Rumbo al vacío

No hay agua, no hay cosecha. Y la poca cosecha que hay da poco aceite

Describí en años pasados por estas fechas el revuelo de vehículos y de caras de satisfacción que había en torno de la almazara. Era digno de vivirlo porque reflejaban el ánimo positivo dominante por el relativo éxito de tantos esfuerzos y de tanto trabajo. El cuidado de los olivos a lo largo de once meses: labrado, tala, quema de ramas, lucha contra el repilo, y también la suma de los gastos invertidos aun temiendo un dudoso resultado. Por eso me gustaba zascandilear en los alrededores. También era una alegría ver el frecuente pasar de los coches con los remolques correspondientes cerca de la carretera del cortijo. Pero este año no parece ser así. Hay menos revuelo en la explanada de la almazara, menos alegría en las caras. La cosecha es mucho más corta y los rendimientos son menores. Es el resultado de un año seco, desde octubre hasta septiembre. Y los que han podido regar lo han tenido que hacer no con mesura, sino con miseria. No hay agua, no hay cosecha. Y la poca cosecha que hay da poco aceite. Ni siquiera los precios actuales, decentes, sirven para conjugar la severidad de la situación. Vivimos para colmo una campaña en la que las almendras tuvieron un comportamiento deprimente: poco producto, las almendras pequeñas y una situación que, si no hay quien lo remedie, enviará todo al traste. Porque hay que añadir que los precios rondan el ridículo, y eso, cuando los almacenistas las quieren comprar. Y no podemos decir que “llueve sobre mojado”. Porque es que no llueve y al paso que vamos, ni se la espera. Está todo triste. El campo parece un páramo yermo, amarillento, con tierras duras y sin poder labrar. Comentaba la situación hace un par de días con un vecino y llegábamos a la conclusión de que a la vuelta de seis u ocho años pasaremos a engrosar plenamente el elenco de los espacios vaciados. Población envejecida y malos resultados económicos: no quedará nadie a la vuelta de poco tiempo. Tengo un pesimismo justificado, porque a toda esa situación hay que añadir que los servicios que pueda proporcionar el sector público tienen considerables dificultades para ser prestados con un mínimo de equidad respecto a poblaciones mayores. Somos pocos y los remedios caros. Escasos medios de transporte públicos, problemas frecuentes con los servicios de telefonía … No hay que irse a los campos de Castilla o a los de Teruel. La despoblación total pronto la tendremos aquí.

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