Israel

Pasan tantas cosas diferentes. Hay quien colecciona soldaditos de plomo y tiene miles

Es una canción de Siouxsie And The Banshees y también un país siempre en las noticias. Israel también es un chico que va y compra un sótano repleto de cosas de segunda mano y le añade un bajo creando un crisol de miles de objetos vetustos bien ordenados atendiendo a la fiebre por los objetos antiguos, sí, ese sótano de ese señor que primero estuvo en un local cerca del kiosko Amalia y que a la entrada tenía varias llaves de hierro colgadas en la entrada. En la entrada de otro sótano, se ve que tenía gusto por los sótanos atiborrados de objetos. Luego se fue a la calle Alcalde Muñoz y siguiendo por su gusto por los sótanos nunca ordenaba las cosas. Ahora se entra además de por Alcalde Muñoz por la calle Murcia y todo brilla con orden. Cuando fui al Ayuntamiento a resolver un tema y no encontré a la persona buscada, hice tiempo yendo a su tienda. Antes también quise ir, pero estaba cerrado, llamé a un teléfono que había en la puerta y me llamó luego atentamente pero le dije que ya no podía ir. Y me dio tiempo por fin y pude ver todo aunque siempre con prisa. Terminamos hablando de que había realizado la apertura hacía poco y de que yo conocía todos los sitios más recónditos de venta de objetos de segunda mano de la provincia, incluyendo uno en Abrucena donde apenas se puede entrar debido a la cantidad de cosas que hay en el pasillo. Y el también los conoce. Y empezamos a hablar sobre los que coleccionan cosas, que pasa con ellas cuando mueren. Pasan tantas cosas diferentes. Hay quien colecciona soldaditos de plomo y tiene miles. Y cuando se da cuenta de que es un señor mayor y nadie se va a hacer cargo de su colección va y los vende todos a otro comerciante de objetos de segunda mano, sabiendo que todo irá al mismo sitio o peores, para vender las cáscaras donde habitan, que es lo único que vale realmente, los pisos. Pegar fuego a todo lo vetusto en la hoguera del dinero, destruir cualquier vestigio de mejores tiempos pasados hechos de momentos felices consiguiendo ese otro ejemplar hasta tener la gran colección y mirarla todos los días en vitrinas imposibles e inútiles porque llegará el señor dinero a tocar a tu puerta y lanzar un misil sobre todas las miniaturas de placeres. Pero con suerte volverán a otras vitrinas de tiendas donde estarán esperandote para que vuelvan a sueños de palacios eternos con fuentes de dinero para que nadie quiera jamás masacrarlos.

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