En 1960, durante el Sexto Congreso del PCE, Santiago Carrillo fue elegido secretario general. Fallecido Stalin, apostaba por una vía nacional del socialismo, propugnaba la Reconciliación Nacional y proponía a las demás fuerzas antifranquistas constituir una mesa redonda.
A propuesta de Franco, el 22 de junio de 1969 las Cortes nombraron príncipe de España a Juan Carlos de Borbón. No ostentó la jefatura del Estado hasta el 19 de julio de 1974, cuando Franco se la cedió temporalmente por hallarse ingresado en el hospital a causa de una tromboflebitis. Una semana después, se presentó en París la Junta Democrática de España. Presidida por Antonio García-Trevijano, la integraban el PCE de Carrillo, el PSP de Tierno Galván, la Alianza Socialista de Andalucía de Rojas Marcos, el PTE, CCOO y varias personalidades monárquicas. Representaba la materialización de la mesa redonda que el PCE venía reclamando para dialogar con las fuerzas políticas partidarias de la democracia.
A principios de septiembre Franco retomó el poder. Un mes después, en la localidad francesa de Suresnes, Felipe González fue elegido secretario general del PSOE. Constituida en junio de 1975, en la Plataforma de Convergencia Democrática figuraban el PSOE, el Movimiento Comunista, la Organización Revolucionaria de Trabajadores y la Izquierda Democrática de Joaquín Ruiz-Giménez, un catedrático católico que había sido ministro de Franco. Desgajado de la Junta Democrática, se les unió el Partido Carlista.
Fallecido Franco en la madrugada del 20 de diciembre de 1975, se puso en marcha la operación Lucero, que consistía en detener a los políticos y sindicalistas de izquierdas más relevantes. Aunque yo carecía de importancia, la policía se tomó la molestia de hacerme pernoctar dos noches en la comisaria de la Gavidia.
Cumpliendo las previsiones sucesorias, el 22 de noviembre fue nombrado Rey de España el príncipe Juan Carlos. Por sugerencia de Torcuato Fernández Miranda, el presidente del Gobierno, Arias Navarro, nombró ministro a Adolfo Suárez, que había sido director general de Radiodifusión y Televisión. El puesto de Secretario General del Movimiento adquiría rango ministerial.
Mediante la unión de la Junta Democrática y la Plataforma Democrática, el 26 de marzo de 1976 se formó Coordinación Democrática, un organismo copresidido por García-Trevijano y González. En julio de ese año fue nombrado presidente del Gobierno Suárez, quien logró que las Cortes franquistas aprobasen la Ley de Reforma Política, que entró en vigor en enero de 1977. Pasando “de la ley a la ley”, los franquistas disolvieron el Movimiento Nacional y se abrieron al Pacto por la Libertad que venía proponiendo la oposición democrática. De hecho, en la Semana Santa de aquel año el Gobierno legalizó el PCE, que para entonces ya había aceptado la monarquía parlamentaria. Y así los comunistas pudieron participar en las primeras elecciones democráticas desde la República, que se celebraron el 15 de junio de aquel año. Liderado por Suárez, el partido ganador fue Unión de Centro Democrático. Tras esos resultados electorales, la Constitución fue pactada esencialmente entre los centristas y los socialistas, pero también intervino un comunista. Una vez aprobada por referéndum el 6 de diciembre de 1978, había culminado la transición a la democracia, finiquitado la dictadura franquista y triunfado la reconciliación nacional.
Durante ese período los comunistas y los socialistas propiciaron numerosos debates con los más diversos agentes políticos, incluido Fraga. Ahora Pérez-Reverte ha tenido que suspender un diálogo sobre la Guerra Civil, al que pensaba asistir. Con la excepción del ministro Bolaños, todos los invitados de izquierda, el comunista Maíllo y las socialistas Calvo y Márquez se han arrepentido de participar para no incurrir en equidistancia. ¿Desde cuándo la izquierda le ha cogido miedo a debatir con sus oponentes? ¿Es que ya no se sienten con fuerzas para exponer sus argumentos en foros plurales? ¿Han decidido hablar solo con los que piensen como ellos? Lejos de un ejemplo de fuerza o de dignidad, esa inhibición es un síntoma de debilidad. En su lugar, Carrillo, Anguita y González no habrían renunciado a refutar a Aznar y Espinosa de los Monteros.