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Naturalmente, siempre ha existido gente que odia a otra gente, con razón o sin ella, así como gente odiosa que a su vez generaba odio, pero la hacían digamos de forma individual, personalmente, y no constituían un vasto grupo sociológico, ni existía un nombre para designar a tales sujetos odiadores en el diccionario. Ahora sí, y a la par de los llamados delitos de odio, hasta la RAE acepta un difuso grupo humano, al parecer muy extenso, los odiadores, que no solo es que odien, sino que se dedican casi exclusivamente a eso, a odiar. Jamás lo habría imaginado. La palabra odiador deriva, coma casi todas las idioteces idiomáticas, del anglosajón hater, que se puso de moda en el contexto de internet y las redes sociales, para referirse a individuos cuya actividad fundamental es denigrar, difamar y atacar salvajemente a personas o colectivos que odian, y en eso consiste su vida. Un odiador implica una categoría, una identidad, un grado superior de odio y no un modismo lingüístico.
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