Cultura

Cinco años sin la sabiduría y la simpatía de Manuel del Águila

  • El autor de la canción 'Si vas pa la mar' falleció el 8 de noviembre de 2006 tras una vida muy intensa donde ejerció de periodista y de profesor de inglés

Hoy, martes 8 de noviembre, se cumplen cinco años de la muerte del escritor y compositor almeriense Manuel del Águila. Un hombre cuya huella no solo dejó su impronta en la historia de Almería, sino en un puñado de amigos y familiares que todavía le recuerdan.

A su muerte hubo un sorprendente eco de consternación popular en la ciudad. Los asistentes a su funeral parecería lamentar no solamente la muerte de un compositor y escritor, sino la de un hombre especial, un personaje singular que había sintonizado con todas las clases sociales.

Manuel del Águila Ortega nació el día 13 de junio de 1914 en Almería, en El Alquián, un barrio de pescadores con el que siempre mantuvo una íntima relación afectiva y literaria, ya que aquel espacio de tierra y mar, salpicado por un puñado de casas blancas y de barcas cansadas de faenar reposando en la arena, fue fuente de inspiración para una parte importante de su obra.

Era el quinto hijo de seis hermanos que tuvieron sus padres, Manuel del Águila Martínez y Dolores Ortega Ferrer. En la primavera de 1920, murieron sus padres dejando huérfanos a los seis hermanos en edades comprendidas entre los 4 y 19 años. Un matrimonio íntimo amigo de la familia, Francisco Bracho Cambronero y Dolores Bonilla Vega, que habían perdido a su único hijo, se lo llevaron a su casa, que vivían en la capital, para que pasara una temporada con ellos.

El tiempo fue pasando y, finalmente, se quedó allí para siempre. Contrataron a una mujer para que se hiciera cargo de él, la tata Manuela, que no le abandonaría nunca. Él la consideró siempre como una tercera madre.

Era difícil enfadarse con él, porque cuidaba, mimaba, quería y valoraba las relaciones personales. Conversador infatigable y amigo de todos, siempre estaba ahí. Abierto a escuchar, con la curiosidad del que siempre tiene ganas de aprender, nunca quiso participar en la política activa. Se llevaba bien con tirios y troyanos y tenía amigos de todo tipo porque su amistad se apoyaba siempre en el respeto al otro.

Amó la ciudad de Almería con todas sus fuerzas. Nunca quiso separarse de su mar y de su luz. En los juegos florares del año 1955, coincidiendo con el milenario de La Alcazaba, le concedieron el premio a la composición Poema a la mujer almeriense, bajo el lema, Paisanica del Alma.

El conocimiento y el desarrollo cultural almeriense, en cualquiera de sus manifestaciones, son valores que han estado siempre unidos a su dilatada vida. La cultura le ha dotado de placer estético y de mejorar el gusto por vivir. Manolo siempre ha estado cerca de cualquier acontecimiento cultural que se celebrara en Almería.

Amigo de pintores, escritores y artistas en general estuvo a la brecha de cualquier noticia relacionada con la cultura. Siempre tuvo la mirada precisa y paciente para contemplar el mundo con sus matices de las grandes y pequeñas cosas. Se le veía por las exposiciones y los conciertos de música que estaban a su alcance, con un aspecto frágil, distinguido, guardando todavía y a pesar de su edad, el porte de otros años.

Todavía le brillaban los ojos al mirar algunos de los cuadros que aparecían ante sus pupilas o escuchando música.

A pesar de los años había en él un destello alegre de juventud de amor y de libertad. La vida de Manuel del Águila no se puede entender sin su canción Si vas pa la mar y sin su poesía El trapero, porque la música y la poesía han cabalgado juntas en su obra que ha ido sacando a la luz, con su voz más íntima y aguda sensibilidad, los poemas ordenados a su manera, sobre la vida y el pensamiento, sobre el amor y la amistad, definiendo un estilo propio de gran riqueza lingüística.

Y sobre su creación musical decía, está en la garganta del pueblo que la canta.

Su poesía descansa en la reflexión de una realidad vivida y llega al lector de una manera sencilla, directa y próxima, de vida cotidiana, con momentos poéticamente felices.

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