Cultura

Macael recuerda con emoción al profesor Don Ricardo Díaz Casanova con un libro

  • La obra, coordinada por Andrés Molina Franco, cuenta entre sus firmas con Chencho Arias y Francisco Martínez Cosentino, entre otros

Don Ricardo Díaz Casanova ejerció toda su vida como maestro en Macael. Don Ricardo Díaz Casanova ejerció toda su vida como maestro en Macael.

Don Ricardo Díaz Casanova ejerció toda su vida como maestro en Macael.

Don Ricardo Díaz Casanova ha dejado una gran huella en Macael donde ejerció de maestro durante más de treinta años. De hecho, tras su muerte acaecida el pasado año, el ayuntamiento en acuerdo de pleno decidió poner su nombre a la Biblioteca Municipal del municipio.

Pero hay más, el próximo mes de febrero está previsto que aparezca un libro titulado Don Ricardo Díaz Casanova. Maestro entre libros, música y palabras que está coordinado por Andrés Molina Franco y donde escriben personas relacionadas con este gran maestro, velezano de nacimiento y macaelero de adopción.

Firmas como la de Inocencio Arias o Francisco Martínez Cosentino, o las de los catedráticos de la Universidad de Granada, Luis Sáez y José Gutiérrez, hacen un recorrido por la vida de este entrañable maestro que dejó una huella imborrable en Macael.

Precisamente, Andrés Molina Franco en el proemio justificativo sostiene que “la Biblioteca Ricardo Díaz Casanova, está impregnada del espíritu de esta persona, amante de las letras, de la música… de nuestro pueblo. Su pedagogía, sus lecciones de francés, sus consejos de maestro, han llevado a varias generaciones de macaeleros a ver el mundo con otros ojos. Agradecido el pueblo devuelve con este reconocimiento el esfuerzo profesional y personal dedicado a Macael, como a Ricardo le gustaba, entre música, libros y palabras”.

Ricardo Díaz Casanova nació el día 12 de diciembre de 1936, en Vélez Blanco, en plena Guerra Civil española. Pasó los primeros años de su vida junto a su hermano Juan, el cual nació tres años después, en un pequeño departamento de la casa principal de la familia Motos Guirao.

Sus padres, Manuel ‘el catalán’ y Amparo Casanova, tenían alquiladas unas habitaciones de dicha casa solariega en la calle Teatro. Contaba doña Clara -nuera y vecina de la casa- que Ricardo, ya desde muy pequeño, era sumamente responsable y que, en esa época de penurias y hambruna, lo recordaba sentado en una calabaza, como si de un sillón se tratase, horas y horas estudiando a la vez que ayudaba a los hijos de ésta con sus estudios.

Con los años dejó la calabaza y pasó a estudiar con su inseparable amigo del alma, Manolo ‘el de Correos’, por los pinos, desde bien temprano y con un morral con almendras e higos secos como desayuno.

Examinándose por libre en Lorca, primero para el Bachiller Elemental y después el Superior. Posteriormente inició sus estudios de Derecho con buenos resultados, pero la economía familiar demandó que lo dejara. Se matriculó en Magisterio en Murcia, de igual forma, yendo a examinarse en pleno mes de Julio, con un traje de “pura lana virgen”, a la vez que hacía las labores de maestro sustituto cobrando, anecdóticamente, una parte del sueldo del propietario de la plaza.

Así estudió y ayudo a sufragar tanto sus gastos como los añadidos mientras aprobaba sus asignaturas con facilidad y mucha constancia. Las oposiciones al Magisterio Nacional las superó a la primera con el número 13, como siempre contaba él mismo como anécdota.

Hizo el Servicio Militar en la base de Viator y, al terminar, fue a su primer destino definitivo, Macael. No se movió del pueblo más por trabajo, ya que allí conoció a una preciosa jovencita, Eloísa, que lo encandiló hasta su ultimo día, y la cual le hizo amar otra tierra.

Se casó un caluroso ocho de agosto de 1964, sus dos hijas, Amparo y Elisabel, vendrían al poco tiempo de unir sus vidas. Durante algunos años ejerció simultáneamente su labor como maestro y Juez de Paz.

Hizo cursos de especialización para poder dar clases de francés, asistiendo durante dos años en Almería a esta formación complementaria. Sus dos hijas se casaron y formaron sus familias. Aportaron a su casa cuatro preciosos nietos, así como sus admirados y queridos yernos, Ginés y Miguel. Se jubiló con sesenta años después de treinta y siete años de Servicio Docente y pasó a ser abuelo ejemplar y cuidador, junto con su amada Eloísa, de sus cuatro nietos. Ginés, Ricardo, Miguel y el pequeño Javier.

Sus últimos años los dedicó a esos quehaceres y a viajar por toda España, y hasta algún crucero por Italia, lugar del origen familiar de su mujer, Eloísa García Cosentino. Vivió todos esos años en Almería, al lado de sus hijas y nietos, excepto cuando iba por vacaciones y fiestas a sus dos pueblos, Vélez Blanco y Macael.

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