Música

Revólver conquista el Auditorio Maestro Padilla con un repertorio incontestable

  • El público gozó de más de dos horas de la inconfundible manera de sentir el rock de Carlos Goñi

Revolver con Carlos Goñi hizo las delicias de sus seguidores en un gran concierto en el Maestro Padilla.

Revolver con Carlos Goñi hizo las delicias de sus seguidores en un gran concierto en el Maestro Padilla.

La gira de presentación del álbum Adictos a la euforia de Revólver hacía el viernes una nueva muesca en el Auditorio Municipal Maestro Padilla, en el marco de la programación otoño y al alimón con la especial de Navidad y Reyes puesta en marcha por el Área de Cultura, Tradiciones y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Almería.

Precisamente el Auditorio almeriense es un lugar que Carlos recuerda a la perfección porque, tras el segundo tema, compartió que “aquí he dado yo el concierto más largo de toda mi carrera. Fue en 1998 y duró como tres horas y diez… Hoy no va a ser tanto, pero lo vamos a disfrutar igual”.

Arrancó con tema reciente, El anillo de boda. Una de esas canciones que abre la presa hacia el río y se descabalgan con letra generosa y una progresión que adorna con tintes épicos, como el buen enlace con la primera de las muchas celebraciones de la noche al reconocer los acordes iniciales, Si no hubiera que correr. Locuaz y feliz en el discurso, el concierto tuvo un tono profundamente vitalista. Una actitud que demuestra en todos los pequeños detalles, desde su rechazo a escribir ni una sola línea en tiempos de pandemia, “ni ninguna otra por exigencias del mercado” y por un saneamiento y depuración corporal que ha completado esta nueva renovación.

La también clásica Tu noche y la mía casó bien con ese medio tiempo melódico del último álbum llamado Al infierno sin papeles, con el que brindó con su botella de agua. “Dicen que no se brinda con agua pero el día que no tengamos agua con la que brindar a ver quién tiene ganas de brindar con otra cosa”, dijo sonriente para añadir entre risas, “para vosotros es mejor que mientras yo esté aquí arriba brinde con agua”.

Con su inseparable Manuel Bagües al bajo, con quien lleva quince años, Miguel Giner a la batería, y el reciente fichaje de David Sanz a teclados y órgano, revistiendo las canciones con ese sonido de rock americano tan springsteeniano la actuación continuaría con la creciente Sara, con un calorífico solo de Sanz en la parte central, y con Blackjack, un corte duro y escrito en un momento difícil. “Los creadores nos creemos que cuando trasladamos lo que sentimos a una letra, a un lienzo… nos duele la mitad y la verdad es que no, sigue doliendo igual”, confesó.

Sin prisa, pero sin pausa. La noche avanzaba con la muy cantada Si es tan solo amor y con un Odio que, tal y como señaló Carlos, “podría escribirse una y otra vez, basta con ver ese programa de humor que hay en la tele a las tres de la tarde”, ironizó con un tema juguetón en el que la banda se lo pasó en grande con las diabluras de teclas. ‘El otoño está al caer’, más reposado fue el tercero y último de los temas nuevos en hacer aparición, justo en la parte central del concierto, “y creo que se a quedar mucho tiempo en el repertorio de esta casa”, pronosticó antes de entrar en un segundo tramo donde aparecieron los grandes himnos esperados.

Mi rendición se presentó con un marchamo algo más liviano y ligero, llevándolo más a terrenos country, mientras que San Pedro fue una gran fiesta para el patio de butacas con ese estribillo pegadizo e hipnótico, con olor a la sal del mar. Tras la doble catarsis, Carlos Goñi se quedó solo en el escenario para hacer una tanda de temas con su acústica. “Mientras la banda se va a descansar un poco se van a quedar conmigo, que soy el telonero y en este punto siempre interpreto una canción que varía cada noche, llevamos cincuenta en el repertorio…”. Y fue El peligro la elegida para abrir un tramo que se completó con ‘Esclavo de tu amor’ y ‘El faro de Lisboa’, absolutamente sublime en lo vocal.

Para el regreso de músicos también sorprendieron a recuperar Es mejor caminar, que Carlos cantó sin guitarra, algo que resulta infrecuente y que ejerció de despedida oficiosa antes de los bises. Era el momento de echar el resto y, para ello, qué mejor de tirar de un clasicón como el Old time rock and roll de Bob Seger, en versión en español, para continuar con ‘El roce de tu piel’.

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