases particulares que daban a niños, permitió que Juan terminara la carrera de Magisterio y posteriormente psicología; y Jaly la de Enfermería.

Interior de la tienda. Interior de la tienda.

Interior de la tienda. / Javier Alonso (Almería)

Pero el verdadero salto, aún con sus estudios, lo dieron cuando tomaron a conciencia un consejo que le dieron otros comerciantes que por aquel entonces tenían puestos ambulantes cedidos por el Ayuntamiento en el Paseo. “Os estáis equivocando, nos dijeron. Tenéis que apostar por la bisutería”, cuenta el matrimonio. “Le pedí a mi padre, que por aquel entonces iba mucho a Madrid, que me trajera 10.000 pesetas que tenía ahorradas. A la vuelta, recuerdo cómo recogí a mi padre de la estación y trajo no 10.000, sino 25.000 pesetas en material para pulseras y collares. Se envalentonó y me dio una enorme sorpresa. Yo casi me caigo de la impresión. No me lo podía creer”.

De ahí se pusieron manos a la obra y coincidiendo con una Navidad el día 5 de enero habían vendido todos los collares y pulseras que habían hecho ya en otro puesto, en este caso enfrente, en la puerta de lo que entonces era Simago.

El Desván en calle Alcalde Muñoz. El Desván en calle Alcalde Muñoz.

El Desván en calle Alcalde Muñoz. / Javier Alonso (Almería)

Poco después, llegó uno de los momentos cruciales y que marcó la vida de este matrimonio. “Nos encontramos en una situación en la que hubo que decidir. Después de centrarme en mis estudios, con Jaly ya trabajando, porque a mí siempre me ha gustado cerrar capítulos a pesar de que nos iba bien con esta actividad paralela; me saqué las oposiciones de Magisterio cuando acabé psicología y me destinaron a Jerez. Después de muchas vueltas, y por no separarnos, decidí quedarme ya que la venta de regalos nos iba bien y me centré en eso, a la vez que mi mujer continuaba con su trabajo como enfermera. Ahí fue, al poco, cuando tuvimos a nuestros tres hijos muy seguidos: Juan, María y Manolo”.

Un buen día, Jaly, sorprendió a Juan con el alquiler de un local de doña Paquita Navarro Monet en calle Alcalde Muñoz, justo enfrente del comedor de la milagrosa, y ahí comenzó el negocio físico, para posteriormente, en 1.980 abrir lo que hoy conocemos como El Desván, en esa misma calle. El resto de la historia ya es conocida y escrita conjuntamente con todos los almerienses.

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