Luces y sombras

Mando Universal

Algunas autonomías quieren crear un pasaporte Covid, no se sabe si con derecho a consumición gratis o aplauso

En realidad, la pandemia ha demostrado que para afrontar la crisis necesitaríamos, con permiso de los independentistas catalanes, no un Mando Único sino un Mando Universal. Todo son vasos comunicantes aunque la evidencia le frustre a Torra sus competencias. En esta España de los rebrotes, a las autonomías les ha venido grande esta calamidad. Como por otra parte era lógico. Y, al final, de cara al exterior las cuitas territoriales son irrelevantes. La imagen del país no admite divisiones sanitarias por más que se proclame que no somos uno sino 17.

Con qué tranquilidad vivían los gobiernos regionales durante la Alarma. Ahora sólo se ven bailes de la yenca, un pasito adelante y dos atrás. Como no somos Corea, y la digitalización tendrá que esperar a los 140.000 millones de Europa, unas autonomías ensayan registros voluntarios de clientes, con tecnología punta de papel y bolígrafo, para facilitar a los rastreadores el seguimiento de esos aforos si se produce algún positivo. Inscripciones antes de entrar a los locales, que las direcciones y los números de teléfono pierden credibilidad si se facilitan a la salida. Otros ejecutivos abogan por pasaportes con el sello de "yo sobreviví a la Covid" para que dispongan de acceso libre a cualquier espacio cerrado. No se especifica si, además, con derecho gratuito de consumición o de ser recibido con aplausos del público presente por ser lo más parecido a una vacuna andante. En Andalucía, si Lorca levantará la cabeza, su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías no sería a las cinco de la tarde sino a las cinco de la mañana. Ésa es la hora de la clausura de las discotecas. El límite para evitar las consecuencias funestas del despendole. El momento en el que la Administración, que vela por la salud pública, sabe con certeza que los gatos son pardos.

Pero, ¿a quién le entregamos el Mando Universal para que se cambie de canal?: a Trump, a Xi Jinping, Putin, Johnson, Bolsonaro... O al Papa. Siempre es un recurso de conveniencia. Aunque ahora mismo igual carece de respuesta para conocer qué clase de justicia divina aniquila a los más indefensos y promete desequilibrar más el mundo con otros cien millones de pobres. La única justificación sería que esta plaga no procediera de la naturaleza.

Siempre nos queda la solución española. Un tándem Sánchez-Casado, que sería bastante insípido o, si somos más osados, fusionar a Iglesias con Abascal. La España de las distopías dispuesta a transformar el orbe. En la era de la globalización, la única certeza es que el miedo al virus lo combatimos con el aislamiento. ¡Qué mala es la noche!

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