La maldad

La maldad.
La maldad. / Javier Alonso

01 de marzo 2026 - 06:00

La desaprensión es una ligera o leve falta de miramiento si se la compara con la maldad, esa perversa condición de los malos -sin polaridades banderizas de buenos y malos- por la que tienen la consciente intención, la resuelta voluntad, de causar daño o provocar dolor o sufrimiento injustificados -¿puede haber casos en que tengan justificación? a otros. Esta intencionalidad maligna suele acompañarse de la crueldad, tan contraria a la empatía, pues, antes que identificarse con alguien y compartir sus sentimientos y desgracias, la crueldad lleva al malévolo disfrute de quien la ejerce o a la indiferencia por los efectos que acarrea. Es también inmoral la maldad -sin relativismos éticos- porque recurre a la iniquidad y a la vileza, sin concesión alguna a las manifestaciones de la bondad. El algo contradictorio Rousseau (1712-1778), inspirado en el “buen salvaje”, sostenía, precisamente, la bondad del hombre en su estado natural. Aunque Hobbes (1588-1679) afirme antes lo contrario, el hombre es el mayor enemigo del hombre. Y Maquiavelo (1469-1527), relativismo aparte, subraye la vileza natural del propio hombre. La educada petición de quien duerme en la calle, a fin de que no le quiten el cobertor, adelanta una maldad miserable, aun sin ser mayúscula, por ruin. La maldad, en suma, lleva o viene de la depravación.

stats