Venezuela es la doctrina Donroe con dientes

La intervención de Trump en Venezuela responde, sobre todo, al interés geoestratégico y económico de Estados Unidos, de ahí que el objetivo democrático sólo sea secundario

Donald Trump habla sobre Venezuela a bordo del Air Force One
Donald Trump habla sobre Venezuela a bordo del Air Force One / E. P.

Donald Trump es tan transparente como su mata de pelo, sus razones para intervenir en Venezuela y capturar a quien ha sido su presidente, Nicolás Maduro, se resumen en un término creado por él mismo, al menos al pronunciarlo: Donroe, palabro formado por su nombre propio y el apellido de James Monroe, quinto presidente de los Estados Unidos. Este principio de la política exterior de Washington se definió en 1823 para ahuyentar la intervención de las potencias europeas en el continente americano, que pasó a considerarse desde entonces como parte de una esfera de seguridad de Estados Unidos. Donroe, según Trump, no sería más que la doctrina Monroe mejorada, un principio defendido "con dientes".

La rueda de prensa que Trump dirigió desde su mansión privada de Mar-a-Lago el pasado 3 de enero, así como la intervención posterior de su secretario de Estado, Marco Rubio, no dejan lugar a dudas sobre cuál es la intención de su administración, que no es tanto la de forzar un período democrático en Venezuela, como la de intervenir en la gobernación del país de acuerdo con sus intereses geopolíticos y económicos.

En su intervención, Trump no citó la palabra democracia, sí libertad, pero sobre todo petróleo. Son 58 minutos para la historia. Ya de regreso de Florida, en el avión presidencial le dijo a los periodistas: “Queremos acceso a todo lo que pidamos, acceso al petróleo y a otras cosas que hacen falta para reconstruir el país, a carreteras y a puentes para reconstruirlos”. "Somos nosotros los que estamos al cargo", subrayó.

Cuando Moroe formuló su deseo, Estados Unidos estaba lejos de ser una potencia naval o militar, España y Francia aún tenían colonias, pero su doctrina ha sido invocada por sucesivos presidentes, desde J. F. Kennedy a Ronald Reagan, como un derecho a protegerse de enemigos potenciales a lo largo del continente, desde Tierra de Fuego a Alaska. La nueva Estrategia Nacional de Seguridad, publicada el pasado mes de diciembre, vuelve a citar a esta doctrina, pero con el añadido personal del mandatario republicano.

El principio formulado por Moroe era recíproco: Estados Unidos no dejaría que las potencias europeas recolonizaran sus anteriores territorios, pero no se inmiscuiría ni en Europa ni en las colonias que aún quedaban en el continente. Buena parte del aislacionismo que habían venido defendiendo los republicanos arrancaba de esta doctrina.

Donroe es, por tanto, un aviso. Marco Rubio lo explicó muy bien en su intervención: este presidente hace lo que dice que va a hacer, "es un hombre de acción" y el resto de países deben tomar nota de la voluntad real de Trump.

El régimen bolivariano era, desde el punto de vista de Trump, un enemigo que alteraba el control norteamericano del hemisferio. Venezuela mantenía muy buenas relaciones con Irán, varios de sus presidentes de Gobierno visitaron el país; con Cuba, de donde recibió en tiempos de Hugo Chávez cientos de médicos voluntarios y de técnicos militares; con Rusia, a la que compró los sistemas de defensa que no sirvieron para nada el sábado pasado, y con China, a quien vendía petróleo a cambio de créditos.

Este último programa se había deteriorado en los últimos años, porque Venezuela no tenía capacidad de devolver los créditos y tampoco contaba con más petróleo -las infraestructuras para la extracción son ruinosas- para solventar su carencia financiera, pero los acuerdos con China eran un reflejo de algo que está ocurriendo en buena parte del continente. China está invirtiendo en Argentina, en Uruguay, construye un macropuerto en Perú y compra tierras agrícolas en muchos países más.

Así que lo de Venezuela es un aviso a China y a Rusia, pero sobre todo a los países americanos que se adentren por sendas similares. O que Trump considere que no se ajustan a sus intereses, caso de Colombia, de México o de Dinamarca. Cuba es un caso especial. Probablemente, la miseria general que ya es insoportable en la isla aún escale un peldaño más con la ausencia del crudo venezolano.

Y, además, de esto, además de la imposición de un nuevo orden mundial basado en las esferas de influencia, están los asuntos domésticos preferidos de Trump: la inmigración y el narcotráfico. Venezuela no forma parte de la ruta de la droga hacia Estados Unidos, aunque no se debe descartar que algunos de sus dirigentes estén involucrados en este negocio o que hayan dejado a hacer a guerrillas narcos como el Frente de Liberación Nacional de Colombia, que tiene bases en suelo venezolano. Pero la propia existencia del Cartel de los Soles, en el que participarían dirigentes del régimen, ha sido cuestionada.

Ante todo esto, la restauración de la democracia en Venezuela está en un segundo término, de ahí la profunda decepción que están causando estos días en la oposición al régimen. La decisión de dejar a Delcy Rodríguez como presidenta del país obedece al temor de Estados Unidos a repetir experiencias como la de Iraq después de la caída de Sadam Husein, por eso ha decidido no liquidar al chavismo, aunque ello suponga que personajes como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, ministros de Interior y Defensa, respectivamente, sigan al mando de las fuerzas armadas, de la guardia nacional y de los servicios de inteligencia, la tríada represora del régimen.

Si algún republicano quedase en la administración de Trump, ése sería Marco Rubio, su secretario de Estado, y en él confían los opositores para que el mandato de Delcy Rodríguez sólo sea transitorio, de modo que se dé paso a Edmundo González, que fue el candidato que ganó las elecciones de julio de 2024. Sería González quien convocaría unas elecciones que, se supone, ganaría María Corina Machado, pero para eso se necesita o el apoyo implícito del chavismo para su autodestrucción o una división que acabe con los inmovilistas.

En cualquiera de los casos, Delcy Rodríguez y los conmilitones de Chávez, que quieren estar hasta 2033, ya saben que la amenaza de la primera potencia militar del planeta es real, de ahí que Trump, siempre tan transparente, lo haya subrayado: si no hace lo que él quiere, habrá un segundo ataque. Y será peor. El nuevo orden mundial.

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