Opinión

Náufragos

Tras el naufragio quedan restos de nave por buscar, alimentos por desechar y por consumir, piezas por reparar o reciclar

A ntes del naufragio se construyen ilusiones en torno al viaje que se emprende. Se aprovisionan víveres y se engalana el barco para que la travesía resulte placentera, para que el trayecto sea fluido y la convivencia no llegue a pesar más de lo necesario. Antes del naufragio se eligen bien los compañeros de travesía, ya que resulta esencial que la actitud, las formas y la manera de entender la vida sean afines. Los intereses y proyectos deben ser idénticos, ya que el viaje en común se emprende hacia un único destino.

Ya en la mar, cada uno de los tripulantes encamina sus pensamientos hacia distintos lugares, hacia anhelos y metas que difieren del resto.

Ina decide que ha elegido ese barco renunciando a otros y se maldice por ello. No entiende cómo le ocurre lo mismo una y otra vez. Aquello que le fascinaba de los otros cuando se hicieron a la mar lo está empezando a detestar. Anselmo mira con recelo a todos. Aún es pronto para sentirse a salvo. Consciente de que su pasado lo persigue, quiere creer que sus recuerdos quedarán anclados sin remedio allá donde todo ocurrió. Aún no está preparado para digerir, y pretende olvidar con argucias de menudeo. Zaqueo ha adoptado la fuga como compañera y le da igual su destino. Abandonó su casa ante la idea de tener que afrontar el dolor que le pudieran acarrear aquellos vínculos. La ansiedad le empujó a seguir buscando la perfección en la vida, y optó por huir sin mirar atrás. Todos siguen pensando y actuando como náufragos. Deseando en silencio que el buque encalle antes de llegar a algún puerto seguro y tranquilo.

Tras el naufragio quedan restos de nave por buscar, alimentos por desechar y por consumir, piezas por reparar o reciclar, compañeros que rechazar o redescubrir. Y se acaba aceptando el hundimiento en pos de la integridad individual.

Existe un mar de naufragios, colmado de naves naufragadas y de náufragos. Unos permanecen en el resentimiento por el destino no alcanzado, por los proyectos fracturados. Otros se cubren con corazas que no dejan traspasar, quizás por miedo a otro hundimiento. Hay quienes lo surcan de nuevo sin volver a zozobrar, abrazando una forma cómoda de subsistir. Ina, Anselmo y Zaqueo son náufragos vocacionales. Les gusta conocer nuevos lugares, playas y puertos. Y en ese mar, en un barco recién naufragado, esperan al próximo, sabedores de que para ellos el equilibrio es imposible.

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