Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Nos falta fe

Occidentedesarrolló durante la Belle Époque una colosal fe en la ciencia, la tecnología y el progreso como benefactores de la Humanidad. Es lógico que así fuera. Gracias al ferrocarril, viajar se convirtió en algo al alcance de casi todo el mundo, las ciudades se iluminaron, se derribaron las murallas, surgieron los bulevares, se recuperó el agua corriente y el alcantarillado, desaparecidos con la caída de Roma y profundas transformaciones económicas y culturales influyeron en todas las capas sociales, de aristócratas a proletarios. Pero la Gran Guerra acabó con todo. Y aún con el paréntesis de los locos años veinte; la Gran Depresión, los inestables treinta y la II Guerra Mundial hundieron al mundo en una época de general pesimismo que rompió la victoria aliada. Y volvió el optimismo. La sustancial mejora económica consolidó a las clases medias y se vio reforzada con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe generalizado del comunismo.

Sin embargo, treinta años después, el pesimismo vuelve a ser un sentimiento generalizado. Sobre todo entre los más jóvenes. Hay una sensación de decadencia y hasta de inevitable declive de Occidente que parecen incomprensibles en una sociedad tan opulenta y segura como la nuestra. Opulenta en lo económico y segura en lo social. Nunca han disfrutado los que nos precedieron de seguridad, sanidad, educación, infraestructuras, cultura o diversión en los niveles que hoy existen. Ni siquiera similares.

Quizá el problema fundamental de nuestra sociedad es que no tiene fe en sí misma ni en el futuro. Ese tiempo difuso y desconocido que nos va abduciendo a diario. Sin saber muy bien qué podemos esperar de él, aunque el pasado debiera darnos indicios, impulso y esperanzas. Nos está invadiendo un cierto nihilismo que no da valor a lo primordial sino a lo accesorio. Se lucha, o se dice luchar, por causas desconocidas para la mayoría y absolutamente marginales; se vuelve la mirada atrás, pero no para aprender, sino para añorar un pasado mítico sublimado en hechos anecdóticos que ocultan la realidad y hacen de la nostalgia una tortura. La fe, sea en Dios, en la Ciencia, en el progreso o en los demás es lo que nos impulsa a crear, a edificar una sociedad mejor. Posiblemente, como dijo Churchill, el principal misterio de la vida es lo que nos impulsa a hacer cosas. Lo mejor, siempre está por llegar. El futuro, o lo edificamos nosotros o no existirá.

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