Tribuna

Guillermo de Jorge

Escritor

Pepe Mujica, un acto de justicia

Pepe Mújica. Pepe Mújica.

Pepe Mújica.

Este año el Festival Internacional de Poesía en el Laurel, celebrado en La Zubia, Granada, nos ha dejado un dulce para el deleite de nuestro paladar. Como si de un rayo de luz fuese, cerrando esta edición, contó con la presencia del ex-presidente de Uruguay, Pepe Mujica, al que se le galardonó por su trayectoria y su aportación a la humanidad. Estuvimos allí para contarlo, gracias a la amabilidad y el compromiso del Ayuntamiento de La Zubia y a Pedro Enríquez, organizador y alma mater de esta bella experiencia poética. Pero lo cierto es que poco o nada queda decir de Pepe Mujica, ante la lucidez inexpugnable de un hombre leal a sus principios y valores que nos recordó la verdadera esencia del ser humano y de la sociedad a la que estamos sometidos. Con el deber íntimo y manifiesto de concienciar a los suyos, a los nuestros, al pueblo, que tan necesitado está de esa libertad que se le ha arrebatado a lo largo de la historia y que, a pesar de todo, sigue ahí esperando.

Humilde, como siempre, empezó su intervención con unas palabras que recordaba su cautiverio y que servía de preámbulo para dejarnos claro que vida sólo hay una y hay que vivirla hasta dejarnos en ella el último resquicio de nuestra piel: "Y siento que no tienen que respetarme tanto. Yo lo que soy es un viejo duro. Con talla atlética. Me comí trece o catorce años preso porque me agarraron. Y eso fue por falta de velocidad. Ustedes tienen adentro un motor que los puede tirar para un lado. Si ustedes no le dan causa a su existencia, no se preocupen, el mercado les va a poner una causa. A eso se le llama comprar la felicidad en cómodas cuotas mensuales que se financien".

"La libertad está en la cabeza de uno. Porque si te hacen una campaña de marketing que te convence que te van a agarrar un veterano, con una bicicleta ergonómica que la comprás y te va a dejar una cinturita de abeja; o te dan una crema que te va a sacar las arrugas y vas a aparentar tantos años. Y si gastan en el mercado es porque les da resultado. Enganchan a la gente. De eso hay que aprender a defenderse. Enganchan a la gente. Hay cosas que sí y hay cosas que son como meterte la mano en el bolsillo. Y este es el problema".

"Vivir para trabajar, para cumplir con una obligación porque tienes que comer, no porque tienes necesidades materiales. Ahí eres un sujeto sometido a la ley de la necesidad como todos los bichos. Y a eso se le debe un tiempo de tu vida. Y no cometer el error de decir que yo no quiero que a mi hijo le falte nada, cuando quien le falta eres tú".

"Las cosas no generan cariño. No generan sensibilidad. Son los seres vivos los que los transmiten y eso tenemos que entenderlo". "Amo la conciencia de la vida. Me siento el amado de la vida. El único milagro que hay arriba de la tierra para cada uno de nosotros es haber nacido. Porque hay que hacerse estas preguntas. Por qué te tocó a ti y no a otro de cuarenta millones de probabilidades. Y no le tocó a otro, sino a ti".

Un hombre austero, como nos invita el ver un trozo de pan encima de una mesa. Un ser humano que ha sabido perdonar a aquellos que sometieron durante años a los pueblos y a las ciudades en nombre de un dios que nunca existió. Que predica -si se me permite la expresión- con sus actos. Pues deben ser ellos quienes nos juzguen y no las palabras. Y como dice él: "Y te pasas así, así, así y yo creo que hay derecho que esta criatura humana en medio de este mundo así como es, debe de tener el derecho a tener un cacho de felicidad. De no irse de la vida, siendo simplemente un rutinario comprador. Sino alguien que haya gozado de la maravilla milagrosa de estar vivo. Y por eso vine hasta aquí".

Un acto de justicia, su intervención. Y Pepe Mujica siempre presentó una postura inquebrantable ante los diferentes sistemas de gobierno imperantes. Con una finura y una exquisitez que ponía de manifiesto muchas ideas que sabemos o que presuponemos y que, sin embargo, día a día, nos las engullen y nos las anulan, para que formemos parte de una fiesta a la que nos han invitado y en la que el plato principal somos nosotros, la carne de cañón, las sobras, el resto de los mortales sobre los que se sustenta este sistema implacable que no deja indiferente a sus víctimas. Cuya única razón de existencia es eliminar y suprimir todo aquello que se cruza en su camino y cuya única voluntad es sobrevivir a costa de los que ellos consideran sus esclavos: nosotros.

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