Desde mi experiencia

José Miguel Ponce

¿Por qué cuesta tanto ser amable?

Ser amables con nuestros errores, con nuestros miedos, con nuestras carencias, es parte fundamental del amor propio

Según el Diccionario, una persona amable es aquella que se comporta con agrado, educación y afecto hacia los demás. La amabilidad se puede definir como la tendencia de la persona a ser altruista, amistosa, considerada y confiada. Se presume que las personas amables son tolerantes y tranquilas, humildes y sencillas; pero también son las que sienten una gran empatía hacia los sentimientos ajenos.

La amabilidad es una cualidad que valoramos y apreciamos. Nos encanta relacionarnos con esas personas positivas, serviciales, comprensivas y educadas, que nos tratan con respeto y consideración. Sin embargo, es también una característica escasa y difícil de encontrar. ¿Por qué cuesta tanto ser amable? Tal vez, por las prisas, no prestar atención o por falta de educación. Todos respondemos mejor a quienes se dirigen a nosotros con cordialidad y respeto, y estamos más dispuestos a ayudarles, a devolverles la sonrisa y a mantener una interacción positiva. Hay detalles que reflejan cuando una persona es amable. Por ejemplo, saludar al llegar y despedirse al salir de un sitio, ceder tu lugar en la cola o el asiento a otra persona no necesariamente mayor o embarazada.

Como todo elemento de la personalidad, este se presenta en diferente grado en cada uno de nosotros. Bien sea por herencia genética, por factores ambientales y educacionales o por una mezcla de ambos. Sin embargo, podemos trabajar para desarrollarnos en este aspecto y así alcanzar los beneficios que nos proporciona.

Si la amabilidad tiene el poder de transformar el estado de ánimo de una persona, nuestro deber es comenzar a aplicarla con nosotros mismos. Ser amables con nuestros errores, con nuestros miedos, con nuestras carencias, es parte fundamental del amor propio. Aprende a mirarte con compasión, a acogerte con dulzura y a apoyarte incondicionalmente; deja de ser tu crítico más feroz y conviértete en tu gran apoyo, en tu mejor amigo.

Ser amables, no es una cuestión de secretos mágicos ni complicados. Solo exige pensar en los demás, prestar una mayor atención a las cosas que se hacen y cómo se hacen. Hay que detectar los malos hábitos en el trato con los demás para corregirlos y fomentar actitudes positivas. Por ejemplo, ser agradecido, sonreír, saber escuchar, ser educados en el trato, etc. Un poco de amabilidad puede ser de gran ayuda para hacer el mundo un lugar mejor, sabiendo que tu bondad puede tener un impacto positivo en tu vida y en las personas que te rodean.

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