Opinión

Compasión

Más intensa que la empatía, y distinta de la lástima, la compasión es la percepción del sufrimiento del otro

En mayo de 2.016, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió a los líderes europeos que muestren "compasión" para atajar la crisis de los refugiados. En una visita a Portugal, estuvo escuchando las demandas y anhelos de universitarios sirios afincados allí, y mostró su solidaridad recordando que él mismo también vivió un episodio convulso de la historia, la guerra de Corea: "Tenía seis años, en 1950, no sabía cómo era la guerra, yo seguí a mi padre y mi madre y huimos. Aunque no tantos kilómetros como vosotros", rememoró.

La palabra compasión viene del término latino "cum-passio" que significa "sufrir juntos" o "sufrir con". La persona que desarrolla este sentimiento deja un momento de pensar en sí mismo para pensar en el otro, para acercarse a él y acompañarle. La compasión, en su sentido general, se podría describir como un "sentimiento de afecto o cercanía hacia otros seres humanos". Más intensa que la empatía, y distinta de la lástima, la compasión es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento.Pero para reconocer el dolor o el sufrimiento en otro, primero ha de reconocerse en uno mismo. Parece que se nos olvida con facilidad que el dolor es inherente a la condición humana. Todos con seguridad vamos a experimentar dolor y sufrimiento. En algún momento pasaremos por un momento difícil, nos sentiremos erróneos, fracasados, o sufriremos por algo que le pase a alguien cercano.

Se puede observar la actitud compasiva que, en mayor o menor medida, desarrollan muchas personas por sí mismas o a través de instituciones con los refugiados, y cómo intentan con diferentes acciones reducir su dolor y padecimiento. Algunos se desplazan como voluntarios a los campamentos, otros donan ropa y dinero, y hay quienes organizan o participan en colectas y sorteos donde destinan lo recaudado a bienes de primera necesidad. Lo que resulta paradójico es la ineficacia de los que pueden hacer más al respecto. Quizás no hayan sufrido ni tengan intención de sufrir en su vida, o quizás tengan otras prioridades. Lo cierto es que dirigentes sin actitud compasiva poco pueden hacer por acompañar y pensar en aquellos que dirigen, y que si la dramática situación de los refugiados depende de la compasión solicitada por Ban Ki-moon a los líderes europeos, aún queda por contemplar mucho sufrimiento ajeno.

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