La obra de Bartolomé Marín se expone en el Museo Ibáñez hasta el 28 de febrero

Arte

La pinacoteca olulense muestra todas las facetas artísticas del sacerdote, historiador y pintor albojense del que se celebra los 100 años de su nacimiento en una muestra comisariada por Juan Manuel Martín

Algunas de las obras de Bartolomé Marín en el Museo Ibáñez.
Algunas de las obras de Bartolomé Marín en el Museo Ibáñez.

El Museo Ibáñez de Olula del Río acoge la primera gran exposición antológica dedicada a la obra del sacerdote, historiador y pintor albojense Bartolomé Marín Fernández, nacido hace un siglo y fallecido en 2010. La muestra retrospectiva, comisariada por Juan Manuel Martín Robles, exhibe casi un centenar de obras para abarcar la versátil y rica obra del autor, entre dibujos, ilustraciones para revistas, caricaturas, cerámicas y cuadros.

Tras su fallecimiento, los herederos depositaron todo su legado en la Fundación Ibáñez Cosentino para ser conservado y estudiado. Esta exposición, a la que sucederá otra en Albox con el grueso de las caricaturas realizadas a lo largo de su vida, se enmarca en los actos de conmemoración del centenario de su nacimiento, incluyendo también dos ciclos de conferencias, uno en Almería y otro en Albox, y la publicación de un extenso volumen con las aportaciones de varios especialistas que han estudiado su vida y obra.

Bartolomé Marín fue un personaje fundamental para la cultura almeriense en las últimas décadas del pasado siglo. Artísticamente vinculado al Movimiento Indaliano, tanto por filiación estética como conceptual, dirigió la Tertulia Indaliana varias décadas, recogiendo en ella el testigo de liderazgo que Jesús de Perceval había abanderado.

Durante su supervisión, desfilaron por la Tertulia las personalidades más relevantes del arte y la cultura almerienses, y también todos los forasteros o extranjeros de relevancia del sector que pasaron por Almería. Todos los fines de semana había una crónica sobre la Tertulia escrita por Marín en la prensa almeriense, acompañada por lo general con la caricatura, brillante y certera, realizada por él también, de alguno de los personajes que por ella pasaban.

Ello motivó que, al margen de su labor pastoral como sacerdote, la única actividad artística, entre todas las que practicaba, conocida por el gran público fuese la de caricaturista. La exposición ahora realizada remedia este desconocimiento del resto de su producción, mostrando por vez primera un extenso grupo de pinturas, dibujos e ilustraciones.

Su labor cultural no sólo se concentró en la Tertulia Indaliana; sus incursiones en el ámbito de la literatura y el ensayo también fueron notables, llegando a percibir el premio Fernando Rielo por un libro de poesía mística en 1999. Y no puede olvidarse también su labor como profesor y su activa defensa de las artes plásticas realizada hacia compañeros de profesión, apadrinando con su influencia y protegiendo a muchos autores ya consagrados y trabajando para el inicio de las carreras de jóvenes prometedores. Es paradigmático en este aspecto su labor como mentor de Andrés García Ibáñez en sus comienzos, tutelando las primeras exposiciones que realizó en la capital y escribiendo varios textos sobre su obra temprana.

Como dibujante mostró su virtuosismo desde la infancia y varios dibujos en la exposición dan buena cuenta de ello. Como ilustrador, se dedicó principalmente a realizar obras gráficas para las revistas del Seminario y otras publicaciones religiosas, generalmente a tinta, en blanco y negro, mostrando su adaptación al estilo más moderno de su época, de cierta filiación al cómic de humor del momento, con una fina y depurada sabiduría estética en los planos y líneas del dibujo.

Ilustraciones originales nunca antes mostradas

Se exponen muchas de las ilustraciones originales realizadas entonces, desde los años cuarenta, nunca antes mostradas. Como pintor cultivó el bodegón y el paisaje principalmente. En el primero queda evidenciado su enorme interés por la arqueología y lo primitivo, influencia por otra parte habitual en el Movimiento Indaliano. En el segundo, se muestra muy cercano a los pintores indalianos, pero con una personalidad propia, bien clara y diferenciada. Marín tuvo en la pintura de paisaje un interés por la materia densa e informalista, aplicada con espátula en ocasiones, que relaciona su obra con otros autores de la vanguardia española, como Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Godofredo Ortega, Redondela o Jesús de Perceval. Hay una vinculación con lo primitivo, casi rupestre incluso, con la deformación expresionista contenida del paisaje y con los grandes maestros de Quatroccento italiano, principalmente en el uso de los planos de color y el diseño de las figuras que habitan el paisaje. Todo ello queda de manifiesto en el conjunto de obras que realizó sobre las Leyendas de la Virgen del Saliente, acaso su obra más elaborada y que ocupa ya una dependencia en el santuario albojense. En la exposición del Museo Ibáñez se exponen sus paisajes más puros y definitorios de su estilo, que por lo general retratan la aridez y violencia geológica de Almería, centrados en las ramblas albojenses o el desierto de Tabernas. La exposición muestra también varios retratos que le hicieron otros artistas amigos como López Díaz o Domínguez. Sobresalen, no obstante, las magistrales fotos que Pérez SIquier le tomó en 1972 y en 2000. Podrá visitarse hasta el 28 de febrero en horario habitual del museo, de martes a domingo.

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