Importante dimensión y triunfo del novillero almeriense Blas Márquez en La Puebla del Río

Toros

Márquez volvió a demostrar que sabe imponerse incluso cuando el escenario aprieta

Blas Márquez durante su faena en La Puebla del Río.
Blas Márquez durante su faena en La Puebla del Río.

Hay días que nacen señalados antes de que suene el primer clarín. El primer festejo de la temporada siempre tiene algo de examen colectivo, pero lo vivido en La Puebla del Río fue mucho más que un arranque: fue una tarde de máxima expectación, de esas que se presienten importantes desde la mañana. El cartel de no hay localidades colgado en taquillas y una plaza llena hasta la bandera eran el primer aviso de que allí iba a pasar algo.

No era para menos. La cita reunía todos los alicientes: organización y presencia activa de Morante de la Puebla, ganaderías de máximo predicamento -Santiago Domecq, Fermín Bohórquez, Garcigrande- y un tendido poblado de profesionales y aficionados de los que saben mirar. Entre ellos, nombres propios del toreo como Miguel Báez Litri o El Juli, conscientes de que estas tardes también sirven para tomar el pulso al año que comienza.

A todo ello se sumaba la cámara de Canal Sur, llevando la cita a miles de hogares y multiplicando la responsabilidad de quienes pisaban el albero. Porque cuando hay televisión, plaza llena y miradas cualificadas, el toreo se mide sin red.

En ese contexto de máxima exigencia apareció Blas Márquez. Y lo hizo sin alborotar, sin gestos sobrantes, con la serenidad de quien sabe que las tardes grandes no se conquistan a golpes de prisa. Desde los primeros compases se le vio asentado, con una seguridad que fue creciendo muletazo a muletazo. Toreo vertical, despacioso, bien colocado, dejando venir y mandando con el trazo limpio. Un toreo que no busca el aplauso inmediato, sino el respeto.

La faena fue tomando cuerpo conforme avanzaba, ganando poso y firmeza, hasta convertir el silencio atento de la plaza en ese rumor sordo que precede a las grandes ovaciones. El público -exigente, entendido- entendió pronto que no estaba ante una

promesa en fase de prueba, sino ante un torero que empieza a pedir sitio desde la convicción y la cabeza fría.

No fue una tarde de fuegos artificiales, sino de construcción. Y eso, en un primer festejo de temporada, dice mucho más que un triunfo ruidoso. Dice que hay una base, un concepto y una evolución que no es fruto del azar. Como ya ocurriera en Linares al cierre de la pasada campaña, Márquez volvió a demostrar que sabe imponerse incluso cuando el escenario aprieta.

Cuando el paseíllo se convirtió ya en recuerdo y la plaza fue vaciándose despacio, quedó flotando en el ambiente la sensación de haber asistido a algo más que un inicio.

Fue una tarde que colocó nombres, marcó referencias y dejó claro que el 2026 ha comenzado con el listón alto. Y en ese listón, Blas Márquez ha decidido quedarse.

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