Cultura

Antonio Gala anuncia que padece un cáncer "de difícil extirpación"

  • El escritor reconoce en su artículo de opinión del periódico 'El Mundo' que está sometido a un tratamiento de quimioterapia y radioterapia "un largo puteo, que es igual que una guerra de la que soy el campo de batalla"

El escritor Antonio Gala reconoció ayer públicamente que padece "un cáncer de difícil extirpación" y que está sometido a un tratamiento de quimioterapia y radioterapia "para tratar de librarme, a un largo puteo, que es igual que una guerra de la que soy el campo de batalla". Gala, que realizó este anuncio en su columna en el diario El Mundo, La tronera, manifestó que la evolución de su enfermedad le impide someterse a una intervención quirúrgica aunque él "hubiera preferido el quirófano como tajante campo de batalla".

El autor de novelas como El manuscrito carmesí y La pasión turca aseguró que está en buenas manos, "lo suficiente como para no querer pasar a las Mejores" aunque con el tratamiento "todo parece interminable, monótono, invasivo... Menos la vida: no tenía edad ya de nuevas experiencias".

El escritor cordobés, que se describe como "mal aliado de mí mismo: impaciente, poco soportador e insoportable", añadió en su artículo que "las nuevas experiencias" le llegan tarde. Aún así "trataré con todo de defraudar a la muerte una vez más: la última", apuntó en alusión a los anteriores "salvamentos quirúrgicos" a los que ha sido sometido, ya que ha estado gravemente enfermo en dos ocasiones: en 1973, cuando empezó a utilizar sus característicos bastones, y en 1998.

La enfermedad "es un camino incómodo, que lleva o no a la muerte con o sin rapidez" y contra la que Antonio Gala está luchando con un tratamiento combinado de quimioterapia y radioterapia. "Espero que conmigo sean más beneficiosas que el cáncer: matar es el fin de los tres", concluyó el escritor.

Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista y articulista, cuya imagen está unida a su inseparable bastón, nació el 2 de octubre de 1936 en Brazatortas (Ciudad Real), pero siempre ha considerado su "patria chica" a Córdoba, que lo acogió de niño, con el tiempo, tuvo gran influencia en su obra y en la que hace diez años creó su fundación.

Con Los verdes campos del Edén (1963), Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca, inició su fructífera carrera dramática. En 1972 publicó Los buenos días perdidos (1972), obra por la que recibió el Premio Nacional de Literatura en 1992. También destacan en su producción dramática Anillos para una dama (1973), ¿Por qué corres Ulises? (1975), Petra Regalada (1980), Samarkanda (1985), Carmen, Carmen (1988) y La truhana (1992).

Publicó su primera novela en 1990, El manuscrito carmesí, que obtuvo el Premio Planeta, y a la que siguieron, entre otras, La pasión turca, Más allá del jardín, La regla de tres, Las afueras de Dios y El pedestal de las estatuas.

En su producción lírica además de Enemigo íntimo (1959), destacan Poemas de amor (1997) y El poema de Tobías desangelado (2005), al que el propio autor considera su "testamento literario". Su última publicación es Los papeles de agua (2008), definida por él mismo como una mezcla de ensayo y novela.

Antonio Gala es también un prolífico autor de artículos, en los que a menudo se muestra crítico y activo en asuntos políticos y sociales. En este ámbito destaca Charlas con Troylo (1981), editado a la muerte de su perro y por el que recibió el Premio César González Ruano de Periodismo. Entre sus libros de artículos más emblemáticos figuran En propia mano, Cuaderno de la dama de Otoño, La soledad sonora y Dedicado a Tobías.

El 25 de junio el escritor no acudió por primera vez a la clausura de un curso de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, de la que es presidente de honor. En esta ocasión el autor se dirigió a los residentes a través de una carta que leyó Andrés Peláez, patrono de la fundación, y en la que destacó el sello de fraternidad que crea el paso por su institución. "De aquí no se va nadie: siempre tendréis las puertas abiertas", señaló el escritor, que consideró que tras su paso por el centro los residentes llevan una marca que les hace a todos "reconocibles y fraternos" y que los mantendrá unidos "hasta la muerte y más allá". Para finalizar su discurso, el escritor, ante su ausencia, aseveró: "Echadme un poco de menos para tenerme más cerca".

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