Libertad Quijotesca

Nessun dorma

¡Que nadie duerma! Porque nuestra libertad nunca está ganada

Aristóteles En el legendario Teatro alla Scala de Milán se entrenó el 25 de abril de 1925 Turandot, la última ópera de Giacomo Puccini (Lucca, Italia, 1858- Bruselas, 1924) La muerte se llevó a Puccini al Parnaso antes de concluir la obra; por lo que el compositor y pianista Franco Alfano (Posillipo, Italia, 1875-San Remo, 1954) se encargó de completarla. Ópera en tres actos con libreto en italiano de Giuseppe Adami (Verona, 1878-Milan, 1946) escritor que trabajó continuadamente con Puccini y Renato Simoni (Verona 1875-Milan 1952) periodista y dramaturgo que colaboró con Simoni en el libreto para Turandot. El origen de la historia nos lleva hasta Persia (siglo XII) y el poema de Nezami Ganyaví Las siete bellezas, que cuenta la historia de un príncipe persa y siete princesas provenientes de distintos lugares del imperio. Una de ellas era de origen ruso. Al no encontrar ningún hombre que ella considerara digno, se encerró en una fortaleza. Declaró que solo aceptaría al hombre que la encontrara y resolviera los enigmas que ella ideara. El origen del nombre Turandot está en Turán región de Asia Central perteneciente al Imperio Persa. Significa "la hija de Turán". En 1710 el escritor francés François de la Croix versiona la historia en su obra Los mil y un días, convirtiendo a Turandot en una princesa china. En 1762 Carlo Gozzi, dramaturgo italiano, transforma la historia en obra de teatro incorporando personajes con máscaras, elementos de la Comedia del Arte (Siglos XVI al XIX) En 1802 el dramaturgo y poeta alemán Friedrich Schiller (1759-1805, Alemania) publicó Turandot, princesa de China. Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832, Alemania) y Schiller la llevaron a escena en el teatro en Weimar. En esta obra traducida al italiano se basa el libreto de la ópera de Puccini, que narra la historia de la cruel y bella princesa. Si sus pretendientes no resolvían los tres enigmas que les planteaba los condenaba a muerte. Nessun dorma se traduce del italiano como "Que nadie duerma" y es un aria del acto final de esta joya de la lírica. El príncipe Calaf canta esta pieza rebosante de optimismo, una de las más populares del Bel Canto, especialmente por la magistral interpretación de Luciano Pavarotti. "Miras las estrellas que tiemblan de amor y esperanza…al amanecer venceré". Despertemos para vivir en libertad. Que no nos duerman más con el láudano de la irresponsabilidad.

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