Nunca imaginé que habría de escribir sobre Gabriel Rufián. Como andaluz que soy, me resultó sencillo clasificar el biotipo que representa este diputado de ERC. He conocido cientos de ruafianes con el mismo perfil, transeúntes de todo y de todos. Espontaneidad, “chispa” e impostura y una necesidad ancestral que agudiza el ingenio y moldea el carácter hacia destinos inimaginables.
Rufián puede ser ahora esto, o lo que fuera necesario. No hay ruta cierta de nada que no fuera avanzar, medrar, conseguir ese traje azul difuso y una corbata de bodas en cualquier pedanía andaluza. Es lo que le queda de sus raíces que permite una oratoria osada por inconsecuente, cualquier meta que le asegure el traje y la corbata será acertada. Se ha escrito sobre su alejamiento emocional con los paisanos de Jaén, no quiere recordar sus orígenes donde la corbata era un símbolo identificable de “explotador de derechas.” En Turón, localidad granadina de su madre hubo el mayor campo de concentración y exterminio entre 1.937 y 1.938 , la corbata, signo de fascismo, fue motivo de paseíllos sin retorno a las afueras del pueblo. ¿Le habrán contado sus parientes de Turón lo que ocurrió entonces con 503 presos, algunos menores de edad que entraron el campo de exterminio y nunca salieron?. Esto de la corbata entraña peligro para ciertas ideologías. Ahora el individuo que se enfunda en traje y corbata quiere liderar y unir las diversas Izquierdas Españolas y de la JONS. Es posible que lo pueda lograr.
No le falta cariz, si bien le sobra petulancia, pero esto sería el adjetivo propicio en esta senda de saltos y piruetas sucesivas. Ocurre algo muy similar en otras formaciones políticas, se trata del poder. Rufián no ha inventado nada, olisquea la chamusquina y el cadáver flotante de la Yoli y se apresura a sacar tajada. Para esta nueva meta le sobran arrobas de independentismo, como antes le sobraron raíces andalucistas. La política es así. Su vida ofrece episodios de esfuerzo personal y afán de prosperar , si bien una mancha le acompaña como militante de izquierdas; la empresa Maipú Works tuvo que despedirle por absentismo laboral, dos meses sin aparecer por el trabajo, contradicción en sus términos con la ideología que dice defender. El caso es que mutas mutandi a Rufián le gusta el traje y la corbata, parece haberse encontrado a si mismo, Y le gusta Madrid, su vida en libertad sin las barreras de la identidad, hace años que olvidó el slogan sobre Madrid que roba a Cataluña. Cobra 134.000 euros anuales y se permite una vida de lujo y glamour que jamás hubiera soñado fuera de la política. También ha logrado popularidad como icono en redes sociales, ha alcanzado algunas metas y otras que se propone conquistar. Ha comprendido que el centro de toda iniciativa política está en Madrid y parece que ya no quiere volver a Cataluña, ni a Andalucía, el poder está en la capital de España. Por ello la memoria siempre olvidadiza no le empuja a cumplir su promesa de estar solo 18 meses en Madrid y después volver a Cataluña. Lleva diez años empotrado en su escaño del Congreso y al parecer Madrid le ha atrapado y se ha atado a la Cibeles. Adiós a la sardana, la butifarra y las cocas de San Juan.
En su actual partido, ERC, no parecen muy contentos con esta iniciativa de Rufián, es algo personal dicen, no estamos de acuerdo con liderar ninguna alianza de las izquierdas españolas. Tampoco le han respaldado EH Bildu, ni el BNG, los independientes desconfían de sus intenciones “españolistas”. Pero la maquinaria imaginativa de Moncloa está en marcha para encontrar un perfil popular capaz de aglutinar ese magma de izquierdas que parecen decididas a enviar a Yoli en un paquete precintado a sus menesteres en Galicia y recuperar los vaqueros y la melena oscura después de culminar su trayectoria jalonada de traiciones. Podre diabla, soñó con el podio y apenas le ha valido para lucir una colección de atuendos y peinados de niña pija de Chamberí, el sueño de la auténtica izquierdista frustrada. La apariencia no cubrió a la mona que se vistió de seda.
Ahora comienza la aventura de otro outsider, un tipo listo y ambicioso que dejó Santa Coloma de Gramanet con el juramento; jamás volveré aquí sin mi corbata y mis dientes de oro. Nací para esto y ni La Bobadilla ni Turón podrán limitarlo. Menos aún mi biografía. Pero su primera tentativa no resultó el éxito esperado, poca asistencia y menos impacto, las izquierdas son difíciles de encarrilar, que se lo pregunten a aquel joven profeta de Vallecas que prometía asaltar los cielos y ahora se ocupa de gestionar una taberna plenamente revolucionaria en un barrio madrileño que perdió el acento cheli y ahora huele a curry.
Sueños frustrados que no cuajaron en este rompeolas de todas las Españas, incluida Cataluña y su frustrada república de trampantojo, dos minutos y medio y las piezas cayeron sin necesidad del General Batet. Seguro que Rufián habrá leído.
Queda la incógnita y queda el futuro de este presunto líder que merodea con habilidad los entresijos del poder.