La izquierda imposible

03 de marzo 2026 - 03:07

Vaya, no hay manera, como ya dije aquí hace poco. Imposible que se unan los dogmáticos, los rencorosos, los monolíticos y los utópicos. Los maximalistas, los que piensan que ceder en algo es claudicar, los líderes y lideresas, los que o todo o nada, los que se aferran a doctrinas caducas, los que van cómodos tras las pancartas, los de o blanco o negro… Todos esos que llaman traidores a la causa a quienes negocian, transigen, ceden, seleccionan cuatro o cinco puntos en que estar todos de acuerdo, en fin, toda la izquierda. Nunca se han unido, ¿por qué iban a unirse ahora? La discordia, la intolerancia y la división están en el ADN de la izquierda. Así ha sido históricamente y así parece que va a seguir siendo, por lo que se oye. A veces centran el fracaso en una persona: por eso se ha tenido que apartar Yolanda Díaz, cuando Yolanda Díaz ha sido la mejor ministra de trabajo para los trabajadores.

Nadie quiere, lo primero, difuminar sus siglas. Parece que las siglas tengan que ser eternas, como si hubiera algo humano que fuese eterno. Nadie quiere aparcar sus utopías ni sus máximos ideológicos, como si fueran la panacea milagrosa. Porque de eso también hay: hay un sentido religioso en estos cultos que vemos a las posiciones ideológicas. Nadie quiere, lo segundo, ser cola de león en una gran coalición. Prefieren ser cabeza de ratón en la atomización partidista o en la circunscripción territorial. Y, sobre todo, por último, nadie quiere dejar de ser líder de lo que sea. Ese afán mesiánico de ser importante, de sentirse imprescindible, de adorarse a sí mismos como mesías salvadores de los pobres, ignorantes e inconscientes trabajadores.

Algo que no ocurre en la derecha. La derecha se alía con el diablo si con eso creen que van a derrocar al gobierno de Sánchez. Se unen para impedir la aprobación en el Congreso del llamado escudo social que, como su mismo nombre indica, es un gran paso para la protección de las clases explotadas. Y para unirse aparcan, si es preciso, su fobia al independentista, a ese mismo que acusaban de romper España. Se unen, aunque tengan que asumir posiciones ultras. Nada ni nadie impide a la derecha unirse –por más que aparenten enfrentarse a la hora de formar gobiernos autonómicos– si con eso van a conseguir el poder, que es lo único que les importa: la pasta.

Así estamos. Todos vemos lo que se nos viene. Pero nadie hace nada por impedirlo.

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