Charles Darwin, el científico que más ha contribuido a conocer el origen y la evolución de la especie humana, dejó escritas algunas observaciones; “la progresiva degeneración de la especie humana se percibe claramente en que cada vez nos engañan personas con menos talento”.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, afronta con alto grado de cinismo una situación política que en cualquier democracia sería insostenible. A estas alturas, quince días después de una de las peores tragedias ferroviarias de la historia reciente de España, aún no ha dimitido, ni ha sido cesado, ni ha dado una explicación que merezca tal nombre. Cuarenta y cinco cadáveres entre hierros retorcidos, dos trenes que colisionaron por un fallo múltiple en la logística y en el sistema de seguridad ferroviario. Un tren descarrilado, otro que no fue detectado en la vía por el centro logístico de Atocha, y una infraestructura que acumula años de abandono; los motivos según se va conociendo; un conjunto de chapuzas, negligencia e incompetencia encubiertas en burda propaganda.
Los informes de ingenieros de caminos, técnicos ferroviarios y peritos independientes lo han dejado claro; la falta de mantenimiento, las revisiones parciales, y el colapso operativo tras la liberalización del tráfico ferroviario son ingredientes para una tormenta perfecta. Y así ha ocurrido porque no se atendieron los avisos que llegaban al centro operativo, es decir al Ministerio de Transportes. La liberalización del tráfico ferroviario aporta nuevos ingresos, un canon que cobra ADIF, dependiente de Oscar Puente, el resultado; saturación de tráfico, inseguridad y caos, decisiones en manos de mediocres con carné de partido y nula formación técnica. Una panda de incompetentes que ha colonizado ministerios y organismos públicos guiados de la mano de Sánchez.
Óscar Puente no aporta nada que pueda acreditar competencia en una cartera de altísima responsabilidad. Como tantos otros es producto del laboratorio partidista. Su historial no incluye experiencia alguna en transportes, infraestructuras o gestión ferroviaria. Su mérito, ser leal a Pedro Sánchez, suficiente para ser ministro. La escuela de la meritocracia sanchista se nutre de sujetos como Ábalos, Koldos, Cedanes, etc. una fidelidad perruna a costa del erario público. Para entender la magnitud de esta situación catastrófica baste decir que Koldo García, experto en clubs de alterne, fue hasta hace muy poco Consejero de Renfe sin que Pedro Sánchez moviera una ceja.
¿Dónde está la responsabilidad? ¿Dónde la dignidad política? ¿Dónde el mínimo gesto de empatía con las víctimas? Oscar Puente se pasea por platós de televisión recitando hilvanado y confuso, una letanía interminable con voz de sacristán y con una actitud distante disfrazado de comentarista ajeno a la tragedia. Se autocalifica como un magnífico gestor de la tragedia, cuando su trabajo consiste en evitar la tragedia. No ha habido una palabra de autocrítica cuando ni una sola de las afirmaciones con las que quiso sostener su argumentario ha resistido la verificación de los técnicos. El sistema autocrático en el opera Puente ha sido diseñado precisamente para evitar la crítica. En España ya no dimite nadie, ni con los cadáveres calientes, ni por un apagón eléctrico que colapsa el país y deja a ciudadanos atrapados, ni por un fallo de seguridad en los aeropuertos, ni por las habituales averías en Extremadura donde los trenes siguen funcionando sobre raíles del siglo XIX. Ni por los descarrilamientos en Cataluña. Ni por las infraestructuras obsoletas que chirrían y ceden ante el aumento de tráfico mal gestionado. Nada. Solo excusas, tecnicismos y el escudo habitual: “yo no soy responsable”,” bulos de la derecha” lo penúltimo de esta grotesca escapada; “puede tratarse de un ciberataque “.
Y como siempre, Sánchez calla y no acude al Senado firme en la negación de la realidad. En este contexto no hay margen para la dignidad. Lo vimos con Ábalos, lo vemos con Óscar Puente. El presidente no cesará a nadie, todos se blindan en una especie de fraternitá siciliana; 46 muertos, 46 familias rotas, 46 razones para que alguien asuma su responsabilidad porque su cargo implica responsabilidades morales, políticas y también penales. Y si el ministro no lo entiende alguien en su partido debería explicárselo. Pero no ocurrirá. Porque el PSOE actual ha desterrado la ética de la responsabilidad. La consigna es aguantar, mentir si es necesario, esconderse tras tecnicismos, y esperar que la próxima tragedia sepulte mediáticamente la anterior.
El problema no es solo Puente. El problema es un sistema que ha vaciado de contenido la política democrática. Un sistema que no exige mérito ni formación, que desprecia la profesionalidad técnica y que ha convertido las empresas públicas en agencias de colocación para obedientes e incompetentes con carné cuyo único mérito es aplaudir al líder. Los ciudadanos merecen respuestas adecuadas; 46 víctimas de la incompetencia, un ministro parloteando en tertulias y un presidente encerrado en su palacio de cristal.