El final del misterio

09 de marzo 2026 - 03:09

Durante siglos, muchos fenómenos catalogados como “sobrenaturales” han sido expulsados del ámbito de la investigación científica y confinados al territorio ambiguo del misterio. Sin embargo, la historia de la ciencia sugiere que esta frontera es artificial. Numerosos fenómenos que en su momento fueron considerados sobrenaturales terminaron siendo comprendidos como procesos naturales una vez que se desarrollaron las herramientas conceptuales y metodológicas adecuadas. Por ejemplo los rayos en las tormentas. La clave no consiste en “cientifizar lo paranormal”, sino en naturalizarlo. Es decir, asumir que cualquier fenómeno que ocurra en el universo, por extraño que parezca, forma parte de la naturaleza y debe poder investigarse mediante los métodos de la ciencia. El universo no puede regirse por dos conjuntos de reglas: uno para lo natural y otro para lo sobrenatural. Si algo ocurre, ocurre dentro del mismo marco de leyes. Esta idea se encuentra en continuidad con el naturalismo filosófico, defendido por pensadores como Baruch Spinoza, quien sostenía que todo lo que existe forma parte de una única sustancia natural, o por científicos como Carl Sagan, que no negaba que pudieran existir fenómenos aún no explicados, igual de reales como los otros. El problema surge cuando ciertos fenómenos quedan atrapados en lo que podríamos llamar el “ecosistema del misterio”: programas televisivos, literatura sensacionalista y comunidades que prefieren preservar el enigma antes que resolverlo. Paradójicamente, este mismo entorno contribuye a que la ciencia los ignore. Sin embargo, negar de entrada cualquier fenómeno que no encaje en el paradigma vigente también puede ser un error epistemológico. El filósofo de la ciencia Thomas Kuhn mostró que los paradigmas científicos cambian cuando se acumulan anomalías que el modelo existente no puede explicar. La ciencia progresa precisamente porque está dispuesta a revisar sus marcos conceptuales. Pero naturalizar lo paranormal, por tanto, no significa validar acríticamente cualquier afirmación extraordinaria. Significa lo contrario: someter todos los fenómenos al mismo estándar de investigación ya que honradamente no puede negarse ninguno de ellos. No obstante al mismo tiempo eso implica que el misterio puede dejar de existir y con él todas esas personas que necesitan que algunos hechos no puedan explicarse para poder seguir viviendo de ellos.

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