Dulces sueños

Jazz | Crítica

El guitarrista y compositor Bill Frisell celebra su 75 aniversario con el nuevo álbum de su sexteto.

El pianista Bill Frisell.
El pianista Bill Frisell. / Marko Mijailovic
Salvador Catalán

21 de febrero 2026 - 18:11

La ficha

In My Dreams. Bill Frisell. Blue Note - UMG, 2026. Bill Frisell: guitarra;Thomas Morgan: contrabajo; Rudy Royston: batería; Jenny Scheinman: violín; Eyvind Kang: viola; Hank Roberts: chelo.

Cuenta Bill Frisell que hace décadas un sueño condicionó su forma de concebir la música. Unos extraños personajes le descubrieron en él un sonido que contenía ecos de aquellos nombres que tanto admiraba: Nino Rota, Thelonious Monk, Sonny Rollins, Charles Ives, Jimi Hendrix, Hank Williams, Andrés Segovia o Robert Johnson. Y desde entonces, el itinerario del guitarrista y compositor de Baltimore ha quedado encaminado a buscar ese “ideal de pureza y vitalidad” que experimentó en aquella aparición. El hito se puede documentar en una biografía cuyo título también alude a esa ilusión –Beautiful Dreamer. The Guitarist Who Changed The Sound of American Music (2022) de Philip Watson– y que ahora se concreta por enésima vez en un In My Dreams (Blue Note– UMG, 2026) que celebra, de paso, el septuagésimo quinto aniversario del músico norteamericano.

Desde su debut como líder con In Line (1982), esa exploración ha ubicado su obra en un consecuente eclecticismo que, tomando la noción jazzística como base, se ha nutrido de elementos procedentes de rock, country, música clásica o funk. Y su firma en sellos discográficos como ECM, Gramavision, Elektra, Nonesuch, Okeh o, ahora, Blue Note pueden dar cumplida fe de ello. De igual manera, Frisell ha liderado formaciones de diversa estructura instrumental. Y en In My Dreams se sustenta en un sexteto integrado por su magnífico trío, con Thomas Morgan al contrabajo y Rudy Royston en la batería, al que se suma una sección de cuerda conformada por Jenny Scheinman al violín, Eyvind Kang a la viola y Hank Roberts al chelo. Una nómina casi similar a la expuesta en su álbum Big Sur (2013), con el que también comparte la producción de Lee Townsend.

La temática de In My Dreams prosigue la secuencia marcada en precedentes entregas –la más reciente el estupendo Orchestras (2024)–, combinando diversos perfiles del bagaje estadounidense con composiciones propias. El núcleo del álbum fue grabado en directo durante 2025 mientras que algunos temas se completaron en sesiones adicionales realizadas en Opus Studios, en Berkeley, California. El resultado es un registro que enuncia la presencia camerística desde un inicial Trapped in the Sky, protagonizado por violín y viola. Llega luego When We Go, una de las varias reinterpretaciones que Frisell realiza aquí de su catálogo compositor. Una muestra también de su estilo, preciso y diáfano, indagando alrededor de la armonía perfecta, en este caso en un escenario campestre y dinámico, pero capaz también de desplegarse en contextos más angulosos como en Again. La firma del líder vuelve a surgir en temas de nuevo cuño, como la hermosa pieza que bautiza al álbum, bañada en un gesto de misterio que guiña a Bernard Herrmann, sin prescindir de otros rescates tipo Hard Times en los que exhibe ese juego de tensión y consonancia que tan bien domina.

Pero Frisell jamás olvida sus raíces y acude al cancionero norteamericano para aplicar barniz al tradicional Home On The Range, que ya grabó en 1994 junto a Gary Peacock. Por no hablar de su lectura de Isfahan del maestro Billy Strayhorn, una de sus grandes obsesiones. Tampoco falta un homenaje al desaparecido trombonista Curtis Fowlkes (1950-2023) en Curtis (a year and a day), con el que Frisell compartió estudios y escenarios.

Y es que, en el fondo, este In My Dreams no llega para forzar rupturas o explorar ignotos territorios, sino que suena a recapitulación de crónica en un especial momento vital y rodeado de amigos. El ejercicio identitario de un músico mayúsculo que ya no necesita buscar ese onírico ideal de pureza y vitalidad sino que, sencillamente, vive dentro de él.

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