En el alambre
En el alambre
La final de la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí por obra y gracia de los petrodólares, enfrentaban a Barcelona y Real Madrid por cuarta vez consecutiva, en un torneo menor pero que después cuenta en el palmarés, lo que constituye el primer trofeo oficial en la temporada del fútbol español. Si era por sensaciones, el Barça venía de deshacerse con comodidad del Athletic de Bilbao por 5 a 0, con su máxima estrella sentada en el banquillo. El Real Madrid por su parte se plantó en la final por pura pegada, luego de vencer al Atlético de Madrid por 2 a 1 y pasar un mal rato sostenido por las paradas de Courtois y el poco acierto de los delanteros colchoneros. Pero ya se sabe que en el derbi madrileño, por lo general son los de Concha Espina los que se llevan el gato al agua, jueguen como jueguen. En la mira del campeonato, resaltaba la figura de Xabi Alonso, técnico blanco que cuenta con muchas papeletas para dejar de dirigir a sus pupilos. Muy cuestionado dentro y fuera del club, el tolosarra no logra dar con la tecla adecuada que haga jugar al equipo y eso trae a los jefotes de cabeza. En este sentido la final contra el Barcelona se convertía en un exigente examen de los que definen futuros. Si ganaba el Madrid, y bien, tendría alguna vida más. Si el eterno rival le pasaba por encima, las maletas estarían en la puerta. Xabi caminaba por el alambre como un funambulista, empeñado en imponer tal vez una idea a la que no logra darle visibilidad. Susto o muerte en la trágica lógica de un fútbol resultadista, donde lo importante no es ganar, si no lo único.
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